Coahuila
Por
Sinhué Samaniego
Publicado el viernes, 7 de agosto del 2015 a las 14:05
Sabinas, Coah.- Mucho dolor, tristeza incontrolable y consternación se vivió ayer en la tarde, después de que se despidió en su última morada a los cuatro niños y a la señora Raquel Morales García, de 23 años, quien los asesinó a sangre fría en una humilde vivienda de la colonia Berrueto Ramón.
En punto de las 12:30 del mediodía los cuerpos abandonaron la funeraria que se localiza en la calle 1 de Mayo y abordaron las carrozas que ya los esperaban para trasladarlos al panteón San Fernando, en donde sería su última morada.
Fueron tres carrozas las que cargaron con los féretros, pues en dos de ellas colocaron los cuerpos de los cuatro menores y en la tercera el cuerpo de la señora Raquel Morales García, quien los asesinó de un balazo en la cabeza.
Al filo de la 1:00 de la tarde los cuerpos llegaron al panteón San Fernando, acompañados de una decena de personas que caminaron atrás de las carrozas para despedirlos.
Los encargados de la funeraria bajaron las tres cajas y las pusieron juntas para que las familias se despidieran de sus seres queridos por última ocasión en tanto que se preparaba la fosa para las tres cajas que cargaban con los cinco cuerpos.
Los cantos religiosos, las súplicas a Dios para que los muertos descansaran y que al mismo tiempo perdonaran a Raquel Morales García no se hicieron esperar.
A los pocos minutos de esos cantos, las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de los presentes y los llantos se hicieron presentes.
El dolor de Ignacio Rodríguez Fernández era evidente. No sabía qué hacer respecto a toda su familia. No sabía a quién despedir primero, a su esposa por haberle dado a sus hijos o por no haberla atendido en su problema emocional.
Sus hijastros e hijos naturales lo esperaban en los féretros. Esos niños que le dieron mucha felicidad y de quien se preocupaba todos los días. Esos niños que lo recibían con un “papá”, un “te quiero mucho”, un “buenas noches”, como siempre se lo decían.
La tristeza de Ignacio Rodríguez era muy evidente. Las lágrimas rodaban por toda su familia que se fue en cuestión de minutos por una decisión de su esposa a consecuencia de una depresión.
Ya en el panteón la primera en ser sepultada fue la señora Raquel Morales García. Ella, en su caja color marrón, llegó a la fosa común para que sus restos la acompañaran.
Acto seguido, los siguientes en ser sepultados fueron sus hijos. Sus féretros en color blanco resaltaban la pureza de su ser, pues a su edad no conocían la maldad.
Las lágrimas comenzaron a hacerse presentes al momento de sepultar a esos niños que, llenos de miedo y dolor, se resignaron a recibir un disparo de un arma de fuego por su propia madre. Aunque buscaron esconderse para sobrevivir, el turno de su muerte les llegó.
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