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Coahuila

Día mundial del medio ambiente

Por Silvia Guadalupe Garza Galván

Hace 6 años

Queridas y queridos amigos, en esta ocasión quiero compartir con ustedes una reflexión en torno a la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente del pasado viernes 5 junio.

Esta fecha se conmemora desde 1974, luego de que el 15 de diciembre de 1972 la Asamblea General de las Naciones Unidas designara al 5 de junio como el día en que las naciones del mundo reafirmarían su compromiso hacia la preservación y conservación del medio ambiente. Es la fecha más importante del año para fomentar la acción ambiental.

Cada año, para este fecha se elige un tema de relevancia global con el propósito de resaltar la importancia del cuidado del entorno natural, y una ciudad o país del mundo es elegida como la “sede” de la celebración. Por ejemplo, en años anteriores se han elegido los temas de asentamientos humanos, el agua, la protección de la capa de ozono, la desertificación, la vida en el planeta, el calentamiento global o el rol de la niñez y de la juventud en la protección del medio ambiente; las sedes se han alterado entre ciudades como Dhaka (Bangladesh), Ontario (Canadá), Islamabad (Pakistán), Ciudad de México, o La Habana (Cuba) por mencionar algunos.

En 2020, el “momento de la naturaleza” es el tema central a revisar, a recordar y sobre el cual trabajar en el mundo. En esta ocasión, la celebración se da en un contexto sin igual, nunca antes visto en una fecha como estas: la pandemia global ocasionada por el coronavirus. Por ello, “el momento de la naturaleza” se refiere al necesario cuidado que debemos tener de nuestro entorno como medio para cuidar de nosotros mismos, los seres humanos y nuestras sociedades.

El mensaje parece simple, o quizá un tanto filosófico. Pero en sí, es un reconocimiento y un recordatorio de que el hombre forma parte del entorno y no tiene un dominio sobre él. Para este año, dado el contexto de la pandemia, el uso sostenible de nuestra biodiversidad se convirtió en el eje central del “momento de la naturaleza”.

La pandemia nos ha recordado que la destrucción de la biodiversidad atenta contra la propia salud del ser humano. Según cifras de la ONU, cerca del 75% de todas las enfermedades infecciosas que observamos son zoonóticas, es decir, tienen su origen en un desequilibrio del medio natural causado por el hombre y en donde virus o bacterias son transmitidos de animales a personas.

Como todos sabemos, el aire que respiramos, los alimentos que comemos, o el agua que bebemos provienen de nuestro entorno. Por ello, las constantes alteraciones e impactos de la actividad humana sobre el medio ambiente y la biodiversidad amenazan con un desequilibrio mayor que se manifiesta en extinción de especies, deforestación, contaminación y en el aceleramiento del calentamiento global.

Bajo estas circunstancias, “el cambio, la transformación y la adaptación”, son los rasgos “del antes y el después” para la humanidad. Tras la pandemia del coronvirus el mundo no volverá a ser el que conocimos. Nuestros procesos de relación y convivencia ya se han transformado y solo nuestra capacidad de adaptación será nuestra alternativa para seguir adelante, de la misma manera que la Revolución Industrial significó “un antes y un después” para el medio ambiente.

Es precisamente por estas circunstancias que llaman la atención las noticias y anuncios recientes sobre la destrucción de las instituciones ambientales del país. Todo Gobierno tiene como su prerrogativa la definición del enfoque que tendrá el desarrollo del país, la prioridad de los temas, y la definición y ejecución de políticas públicas hacia ese modelo de desarrollo elegido. Lo preocupante no es eso.

Lo que si, es el desinterés hacia el tema ambiental y la contradicción sobre las prioridades nacionales. Me parece que nadie, en su sano juicio, estaría en contra de reducir la pobreza y la desigualdad, pero igualmente creo que nadie en su sano juicio estaría a favor de la sistemática destrucción y daño del medio ambiente, del cual formamos parte y del que dependemos, por una idea de desarrollo del siglo 19.

Por ello, no solo es relevante sino fundamental la reflexión sobre el medio ambiente, no como una política de buena voluntad o empatía de los gobiernos. El derecho a un medio ambiente sano, del cual formamos parte, es un principio consagrado en el Artículo 4 Constitucional. De igual forma, los compromisos de México en torno a la protección del medio ambiente y la biodiversad bajo las metas de Aichi, o el combate al cambio climático bajo el Acuerdo de París, son compromisos de carácter internacional pero de ejecución nacional, con importancia y peso jurídico similar al de nuestra Constitución.

No se puede pretender que la emergencia sanitaria no se vincule a la deteriorada relación con nuestro entorno. Claramente, todos somos responsables, tanto en lo colectivo como en lo individual, sobre el impacto del ser humano en el entorno. Y son los gobiernos de los países quienes asumen y a quienes corresponde la responsabilidad de guiar el desarrollo nacional. Esta es una premisa fundamental porque ahora –aún sin haber superado la pandemia– debemos enfrentar la severa crisis económica derivada de esta mientras se deciden recortes presupuestales a las instituciones ambientales del país, se pelea con el mayor uso de energías renovables y se anuncian con bombo y platillo las millonadas consagradas al uso de hidrocarburos y al sueño de un tren que circule por zonas naturales protegidas y de alta importancia para la biodiversidad del México y del mundo. En el “momento de la naturaleza” se requieren soluciones innovadoras y consensadas, con claridad de visión nacional y con mayor presupuesto, con claro énfasis en energías renovables y una transición económica justa, y siempre en cumplimiento de la ley, empezando por la Constitución y nuestros tratados internacionales ratificados por México, hasta las leyes como la Ley General de Cambio Climático, la Ley de Transición Energética o la de Desarrollo Forestal Sustentable. Todo nuestro marco legal.

De manera concreta, un perspectiva de sustentabilidad en el “momento de la naturaleza”, puede venir de una “reactivación económica verde”, que responda a un desarrollo sustentable, con atención y cuidado de los todos los ciudadanos y con respeto y protección del medio ambiente, por los que estamos aquí hoy y por los que estarán mañana.

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