En los primeros minutos del día 25, son de júbilo en casa, muchos pequeños madrugaron entusiastas y sin sueño, en una mañana que esperaron con gran impaciencia durante un largo año, registrando cuidadosamente el árbol de navidad en busca de los esperados obsequios de Santa Claus, el Niño Dios, como le llaman en los lugares con más apego a la religión cristiana, el ruido de las envolturas al romperse violentamente ante la natural impaciencia de los pequeños, gritos, saltos jubilosos, otros con caras serias y llorosas. En la gran mayoría de los casos se criticó de “codo” a Santa Claus, porque no trajo lo que le habían pedido, sin comprender, que para recibir esos modestos o costosos presentes, se tuvieron que realizar grandes esfuerzos y sacrificios para poder financiarlos, en un amanecer que no permitió que los niños se fueran sin nada, tratando de demostrar que Santa si se acuerda de los niños, sobre todo de los nuestros.
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