El 4 de julio de 1971 Michael Hart inició el Proyecto Gutenberg. El primer ebook que creó, era una copia de la Declaración de Independencia de Estados Unidos.
Hart estudiaba en Illinois y por primera vez accedía al sistema informático de la universidad. Decidió transcribir una copia de la Declaración de Independencia de Estados Unidos y enviarla por correo a un grupo de amigos mediante su acceso.
El tamaño del texto o el número de contactos superaba la capacidad del sistema de ese entonces, por lo que Hart fracasó al enviar el mensaje. La impotencia, lo hizo crear el texto como un elemento independiente y descargable, otorgándosele gracias a ello, el mérito de generar la base, de lo que hoy entendemos como libro electrónico.
Sin embargo, desde 1949, se había registrado una patente. La número 190.968, bajo el título “Procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros”. En la memoria descriptiva, Ángela Ruiz Robles, la inventora, deseaba con él, reducir el peso de los libros que los niños debían llevar en sus mochilas.
La invención proponía un sistema de bobinas donde pudieran colocarse los libros que se quisieran leer. De este modo los alumnos contaban con un solo dispositivo, que a pesar de ser rudimentario, puede considerarse como precursor del soporte único, que supone hoy en día cualquier libro electrónico. Su idea, también contaba con una lámina transparente e irrompible que permitía hacer acercamiento (zoom) en las lecturas. El prototipo como puede verse en la reseña de la agencia SINC, había sido diseñado para incluir una calculadora, sonido y luz.
Ángela Ruiz Robles (1895-1975), fue maestra, pedagoga e inventora española. Nació en Villamanín, León. Entre 1938 y 1970, publicó 16 libros de texto sobre diversas materias como ortografía, taquigrafía, mecanografía, gramática, historia y geografía.
En dos de ellos, describía un sistema taquigráfico con el que escribir y traducir se podría realizar de manera más veloz, gracias a una máquina con nuevos signos y caracteres enlazados de manera sencilla y sistemática. Recibió diversos reconocimientos y distinciones durante su carrera, y su labor social fue altamente elogiada. Desafortunadamente, los recursos que patrocinaran su invento y su idea en esa época no llegaron. Las prioridades y la atención de su país se centraban en otras áreas.
No cabe duda del esfuerzo, la dedicación y el trabajo de Michael Hart, para poner en practica su idea, esa misma que Ángela Ruiz había concebido hacía más de dos décadas antes.
Evidentemente muchos de los rasgos dinámicos e interactivos de la patente de Ruiz, se replican en el modelo de Hart, –guardando justa proporción de los avances tecnológicos e informáticos. No obstante, durante mucho tiempo, había sido solo Hart, quien se había llevado el mérito del concepto y de la invención. Google en el 2016, al dedicarle su doodle (logo alternativo de cada día con el que se recuerdan efemérides), hace resurgir, la vida, obra y aportaciones de Ángela Ruiz.
Ejemplo de lo anterior, es lo que se conoce como Efecto Matilda, la discriminación y prejuicio que se produce en contra de los logros de las mujeres científicas cuyas aportaciones solo suelen atribuirse a hombres.
Vemos hoy, que poco a poco se empieza a reescribir la historia. Se excavan y se evocan los nombres de aquellas mujeres con ideas, que en algún momento se desestimaron. Hoy, se redimensiona el papel que cada mujer jugó en la construcción del mundo que vivimos.
Al momento, no nos imaginamos vivir sin dispositivos electrónicos y gracias a iniciativas como la de Google, podemos entender y comprender de dónde han surgido las ideas que han revolucionado la vida de todos, además de que en el caso, con la publicación, se hizo una justa reivindicación en pro de la igualdad y el reconocimiento del que han sido despojadas mujeres brillantes como Ángela.
Sus nombres, sus vidas y sus trabajos fueron silenciados por mucho tiempo. Rompamos las barreras que nos ligan a un pasado y que invisibiliza a las mujeres en la ciencia, es tiempo de revertirlo.
Recuperemos las figuras perdidas, grandes instituciones, públicas y privadas, en este momento lo hacen. Preguntémonos estimado lector, –para iniciar con la reflexión–, si conocemos por lo menos el nombre, de la primera mujer que se desarrolló en la ciencia y que más nos inspira. La obra de esa mujer, posiblemente la encuentre en un ebook.
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