Por: Roberto Gómez Junco
El pasado domingo la Selección Mexicana derrotó a domicilio a la de Bolivia, para así terminar su pequeña gira con un saldo perfecto.
Perfecto el saldo en cuanto a los puntos obtenidos, los seis que estuvieron en juego, pero muy lejos de la perfección el desempeño de esta escuadra de Javier Aguirre que sigue inestable en el rumbo y muy lejos de la solidez que requiere para aspirar a cosas importantes en la próxima Copa del Mundo.
Si ante los panameños la victoria del jueves fue justa porque los tricolores fueron mejores que ellos de principio a fin, aunque sin reflejarlo con goles ni en la claridad o frecuencia de las llegadas-, ante los bolivianos resultó más fortuito el triunfo, un tanto inmerecido, porque los anfitriones jugaron un poquito mejor -o un poco menos mal, y al gol de Germán Berterame le faltó un VAR que despejara las dudas para darlo por bueno… o anularlo.
Sobre el esfuerzo y el ímpetu, e incluso con respecto al orden, nada o muy poco podría reprochársele a este “equipo de todos”. Pero si hablamos de creatividad, de imaginación, de claridad para elaborar el juego, de solvencia en el manejo individual y colectivo de la pelota, de capacidad para desequilibrar, para cerrar los espacios al defender y ampliarlos al atacar, de precisión en la penúltima jugada y contundencia en la última, entonces estamos hablando de tareas no resueltas y de evidentes carencias.
Entre los convocados en esta ocasión, en la búsqueda de los puestos titulares todo parece indicar que siguieron ganando terreno jugadores como Raúl Rangel, Jesús Gallardo, Luis Romo, Marcel Ruiz y Roberto Alvarado, como para unirse al resto que seguramente saldrá de los que no juegan en México: Johan Vázquez, César Montes, Edson Álvarez, Raúl Alonso Jiménez. Y con varios de aquí y de allá en la lucha por los puestos restantes: Israel Reyes, Jorge Sánchez, Érick Lira, Julián Quiñones, Orbelín Pineda, Gilberto Mora, Alexis Vega, Diego Láinez.
De los 17 jugadores mencionados podría salir la alineación titular (a reserva de lo que opinen Luis Malagón, Guillermo Ochoa, Luis Chávez, César Huerta, Santiago Giménez, Hirving Lozano y algún otro), pero lo más inquietante de esta Selección Mexicana radica precisamente ahí: que, a estas alturas, a cuatro meses y medio de su presentación en la Copa del Mundo, encontrar la alineación ideal se presente como el primordial objetivo.
Un alarmante “desfase tricolor”, porque lo ideal sería que esos 11 jugadores idóneos llegaran al arranque del Mundial habiendo jugado juntos por lo menos durante 10 o 12 partidos. Y llegarán con uno o dos cuando mucho, con altas probabilidades de llegar con ninguno.
¿Qué tan alto pueden apuntarle así?
Aparentemente no mucho.
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