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Coahuila

El 12 de junio de 1864, los afectados por el mal de la orfandad, se exhibieron plenamente

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 1 mes

Nos quedamos la semana anterior en la pernocta que Maximiliano y Carlota hicieron, el sábado 11 de julio, en la Villa de Guadalupe mientras recobraban fuerzas para aguantar el trajín al que se enfrentarían al dia siguiente durante su arribo a la Ciudad de México. En esta, aquella noche, los que padecían el mal de la orfandad no pudieron conciliar el sueño. Unos porque se la pasaron practicando genuflexiones en busca de lograr la que mejor les pintar su servilismo, bueno para ellos eso sería exhibir lealtad; otros no podían darse el lujo de ni siquiera acercarse a la cama, andaban supervisando que los arreglos en fachadas y arcos triunfales lucieran esplendorosos. Hemos de apuntar, sin embargo, que los únicos quienes roncaban plácidamente eran aquellos que se encargarían de oficiar los servicios religiosos, estaban convencidos de que tenían “en la buchaca” a quienes llegaban y solamente era cuestión de tiempo para que les empezara a regresar todos aquellos bienes, mal habidos, que la nación les había confiscado. Vayamos a la mañana del domingo 12 de junio.

Tras de cumplir con la observancia de sus creencias religiosas en el Santuario de Guadalupe, Maximiliano y Carlota montaron en el ferrocarril que los llevaría al centro de la Ciudad de México. Para evitar caer en eso de adjudicarse textos de otros y hacerlos apareceré como si fueran generados por este escribidor, hemos de apuntar que la crónica referente a lo acontecido en aquel dia infame la hemos tomado de los diarios “La Sociedad,” y “L’Estafette,” así como el libro “De Miramar a México.” Hecha la aclaración, prosigamos con la relatoría. Acorde a esta, “el vagón destinado a SS.MM. estaba ricamente alfombrado; tenía cielo de seda azul celeste, cornisa dé metal dorado, colgaduras de raso blanco, y en el fondo; un camarín forrado dé tela carmesí con dos magníficos sillones: fuera del camarín había asientos’ para los individuos de la Casa Imperial, en cuya unión venían el Eximo.’ Sr. ministro de estado, [Joaquín] Velázquez de León y el Sr. secretario particular [Ángel] Iglesias [y Domínguez].”  Este personaje era un oftalmólogo y otorrinolaringólogo renombrado quien a pesar de sus conocimientos no pudo evitar ser victima del mal de la orfandad. Y ahí iban todos, cual jibaritos, locos de contento no porque si vendieran la carga un traje a su viejita habrían de comprar, sino porque estaban convencidos de que el guardarropa completo, y más, habrían de renovar. Así, “entre repiques y salvas de artillería partió el tren ligero que las autoridades y demás personas de la comitiva ocuparon los otros vagones. El edificio de Santiago Tlatelolco, el del Tecpan y hasta las casas más miserables del camino tenían banderas o cortinas, y cerca de los rieles se agrupaban los campesinos, con palmas algunos y el sombrero en la mano casi todos, á, ver pasar a SS. MM.” Como se puede apreciar, no se olvidaron de arrimar acarreados para ponerle el tono nativo al trayecto. 

