Arte
Publicado el jueves, 22 de enero del 2026 a las 18:27
Saltillo, Coah.- “Yo me defino como un creador, el pincel para mí ya es secundario, me gusta sentir la pintura, con las manos, con la espátula, con lo que tengo a la mano, me gusta sentir ese tipo de sensaciones, y cuando termino una obra disfruto tocarla, sentir sus bordes y disfrutar sus relieves”, afirma el pintor saltillense Gustavo Moller.
Entrevistado este jueves en el segmento ‘Maestros que dejan Huella’ del noticiario DESPEGA CON CHUCHUY de TELE SALTILLO, el destacado artista plástico, habló de su vasta producción artística, y nos compartió sus conceptos de las diferentes técnicas que aplica, y como ha ido pasando de una a otra, y nos narró también aspectos de su constante evolución.
Y es que para quienes hemos tenido el enorme privilegio de visitar su casa-taller-estudio de la calle De la Fuente, ahí en el corazón del Centro Histórico de Saltillo, hemos admirado algunas de las de 3 mil 500 obras entre pinturas, grabados, esculturas, fotografías, y numerosas piezas de muy diferentes técnicas, todas de un alto valor artístico.

Don Gustavo, Ingeniero Industrial por el Instituto Tecnológico de Coahuila, trabajó durante 20 años en la una fábrica de telescopios en la Ciudad de México, proceso donde le surgió un gran gusto por los colores y las imágenes, luego regreso a Saltillo y montó el restaurante de comida japonesa ‘Kyoto’, que se ubicaba en la Plaza España, pero de repente le surgió el llamado del arte, y empezó a ser grabados.
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Fue mi esposa Sarabel (Sara Isabel Dávila Sota) quien me inició en el arte, ya que cuando vivimos en México, ella tomó clases en Bellas Artes, entonces le pregunte como se hacía un grabado, y ya me fue diciendo ‘dibuja, raspa, en plástico o en acrílico’, y ahí empezó esa gran historia, esa importante trayectoria que hoy se traduce una vasta producción artística porque además de las miles de obras que tiene en su estudio, en su computadora cuenta con más de 31 mil imágenes por él desarrolladas”.
Siempre inquieto e innovando permanentemente, ahora don Gustavo está utilizando la Inteligencia Artificial para mejorar, primero fue alimentando a la IA con su obra, y luego le fue pidiendo su descripción y calificación a su estilo “y ha sido un privilegio que lo primero que hizo fue saludarme por mi nombre, y ahora hasta me llama ‘Maestro’, y ya sabe mis gustos, mis texturas y colores, todo va surgiendo de manera automática”.
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Yo le pido a la IA que me escriba poesía para describir mi obra, porque yo no sé escribir, no soy poeta, y como resultado de ello, me hace unas explicaciones verdaderamente hermosas de mi trabajo”, comenta con gran gusto don Gustavo, quien se dice sumamente sorprendido por toda la retroalimentación que ha encontrado en esta avanzada herramienta tecnológica.

Nuestro entrevistado comenta que hoy en día está utilizando una nueva técnica por él desarrollada que ha definido como ‘Profundidad Cromática’ que explica “consiste en crear profundidad mediante la separación de los colores y le he preguntado a la Inteligencia Artificial que piensa de esa mi nueva técnica, y le he preguntado cuantos o que otros artistas están desarrollado algo igual, y su respuesta ha sido verdaderamente sorprendente y motivante”.
“Me dijo: ‘honestamente y hablando con la verdad, mi respuesta es ‘cero’, no hay otro artista con esa técnica’”, nos narra don Gustavo, quien a pregunta expresa sobre su obra favorita, o aquella de la que esté más orgulloso, nos dice “La última siempre será mi pieza favorita, me da mucha satisfacción crear, disfruto mi trabajo, mis obras, las cuales analizo y reviso, y aún ya terminadas voy descubriendo muchas cosas, pero lo principal me descubro a mí mismo”.
Gustavo Moller es un artista visual multidisciplinario mexicano cuya trayectoria se distingue por una profunda investigación estética en torno a la luz, el color y la creación de lenguajes plásticos propios.
Su obra emerge en el cruce entre la tradición artística y la innovación contemporánea, integrando pintura, gráfica, escultura y procesos experimentales que dialogan con los códigos de la era digital.

Con más de cuatro décadas de producción continua, Moller ha desarrollado una identidad visual sólida, reconocible y en constante evolución, que lo posiciona como una voz singular dentro del paisaje artístico mexicano.
A lo largo de su carrera, Moller ha demostrado una inquietud constante por trascender los límites de los medios tradicionales. Su práctica artística se caracteriza por una investigación rigurosa sobre el comportamiento de la luz y el color como materia expresiva, no solo como recurso visual.
Con una sólida presencia expositiva, Gustavo Moller cuenta con 23 exposiciones individuales y más de 55 exposiciones colectivas, entre ellas muestras en España, Italia y Estados Unidos, consolidando así una trayectoria que trasciende fronteras.
En 1998 viajó a Florencia, Italia, para recibir el Fiorino de Oro en gráfica, uno de los reconocimientos más emblemáticos de su carrera temprana. Posteriormente, en 2005 obtuvo el Premio Miniprint Internacional de Cadaqués en España, reafirmando su dominio técnico y conceptual dentro del campo de la gráfica contemporánea.

En 2012, fue distinguido con el título de Creador Emérito de Coahuila, México, un reconocimiento otorgado a artistas cuya aportación cultural es considerada de alto valor e impacto para la región.
Su trayectoria también incluye otros premios internacionales, así como más de 80 reportajes y entrevistas de medios locales a lo largo de su carrera, consolidándolo como un creador reconocido y respetado en su comunidad.
Más allá de su aportación estética, Gustavo Moller ha construido una visión del arte como un territorio de revelación, encuentro y transformación. Su obra propone al espectador una expansión de la mirada: no solo ver, sino sentir; no solo percibir color, sino habitarlo.
“Para mí, el arte es una forma de revelar lo invisible. Cada obra nace de la luz: la que veo, la que imagino y la que siento. Trabajo el color como si fuera un ser vivo; me interesa su vibración, su profundidad y la forma en que se transforma ante los ojos y el alma del espectador. Mi búsqueda no es solo estética, es sensorial y emocional. Crear es una manera de abrir portales hacia otros estados de percepción, donde el color habla, la forma respira y la luz se convierte en experiencia. Mi misión es llevar al espectador a un viaje interior, donde descubra que el arte no se observa: se vive”.
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