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Coahuila

¿Dónde está la pelota?

Por Irene Spigno

Hace 2 años

Todas las personas, al menos durante nuestra infancia, hemos jugado con una pelota. La pelota es, sin duda, uno de los juguetes favoritos no sólo de los niños, sino también de las mascotas.

Es muy común ver la imagen de los perros en los parques jugando con sus cuidadores, atrapando la pelota que les lanzan y devolviéndola para seguir jugando. Para aquellos que tenemos gatos, sabemos que también disfrutan de ese juego. Ichnusa, mi gatita, se vuelve loca cuando le lanzo pequeñas pelotitas de papel aluminio. Posee las mismas habilidades que Gigi Buffón, uno de los más grandes porteros en la historia de la selección italiana de futbol.

Quizás, en el caso de las mascotas, esta pasión se derive de la gran satisfacción que sienten al perseguir y atrapar algo, reproduciendo así la dinámica de depredador y presa que es innata en su identidad.

Sin embargo, la gran mayoría de las personas que aman el deporte practican, en mayor o menor medida, algún juego que implique el uso de una pelota. Incluso hay quienes no les gusta jugar, pero disfrutan viendo los partidos, ya sea desde la comodidad de su hogar o en un bar con amigos.

En realidad, todos los deportes que involucren una pelota (aunque no sean los únicos) no son simplemente un juego. Pensemos, por ejemplo, en el juego de la pelota que se realizaba en Mesoamérica durante muchos años: este juego se practicaba tanto en la vida cotidiana como en la diversión, pero también en ceremonias religiosas. Tenía matices rituales y bélicos, y se utilizaba para resolver conflictos de diversos tipos.

Hoy en día, ya no se utilizan los juegos para resolver conflictos bélicos. Los problemas geopolíticos, evidentemente, no se resuelven en una cancha de futbol. Sin embargo, gran parte de esa simbología sigue aún presente. Dos equipos se enfrentan en una cancha (que podría compararse con un campo de batalla), hay una pelota que es fundamental para “ganar” y… que gane el mejor.

¿Y si pensáramos que la vida, en el fondo, no es tan distinta a un partido de futbol? ¿Recuerdan la canción oficial de la Copa del Mundo de 2010? Era “Waka Waka – Esto es África”, interpretada por Shakira. Las primeras líneas de la versión en español son el reflejo perfecto de esta idea: “Llegó el momento, caen las murallas/Va a comenzar la única justa de las batallas/No duele el golpe, no existe el miedo/Quítate el polvo, ponte de pie, y vuelve al ruedo”.

Si en la antigüedad jugar era una de las formas adoptadas para resolver conflictos, ¿por qué nosotros, en nuestra cotidianidad, no intentamos ser un poco más “juguetones” (lo cual no implica ser superficiales, agresivos ni infantiles) y tratamos de derribar las murallas que nos impiden alcanzar nuestros sueños? La única batalla justa para cada uno de nosotros es aquella que nos lleva a cumplir con nuestros sueños. Recibiremos golpes, algunos dolerán mucho. Sin embargo, debemos recuperarnos, recobrar fuerzas y energías, y levantarnos de nuevo. Debemos dejar de lado el miedo, que en la mayoría de los casos ni siquiera nos pertenece; es externo y heredado. Quitarnos el polvo, ponernos de pie nuevamente y regresar al ruedo.

Las derrotas y los fracasos son simplemente aparentes, son lecciones aprendidas. Los obstáculos tampoco son reales; son señales de una dirección equivocada.

Las personas no somos animales. Nuestra dinámica no debería ser la de “depredador-presa”, sino la de seres que, con congruencia, respeto, solidaridad y amor, busquemos alcanzar nuestros sueños. Porque es allí donde está la pelota de la vida: en nuestra cancha. Y depende sólo de nosotros decidir cómo queremos jugar ese partido.

 

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