“La educación pública es uno de los primeros deberes de todo gobierno ilustrado, y sólo los déspotas y tiranos sostienen la ignorancia de los pueblos para más fácilmente abusar de sus derechos (…) habiendo yo observado más de una vez el cuidado que se pone en que los hijos de los sirvientes no aprendan a escribir, por creer algunos amos que llegando a esa que se llama ilustración, solicitarán otro modo de vida menos infeliz, rehuyendo la dura servidumbre en que han vivido sus padres”. Miguel Ramos Arizpe
Al cumplirse en unos días, la conmemoración luctuosa de Miguel Ramos Arizpe, coahuilense que desde el liberalismo y la insurgencia construyó una identidad política para nuestro País, para Coahuila y para nuestro municipio a cual le da nombre.
Los debates recuperados en el libro El Federalista, hablan de esta forma de construir la República como una medida moderada frente a los antifederalistas, quienes pretendían construir una confederación en la que no se cediese por parte de las nuevas repúblicas, poder al Gobierno federal.
En México, en cambio fue más que una discusión, una lucha política y militar, en defensa de una forma de Gobierno que combatiera el modelo central impuesto en el periodo del Virreinato.
Miguel Ramos Arizpe fue un convencido, que no sólo luchó en contra del despotismo implícito en el modelo de control por parte de la administración central, también estuvo en contra de algunas de las lacras del régimen feudal español, como fueron las castas y sobre todo la esclavitud.
En los debates de las Cortes de Cádiz, pueden recuperarse sus iniciativas en favor de la libertad de los afrodescendientes, que aún cuando no fueron aprobadas, representan el espíritu de las leyes que conocemos como semilla de aquellas que hemos sido legisladoras.
La gente de nuestra tierra, fue presente en la primera transformación. Cuando la República necesitaba idea y paradigma. Desde el valle de las labores, donde el esfuerzo desprendía de los terrones vida y sustento, mandó bajo su nombre y su signo, la esperanza en letra.
Tu palabra y tu acción, no se dispersaron en polvo, sirven de tara ante la balanza de la historia como peso de nuestra tierra. Eres presente incesante, como forma de nuestro país, y nombras nuestro estado y municipio. Vives en nuestras palabras desde donde seguirás renaciendo en la memoria de las mañanas del género humano.
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