Cuando hablamos de un tribuno nos referimos de manera figurada a un orador político que defiende con elocuencia las causas populares. Y es porque el atributo de los tribunos, magistrados romanos elegidos entre las tribus desde el año 260 AD, era precisamente la arenga pública por los derechos de los plebeyos quienes tomaron una resolución en contra de la opresión y se retiraron al monte Aventino. Ante esta ausencia de trabajadores poco quedaba de vida a las ciudades. Los patricios tuvieron que ceder. Y seguido de este tratado la plebe obtiene dos magistrados exclusivamente plebeyos; los tribunos de la plebe.
Eran inviolables, tenían un derecho de veto que podían oponer a cualquier magistrado incluyendo los cónsules y al Senado.
Cuando fueron instituidos como organización los tribunos asumieron la costumbre de reunir a los plebeyos en asambleas donde se votaban decisiones que llevaban el nombre de plebiscitos, qué a la larga terminaron por tener carácter vinculante para todo el Pueblo y en la época romana tardía se convirtió en la forma normal de legislar. Esos tribunos que llegaron a ser hasta 10 tenían también el derecho de interceder contra las actuaciones oficiales y paralizar la de cualquier magistrado, asistir a las sesiones del Senado primero sólo en el banco de los tribunos colocado en la puerta hasta llegar a convocarlo y dirigirlo.
En la lucha para conquistar la igualdad la plebe encontró entre los tribunos defensores ardientes. Y esta lucha dio como resultado la ley de las XII tablas, un instrumento permanente de derechos que ya no se encontraban expuestos al capricho del gobernante y que constituyeron la base del derecho público.
Hasta el 20 de este mes he subido 273 veces a tribuna a defender los derechos del Pueblo.
La historia de la plebe romana y de sus tribunos quiénes lucharon por la igualdad desde la oposición, en situación de minoría hasta convertirse en los magistrados que le dieron fundamento al derecho público romano, me inspira para superar la indiferencia y la estulticia de una mayoría plegada a los intereses del poder ejecutivo.
En el ejemplo de esa historia de la humanidad que siempre se ha opuesto a la opresión autoritaria, encuentro sentido a las intervenciones que a veces sólo atienden las cámaras.
El principio de representación en la revolución francesa con la misma idea de igualdad sustituyó los concilios de la plebe por congresos, pero la tribuna ahí sigue, convocándonos a la defensa de los derechos de las oprimidas, de las trabajadoras, de todes les discriminades, de los seres sintientes, de los sin voz.
Me llevó ahí la voluntad popular, porque el Pueblo pone. Seguirá siendo mi imperativo legislar por instrumentos legales que nos den un Estado nuevo y libre para todas, todos y todes.
#YoLegisloPorCoahuila
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