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Diabólico neoliberalismo

Por ATL DEL DESIERTO

Hace 2 años

El liberalismo económico fue visualizado en el siglo XVIII por el economista escocés Adam Smith en una época en que el rey sol, Luis XIV, imperaba en Francia, con un poder insultantemente absoluto sobre leyes, economía y lo que fuera, que los reyes se la pasaban en guerra, y que los feudales, para tener dinero para operar, tenían impuestos de paso o alcabalas, algo que era gran obstáculo al comercio de mercancías. “Dejar hacer, dejar pasar”, se referían a lo que sería bueno, para el bien común.

Después de esa época, en que Estados Unidos se erigió en república, que Francia hizo lo mismo, ya dominados por la banca judía, a través de créditos, gradualmente se formaron repúblicas en la mayoría de las naciones, con el consabido impulso de crear organismos, e impuestos para operar, algo que, así como la sangre o la miel atraen a las moscas, los gobiernos atrajeron la corrupción y el parasitismo.

A principios del siglo XX se concibieron múltiples teorías económicas que encontraron tierra fértil después del fiasco enorme de la gran depresión, (fiasco, porque fue una crisis en la que el dinero no desapareció, solo cambió de manos, ese negocio incluyó el mejor negocio; la segunda guerra mundial, y lo posterior)

Primero fue la teoría de Keynes, que justificó una creciente participación de los gobiernos en los factores económicos, provocando gobiernos obesos con millones de parásitos dependiendo de ellos, y gastando lo recaudado en trabajadores y pequeños empresarios.

En Europa y Norteamérica, obligados por el creciente problema del gasto público, gustó a muchos la idea de inclinarse a un modelo neoliberal, que, en lo principal, tiende a gobiernos más pequeños y una economía influida por el mercado, al ciudadano eso lo dirige un estado con menos impuestos y servicios otorgados por el mejor, no por los amigos o socios del gobernante.

En las décadas del 70 al 80, en el tercer mundo, especialmente, el fondo monetario internacional se empachó con los créditos otorgados, ante un frenesí que solo dañó más a las naciones.

El Banco Mundial, a cambio de apoyo financiero impulso que las naciones emergentes adoptarán cambios en su estructura económica, como privatización de empresas improductivas. Algo que en México había llegado a niveles insultantes, empresas productivas otorgadas a un político feudal que con mala administración y saqueos en corto plazo son hundidas, y siguen requiriendo de recursos para existir, per secula, seculorum….

Jorge Leypen Garay y su equipo, hundieron más empresas públicas, que muchos submarinos lo hicieron en la Segunda Guerra con los barcos.

Cuando Salinas hizo ese cambio, muchos priistas y similares, lo acusaron de traidor a la patria, pero era un ahorro enorme al erario. Desgraciadamente, Salinas no se atrevió a incluir en esa privatización a Pemex y CFE que eran y son igualmente, solo unos nidos de ratas, y aparte, castrantes de sus sectores.

En el corto periodo que se establecieron medidas de corte neoliberal, vimos los ciudadanos de a pie, que mejoraban los servicios de las dependencias, que la transparencia llevaba al despido de funcionarios corruptos, y finalmente, a una esperanza de bienestar.

Deprimente imaginar al esclavo a quien le cierran los grilletes, gritando: “Libertad”

 

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