Yugoslavia, diversidad y autoritarismo
Varias y variadas circunstancias se acomodaron, gracias a Dios, y pude acompañar a dos de mis hijos en un viaje que realizamos por unos 20 países del este de Europa, Turquía y tal vez Marruecos también.
Mi hijo Jorge de Jesús y yo llegamos a Europa el 7 de septiembre, y mi hijo Jorge Isaac, esta por acá desde el 11 de agosto, o sea que para el día que nosotros arribamos, Jorge Isaac tenía ya casi un mes recorriendo Italia, Francia, España y Portugal.
Nos encontramos en Roma, ya que resulta que, mi querido y talentoso hermano Miguel José, es el consejero cultural de la Embajada de México en la Santa Sede, El Vaticano, en Roma.
Mi hermano es escritor, director de cine, editor, productor, investigador y periodista. Es el fundador de la Asociación “México en Europa”, cuyo objetivo ha sido buscar, inventariar, valorar y difundir el patrimonio cultural mexicano que se encuentra en el Viejo Continente, y tiene más de 20 años dedicado a esta labor.
No tendría espacio en esta columna para enumerar todos los logros que Miguel ha cosechado a lo largo de su vida, pero brevemente comentaré aquí, que junto con mi hermano Eduardo, en 1991, participaron en una Expedición de la UNAM al Himalaya, realizaron un documental sobre ello, y se ganaron el premio cinematográfico nacional Ariel, por el mejor mediometraje documental.
Además, otros de sus libros y películas han ganado numerosos premios internacionales. Eventualmente, con su consentimiento escribiré en este espacio un sumario de su trayectoria, filosofía y trascendencia.
Mi hermano Miguel nos ayudó con los trámites de internación en Europa y generosamente nos recibe en su casa en Roma, y a mis hijos y a mí, nos permite tomarla como centro de apoyo, descanso y planeación logística. Anteriormente, Miguel vivió muchos años en París, Francia, y nos ayudaba a toda la familia de la misma manera, razón por la cual todos le estamos muy agradecidos. Al reunirse Jorge Isaac con nosotros en Roma, mi hermano nos brindó una recepción en su casa y nos compartió valiosos consejos sobre la ruta que nos esperaba.
Al día siguiente de nuestra llegada, mis dos hijos y yo tomamos el tren rumbo a Venecia, donde dormimos esa primera noche de la jornada. En mi opinión, una de las mejores maneras de aventurarse a viajar por Europa, es con un boleto de tren llamado “Eurail Pass”. Este pase puede durar desde cinco días hasta 3 meses y su costo va desde los 500 a los 2 mil dólares más o menos. Por ejemplo, el mío, que es de un mes de duración, me costó menos de mil dólares y me permite viajar por 33 países europeos, incluyendo Turquía. Si alguien requiere mayor información sobre esto la puede encontrar en su página de Internet en la siguiente dirección: https://www.eurail.com/en/eurail-passes/global-pass
Esta es la tercera vez en mi vida que utilizo esta opción de transporte, la primera fue hace 41 años, en 1982, durante mi viaje alrededor del mundo; la segunda hace cuatro años con mis hijas Ana Camille y Maria Danielle, y ahora lo estoy volviendo a usar con mis dos hijos, aunque ellos lo utilizarán por su máxima extensión de tres meses, lo que dura la visa europea de turista, el máximo tiempo que un viajero puede permanecer en el Continente.
El primer objetivo de nuestro viaje es llegar a Istambul en Turquía, y a Atenas en Grecia, para ello, tenemos que atravesar los países que durante la época de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) conformaron el extinto país de Yugoslavia, formado por las actuales naciones de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Serbia, Macedonia, Montenegro y Kosovo.
Todos ellos se encuentran en la península Balcánica, que debe su nombre precisamente a los montes Balcanes. Algunos de estos países están en la costa del mar Adriático, que es un golfo estrecho y alargado que forma parte del mar Mediterráneo, y se encuentra situado entre la península Itálica, al oeste, y la península de los Balcanes, al este, (las otras 2 penínsulas europeas son la Ibérica y la Escandinava), con una anchura máxima de unos 200 kilómetros, y una longitud de unos 800 kilómetros. Su extremo meridional limita con el mar Jónico (que debe su nombre a las islas griegas jónicas), del que lo separa el canal de Otranto.
Al momento de escribir estas palabras, es la 1:30 de la mañana, y nos encontramos en Belgrado, la capital de Serbia. Estamos esperando la salida del tren a las 3:52 horas con dirección a la frontera con Bulgaria, o sea estamos a punto de partir para salir del último país que visitamos de la extinta Yugoslavia.
Ninguno de los países que rodean a Serbia puede pasar su frontera con un transporte de su nación, los viajeros debemos transbordar a otro tren o autobús de nacionalidad Serbia, esto se debe a una cruenta y despiadada guerra que tuvo lugar en esta región alrededor de finales del siglo pasado.
Tengo mucho que contarles sobre nuestro paso por Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Serbia, pero para poder realmente explicar veraz y lógicamente lo que analizo y deduzco de la todavía tensa situación que se vive en esta parte del mundo, requiere remontarme hasta la formación de Yugoslavia y el gran líder que la unificó, el General Josep Broz, mundial e históricamente conocido como “Tito”. Lo que haremos la próxima Columna. Un Abrazote mis estimados “Bratz”, que significa “hermanos” en serbio.
Más sobre esta sección Más en Coahuila