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Del modelo porfirista a los acuerdos comerciales internacionales

Por Federico Muller

Hace 1 mes

La historia económica de México registra a dos personajes de la política nacional que, separados por más de un siglo, participaron en procesos de transformación que vincularon a México con los mercados internacionales. El primero fue José Yves Limantour, secretario de Hacienda durante el Porfiriato; el segundo pertenece a una etapa contemporánea en la que los acuerdos comerciales internacionales adquirieron un papel central en la economía mexicana.

 

¿Quién fue José Yves Limantour?

Hijo de un marino francés -Joseph- que llegó a México a principios del siglo 19, quien supo asociar el oficio de navegante trotamundos con el comercio marítimo, particularmente con el tráfico de armas que importaba de Europa y Estados Unidos, se distinguió por no tener una bandera ideológica definida. Suministraba “municiones” por igual a conservadores y liberales. Es probable que José Yves Limantour haya aprendido desde el seno familiar la visión pragmática de las cosas, que años después la aplicaría como funcionario del Gobierno del presidente Porfirio Díaz.

Ocupó el Ministerio de Hacienda del país de 1893 a 1911, y su política económica por 18 años mantuvo la estabilidad macroeconómica gracias a las contenciones salariales y al superávit comercial, entre otras variables. La economía dependía del modelo extractivo de recursos naturales del país exportados al extranjero, y de su integración con los capitales internacionales en los sectores minero, textil, agrícola, energético y de transporte.

Es probable que su mayor mérito económico-financiero haya sido que en 1905 adoptó el sistema monetario regulado por el patrón oro, que sustituyó al bimetal: oro-plata. “Este estableció una paridad legal de aproximadamente 2.006 pesos por dólar (o 1 peso ≈ 0.4985 USD). El tipo de cambio se estabilizó y se mantuvo muy cercano a esa paridad hasta el final del Porfiriato”. También creó el Fondo Regulador de la Circulación Monetaria y la Comisión de Cambios y Moneda; ambas creaciones fueron los antecedentes para la formación en 1925 del Banco de México.

 

El lado amable y oscuro de la economía porfiriana

Durante la gestión de Limantour al frente del Ministerio de Hacienda, México experimentó un crecimiento económico importante, aunque profundamente desigual. “De acuerdo con Cárdenas Sánchez (2003) y Kuntz Ficker (2007), el Producto Interno Bruto real aumentó en promedio 5.1% anual entre 1893 y 1902, para desacelerarse a 3.2% entre 1902 y 1910. En el comercio exterior, entre 1900 y 1910 las exportaciones crecieron a una tasa media anual de 7.5%, frente a 4.0% de las importaciones. La balanza comercial registró saldos favorables durante buena parte del periodo, aunque con variaciones considerables: calculado como proporción de las importaciones, el superávit pasó de 66.5% en 1893-1894, a 2.5% en 1906-1907, para posteriormente recuperarse y alcanzar 36.6% en 1910-1911”.

Sin embargo, ese crecimiento fue excluyente. Benefició únicamente a los sectores con holgura y poder económico: banqueros, terratenientes, hacendados, empresarios extranjeros y altos funcionarios del régimen. Existía el otro México. En 1910, el 80% de la población vivía en localidades de menos de 5 mil habitantes -haciendas y pueblos pequeños-, es decir, de cada 10 familias, sólo 2 residían en asentamientos mayores a esa cifra demográfica. En 1910, la esperanza de vida no superaba los 28 años y prevalecía el analfabetismo: casi 6 de cada 10 mexicanos no sabían leer ni escribir, y de acuerdo con las estimaciones de la época, más de la mitad de la población vivía en condiciones de pobreza. La clase obrera y los peones del campo no formaban parte de los programas de Gobierno.

 

EL TLCAN: ganadores y perdedores

Durante el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se negoció y firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá. Entró en vigor el 1 de enero de 1994. A casi 34 años de la firma del TLCAN, existe ya una perspectiva histórica suficiente para analizar sus efectos sobre la economía nacional. La apertura comercial favoreció particularmente a los sectores orientados a la exportación, entre ellos la manufactura, la industria automotriz y la electrónica, además de determinadas actividades agroexportadoras. En contraste, otros sectores que no tenían la capacidad para modernizarse, sucumbieron ante la competencia internacional, entre ellos pequeñas y medianas empresas textiles y del calzado, así como productores agrícolas con tecnologías obsoletas.

El resultado no fue uniforme. La apertura integró a una parte del territorio nacional a la economía mundial e incrementó el comercio exterior, pero acentuó las disparidades regionales entre el sur y el norte. El norte exportador ganó; el sur campesino y la pequeña empresa tradicional, perdieron. Una de los mayores pifias fue haber negociado el maíz como una mercancía cualquiera dentro del TLCAN, al permitir las importaciones de maíz de Estados Unidos con aranceles a la baja durante 14 años, hasta llegar a 0% en 2009, lo que desgajó el tejido social rural. De 1994 a 2020, 3.8 millones de ejidatarios abandonaron la actividad agrícola como fuente principal de ingreso y migraron a la periferia semiurbana o a EU. Estados Unidos exportó maíz (principalmente amarillo para forraje e industria) a precios frecuentemente por debajo del costo de producción estadunidense, un fenómeno documentado como dumping.

 

Conclusiones

José Yves Limantour y Carlos Salinas de Gortari se distinguen porque ambos fueron influenciados por teorías económicas europeas y estadunidenses que aplicaron al llegar al poder político. Esas teorías, elaboradas en países desarrollados con realidades muy distintas a las de México, no incorporaron en su diseño la cultura ni los aspectos antropológicos propios del país. En el caso de Limantour, ello se tradujo en el descuido de las condiciones de los peones de hacienda; en el de Salinas, en el impacto sobre los campesinos productores de maíz de temporal y en la reforma al Artículo 27 Constitucional. Sin dejar de reconocer las mejoras sociales que la Revolución Mexicana trajo a los sectores populares -alfabetización, aumento de la esperanza de vida, incremento de la escolaridad y acceso a la salud pública-, los esfuerzos han resultado insuficientes. El crecimiento económico sigue produciéndose sin equidad.

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