No somos lo mismo, dicen. En fin. Lo que sucedió, y cómo sucedió, este fin de semana, a propósito del proceso interno de Morena para elegir congresistas, debería preocuparnos a todos.
Ni siquiera los más críticos detractores de la 4T o quienes ven en Andrés Manuel a un hombre que por sus fobias y obsesiones terminará perjudicando al país hasta sus cimientos, pueden aplaudir, por sus implicaciones, la exhibición de descontrol y excesos.
Algunos críticos dicen que Morena no es más que una expresión, la más antidemocrática del llamado “viejo PRI”, pero, por lo visto, se quedan cortos. En Morena hay algo más que una estructura cuyo único propósito es garantizar la perpetuidad en el poder: hay arrebatos autoritarios, aun con los de casa y una predisposición de hacer literalmente lo que sea para imponerse.
En lo que se llama antiguo PRI, que alcanzó su máximo esplendor en los 70 y 80, era “normal” que en cada proceso electoral se hiciera gala de acarreos, robo de urnas, ilegal distribución de apoyos y de un sinnúmero de artimañas, de trampas.
La sutileza es que los del viejo PRI se lo hacían a los panistas o a cualquier otra fuerza política que amenazara su objetivo de perpetuarse en el poder, pero en su fuero interno guardaban las formas. Ahora, los de Morena hacen exactamente lo mismo, pero a ellos mismos, y lo hacen sin ningún recato ni medida.
Sí, nadie puede estar contento con lo que se vio a lo largo y ancho del país este fin de semana, verdaderos ejemplos de un quehacer político del más bajo cuño entre quienes gobiernan –y gracias al “pueblo bueno y sabio”–, seguirán haciéndolo, y por ello corremos el riesgo, como país, de retroceder décadas en la pretensión de gozar de una democracia sana, para caer de lleno en el autoritarismo de los 70.
Y a manera de postdata, vaya que el deslinde del senador Ricardo Monreal adquiere hoy otra dimensión. Se hizo a un lado en este proceso interno, ya que no quería ser salpicado por lo que “podría pasar”. Pues parece que el senador y aún aspirante a la candidatura presidencial conoce hasta al hueso a quienes manejan su partido y sabía que las cosas se saldrían de control.
En fin, los de Morena demostraron este fin de semana que no son lo mismo. No, en las formas demuestran que siempre se puede ser peor, ya que si en las internas (como reclamó John Ackerman, y cito: “fueron las olimpiadas del fraude”), qué no harán en las constitucionales.
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