Morena tiene votos en Coahuila, pero le faltan liderazgos que lo estructuren, candidatos competitivos y una agenda que le permita: 1) ampliar su base electoral y atraer a quienes abandonaron al PAN y prefirieron sufragar por el PRI en los comicios de junio; 2) actuar como oposición y abanderar las demandas de justicia de movimientos sociales y laborales, relacionadas con la megadeuda y otros atropellos del “moreirato”, impunes en un estado donde la división de poderes es un mito; y 3) crear condiciones para ganar la gubernatura en las próximas elecciones, lo cual, en la circunstancia actual, parece remoto. En la sucesión de 2017, Armando Guadiana Tijerina, postulado por Morena, obtuvo 151 mil votos, apenas 46 mil por encima del independiente Javier Guerrero García. Un año después, la votación por Andrés Manuel López Obrador se disparó a 503 mil; en el mismo proceso, Guadiana, quien encabezó la fórmula para el Senado, recibió 74 mil boletas menos que AMLO.
Guadiana (74 años) acaba de sufrir un doble revés. El primero golpeó su orgullo y el segundo lo devaluó como aspirante de Morena al Gobierno del estado. Perder la alcaldía de Saltillo con José María Fraustro (PRI), por 44 mil votos, le restó puntos en la carrera sucesoria. No obstante los programas sociales de la cuarta transformación y su apalancamiento en la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, el senador apenas captó 7 mil boletas más que Isidro López Villarreal (PAN) en 2013. Proporcionalmente, la votación por Guadiana fue menor. La campaña del empresario minero hizo agua desde las primeras semanas. El ofrecimiento retórico de donar su sueldo a asociaciones civiles, entre otros desplantes, lo mostraron desesperado, y no impactó en el ánimo de los electores.
Célebre por su frase “honrao, honrao no soy”, Guadiana despotricó contra tirios y troyanos y repartió culpas sin asumir ninguna. Habló de traiciones en su partido y casi culpó al delegado federal y exlíder estatal del PAN, Reyes Flores Hurtado, de su fracaso rotundo. Amigo y defensor de Alonso Ancira Elizondo, a quien no pudo salvar de prisión, pues para seguir su proceso en libertad el dueño de Altos Hornos de México (AHMSA) aceptó pagar 265 millones de dólares a Pemex como reparación del daño por la venta de Agro Nitrogenados a un precio inflado, Guadiana desveló en su alegato, acaso sin proponérselo, no ser el favorito de Morena y quizá tampoco del presidente López Obrador para la sucesión coahuilense del 23.
Antes de la alternancia en el Poder Ejecutivo, el Congreso era la antesala de la Gubernatura. En Coahuila, los mandatarios comprendidos entre Eulalio Gutiérrez y Enrique Martínez fueron previamente senadores o diputados. El Presidente los placeaba y en algunos casos los ungía aun sin despachar en Los Pinos. Carlos Salinas lo hizo con Rogelio Montemayor en un acto de campaña en Monclova, donde la sombra del tándem Xavier Autrey-Alonso Ancira ya se proyectaba sobre AHMSA. López Obrador terminó con la parafernalia de los séquitos en sus giras por los estados, pero también destapa. En Sonora, el dedo apuntó a Alfonso Durazo, hoy Gobernador electo. Cuando Guadiana asiste a ceremonias con el Presidente, lo hace como un invitado más; no tiene lugar en el templete, ni contacto con AMLO. El puente entre Coahuila y Palacio Nacional es el delegado federal, Reyes Flores, lo cual explicaría el celo del senador, más diligente en los negocios que en el ideario de la 4T.
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