Coahuila
Hace 7 meses
Celebrar 20 años de historia, es reconocer el valor de un esfuerzo que se ha mantenido constante, vivo y en evolución. El pasado 1 de octubre, se conmemoró, con una jornada de capacitación, el vigésimo aniversario del Centro de Medios Alternos de Solución de Conflictos (CEMASC) del Poder Judicial del Estado de Coahuila, que actualmente dirige Sara Guerraro; un espacio que nació con la convicción de que la justicia podía construirse también desde el diálogo. Lo que hace dos décadas parecía un experimento innovador, hoy es una institución consolidada que ha impactado en la vida de miles de personas y que ha transformado, silenciosa pero profundamente, la manera en que se entienden los conflictos en la sociedad. La ceremonia fue un recordatorio de que la justicia también puede ser cercana, humana y eficaz cuando se centra en escuchar y encontrar soluciones compartidas.
El recorrido del CEMASC ha sido en muchos sentidos, una revolución cultural. Cuando abrió sus puertas en 2005, hablar de mediación sonaba extraño y para algunas personas, incluso innecesario. La visión predominante era que la única vía para resolver un conflicto era el litigio formal, con procesos largos, costosos y muchas veces dolorosos. Sin embargo, la experiencia demostró que otro camino era posible, que los desacuerdos podían atenderse con herramientas de conciliación, donde el objetivo no era vencer, sino reconstruir relaciones y generar acuerdos estables. Hoy, después de 20 años, el CEMASC representa precisamente eso, una cultura distinta de justicia, una que no se mide sólo en sentencias, sino en la capacidad de reconciliar y devolver la tranquilidad a las personas.
El impacto de este modelo se refleja en los casos que encontraron salida en sus mesas de mediación, desde conflictos familiares en los que estaba en juego la estabilidad de los hijos, hasta disputas vecinales que amenazaban con escalar en violencia, pasando por diferencias mercantiles que podían haber terminado en años de litigio. En cada historia, el común denominador ha sido la posibilidad de transformar un problema en una solución mediante el diálogo. Más allá de las estadísticas y los indicadores, lo relevante es que el CEMASC ha sembrado en la ciudadanía, una nueva manera de entender la convivencia, la paz no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de enfrentarlos de forma madura y responsable. Ese aprendizaje es quizá el mayor legado a Coahuila, de estas dos décadas.
El vigésimo aniversario, es momento para reconocer a quienes han hecho posible este camino, mediadores y conciliadores que han facilitado el entendimiento entre las partes, personal que con vocación ha dado soporte profesional, estudiantes que se han formado bajo este modelo y que lo llevarán en su ejercicio profesional y por supuesto, las miles de personas que confiaron en la mediación, quienes dieron el primer paso al dialogar, antes que confrontar. El lema “Dos décadas transformando conflictos en soluciones”, resume un logro institucional y la suma de voluntades de quienes han creído en estos procedimientos no jurisdiccionales.
Que la Facultad de Jurisprudencia haya sido la sede de la conmemoración, no es casual, la universidad representa ese espíritu de reflexión, innovación y compromiso con la sociedad. El aniversario fue una mirada al pasado y un compromiso con el futuro; el de una sociedad que aprende a resolver sus diferencias con respeto, con diálogo y con empatía. Porque al final de cuentas, la mayor enseñanza del CEMASC, es que cuando se abre un espacio para escuchar al otro, los conflictos dejan de ser barreras y se convierten en oportunidades de encuentro.
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