Antes de ganar la presidencia en su tercer intento, Andrés Manuel López Obrador fue candidato al Gobierno de Tabasco en 1988 y 1994. Primero enfrentó a Salvador Neme Castillo y después a Roberto Madrazo Pintado, del PRI. En ambos casos denunció fraude y para destituirlos encabezó el Éxodo por la Democracia y Caravana por la Democracia. Neme dejó el cargo tres años antes de concluirlo y Madrazo fue “invitado” a renunciar por el presidente Zedillo, pero el entonces secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, no pudo persuadirlo.
El Éxodo y la Caravana reunieron a miles de personas en la Plaza de la Constitución de Ciudad de México, pusieron a AMLO bajo los reflectores y lo convirtieron en el líder antisistema por antonomasia. El tabasqueño ocupó la “silla del águila” sin haber sido Gobernador, como Vicente Fox lo fue de Guanajuato, pero sí Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Por ese puesto, segundo en importancia del país, desfilaron presidenciables como Javier Rojo Gómez, Ernesto P. Uruchurtu, Carlos Hank González, Manuel Camacho, Cuauhtémoc Cárdenas y Marcelo Ebrard, actual secretario de Relaciones Exteriores.
López Obrador ve en la mayoría de los gobernadores a representantes del viejo régimen al servicio de las oligarquías locales y en algunos casos incluso de la delincuencia organizada, lo cual explica la expansión de los cárteles de la droga en casi todos los estados. En Coahuila pasó durante el moreirato. El desafecto es mutuo, pero 10 ejecutivos locales –menos de un tercio del total– lo convirtieron en bandera en el contexto de la pandemia de Covid-19, la reducción de participaciones, la eliminación de fideicomisos y las elecciones intermedias.
El 1 de diciembre, justo cuando las encuestas registraban un repunte en la popularidad del presidente López Obrador (61% según Reforma; 71% de acuerdo con Gobernación), la Alianza Federalista desaprobaba en un mensaje digital la gestión del líder de la 4T: “El saldo es de innegable crisis y retos por delante; sin embargo, (…) reiteramos nuestra disposición a trabajar juntos. No podemos seguir en pleitos interminables cuando México reclama seriedad, soluciones y unidad (…) es su turno al bate”.
Interrogado al respecto y sobre el reproche del líder del PAN por su falta de voluntad para reunirse con las oposiciones y revisar la agenda nacional, AMLO aseguró que su Gobierno “avanza en el propósito de transformar al país”. El Ejecutivo federal guardó las distancias con los aliancistas (cinco del PAN, dos del PRI, uno del PRD, uno de Movimiento Ciudadano y un independiente): “No voy a permitir… que se utilice la institución presidencial con propósitos políticos, con propósitos electorales. No lo voy a aceptar”.
En su turno al bate de la retórica, al que fue invitado por la Alianza para pasar “del manejo de la crisis a la administración de las soluciones”, el Presidente replicó: “Tenemos diferencias, son públicas, son notorias. Considero que no tienen razón, que tomaron todas estas acciones porque es temporada electoral, hay elecciones. Pero querían utilizarnos… venir aquí… tener reuniones y luego salir y declarar. Publicidad. Eso no, no es serio”. La aprobación presidencial tuvo un “rebote” de cinco puntos porcentuales en diciembre con respecto a la encuesta de agosto de Reforma, a pesar de la pandemia la inseguridad y del desplome de la economía. Según el diario, “la imagen (de AMLO) blinda (al) mal Gobierno”.
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