Arte

Publicado el martes, 21 de febrero del 2023 a las 04:00
Ciudad de México.- Para conmemorar el Día de la Fotógrafa y el Fotógrafo, el Museo de la Mujer organizó la mesa redonda “Paulina Lavista. Vocación y voluntad de ser las artes y la construcción de sí misma”, moderada por la doctora Graciela Mota y en la que participaron la investigadora Georgina García Gutiérrez Vélez y la propia Lavista.
Durante su intervención, Gutiérrez Vélez habló de cómo Lavista cultivó su lucidez en el seno de su familia, a una edad temprana. Una lucidez que la llevó a registrar, a lo largo de su trayectoria, el imaginario mexicano: desde la vida de la Ciudad de México, las funciones de las vedettes y la arquitectura de Guanajuato, hasta el escritor argentino, Jorge Luis Borges, con las pirámides de Teotihuacán en el punto de fuga, el paradigmático ajolote, y la escena intelectual de una época donde le tomó fotografías a artistas e intelectuales como Carlos Fuentes, Manuel Felguérez, Mario Lavista, Graciela Iturbide, Octavio Paz, Juan José Arreola, Ernesto de la Peña, Raúl Lavista, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y, por supuesto, Salvador Elizondo, su esposo (muchas de estas fotografías se exhibieron en 2005, en Los Ángeles, California, como parte de la muestra “Personajes de la vida cultural de México”).
Gutiérrez Vélez habló también del “romance” que tuvo la cámara de Paulina con Elizondo, en alusión a las afinidades estéticas y la poética del matrimonio.
Cuando Lavista tomó la palabra, recordó que estuvo en la primera generación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), donde sus maestros fueron José de la Colina y García Márquez.¡Además de que, en esos años de acercamiento inicial al lenguaje del cine, se hizo amiga y trabajó con el cinefotógrafo Gabriel Figueroa.
Por su esposo, recordó, conoció a Rulfo y Paz; por su padre, a Dolores del Río y Pedro Infante. De estos dos hombres paradigmáticos mencionó rasgos y anécdotas: Elizondo fue su novio, su marido, su amante y su maestro; su padre era un hombre que adoraba la música y con el que escuchó a Wagner, Ravel y Debussy; gracias a él, también, surgió la curiosidad por el mundo del cine.
Aunque, claro, el mundo del cine antecedió su salto a la fotografía. En el presente, después de grandes exposiciones individuales en la Sala Isidro Fabela, el Palacio de Bellas Artes y el Museo de Arte Moderno, entre decenas de muestras, mencionó cómo, en el siglo XXI, la fotografía dio un vuelco con la entrada del mundo digital.
Algo ante lo que Lavista se adaptó e hizo series documentales para ganarse la vida: “Ciudad instantánea” en Canal 22 y “Luz propia” en TV UNAM; proyectos donde la fotografía fue parte fundamental del lenguaje. “Me volqué en el video como un modus vivendi”, dijo.
“Detrás de la cámara, por medio de la escritura, su mirada encuadra, ve más allá”, dijo Gutiérrez Vélez y recordó que José de la Colina bautizó a la fotógrafa como “Paulina, la de la vista”.
En la nómina, que debe ser amplia, de figuras admiradas, Lavista mencionó a Cartier-Bresson, su fotógrafo favorito, quien mencionaba la búsqueda del instante decisivo, y a Juan Rulfo, que fue importante para ella, no sólo como escritor, sino como fotógrafo.
Más sobre esta sección Más en Arte
Hace 5 horas
Hace 12 horas
Hace 21 horas
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 2 dias
Hace 2 dias
Hace 2 dias