En las calles del centro de la ciudad de México, se comprobaba que la experiencia lograda al festinar al criollo quien se sintió noble y las once veces, doce si contamos el homenaje a la pata, en que lo hicieron con el quince uñas, les permitieron perfeccionar la elaboración de arcos triunfales y adornos en las fachadas de edificios y casas. Claro que a ello había de agregarse la presencia de los provincianos para que aquello luciera incluyente. De esta manera, a lo largo de las calles se encontraban leyendas como: “A Maximiliano, Emperador de México, y su augusta consorte la Emperatriz Carlota, fidelidad eterna juran los potosinos;” o bien al entrar a la calle de “San Andrés, se elevaba otro arco sencillo que decía; “Zacatecas á SS. MM;” a la vez que para que no los fueran a olvidar como especialistas en eso de treparse al carro de los recién llegados, “en el puente del Espíritu Santo se levantaba también un arco en el cual se plasmaba: “La antigua ciudad y provincia de Tlaxcala tributa sus homenajes de fidelidad, amor y obediencia a su augusto Emperador Maximiliano.” Pero no se crea que solamente los nacionales buscaban significarse ante la parejita austriaco-belga, las representaciones europeas, también, lo hacían. “En la tercera calle de San Francisco… el club alemán… había adornado profusamente la hermosa casa en que celebra sus reuniones ocupaba puertas, balcones y alturas, desplegó en ellas la bandera belga y saludó a SS. MM. en el idioma nativo con entusiasmo que rayaba en delirio…. En la calle de Vergara…el edificio de la Legación francesa [estaba] magníficamente decorado de banderas y festones de heno y flores, que formaban un conjunto verdaderamente agradable.” Sigamos con aquellas expresiones “espontaneas” de simpatía. El “edificio de Minería [lucía] …adornado en aquel instante de una manera delicada y cubierto de bellezas cautivadoras, que atraían la atención del inmenso gentío que inundaba, por decirlo así, todas las calles, y que esperaba con impaciencia la llegada de SS. MM. En la esquina de la Maríscala, y mirando hacia la estación del ferrocarril, se levantaba gigantesco el Arco de la Paz, dirigido también por el Sr Serrano. El número de gente que pasaba por debajo de estos arcos y el que esperaba por todas partes á los Emperadores, no tiene guarismo. En las calles, en las puertas, en las rejas de las ventanas, en los balcones y en las azoteas no se veían más que gentes apiñadas que se agitaban y se movían como un inmenso océano acariciado por las auras.” Esa era la escenografía preparada para recibir a quienes venían a civilizar a esta nación de salvajes en donde los únicos quienes se salvaban eran los que se veneraban a Maximiliano.

“A las diez menos cuarto, … se detenía el tren en que venían los soberanos, [sic] que fueron recibidos por el Exmo. Ayuntamiento, y en medio de entusiastas vivas que les daba la multitud. Después de haber bajado del tren, subieron a una magnífica carretela tirada por seis caballos que les esperaba, y se dirigieron por las vistosas calles de la capital hacia la suntuosa catedral…Ambos iban saludando a la multitud que los victoreaba, y revelando en sus semblantes la alegría más pura y el cariño más intenso.” ¿Así o mas cursi?  “Al llegar SS. MM. enfrente u la Minería, se detuvieron a contemplar un instante ese magnífico edificio allí, entre los vivas y el entusiasmo de todos, se presentó a los soberanos una graciosa niña que bajó de la casa del Sr. ministro de Estado D. Joaquín Velázquez de León, la cual con inocencia infantil puso en las imperiales manos de S. M. I. la siguiente composición poética:  A S. M. LA EMPERATRIZ CARLOTA, EN PRUEBA DE RESPETO Y DE AMOR, La niña María de las Angustias Malo y Eguía.” Estos no se detenían ante nada, a la par de infantes explotados, tenían a los adultos alineados.

Al paso del carruaje, narraban las crónicas que el par de intrusos, bueno ellos los anotaban como sus majestades, eran “victoreados y bendecidos por todas partes… Al pasar la comitiva imperial por el Hospicio de Pobres, el primer cuerpo de la fachada, colocada con gracia, era del orden jónico, y el segundo del orden dórico. En los intercolumnios del primero estaban las cuatro virtudes cardinales: en el centro del pórtico, al frente de una perspectiva, la estatua del Emperador Maximiliano cubriéndole los rayos de la Providencia y tomándole de la mano los Emperadores Iturbide y Moctezuma.” Vaya tercia de infames. Aquí, lo que habría que reprocharles es que no incluyeron al López del Siglo XIX, con ello hubieran formado el póker de los más indeseables de nuestra historia. A esa imagen ignominiosa, se agregaba “en el centro del segundo cuerpo un cuadro representando a la Caridad que presenta a la Emperatriz Carlota a unos niños; a los lados los retratos del Emperador Napoleón III y la Emperatriz Eugenia, y en las esquinas los retratos del Sr. D. Fernando Ortiz Cortés, canónigo de esta Santa Iglesia, y del capitán D. Francisco de Zúñiga, fundadores del Hospicio; en el remate las armas nacionales, y a los lados dos ángeles cubriéndolas con sus alas y representando el trono y el altar.” Como siempre, los ambiciosos tratando de justificar con asuntos celestiales las barbaridades terrenales que cometían. Pero no se detenían y “atravesando las vistosas y espaciosas calles de San Andrés, Vergara, Correo, Profesa, y las dos de Plateros, llegaron SS. MM. hasta la entrada del atrio de Catedral; y al bajar del carruaje, fueron recibidas debajo de palio por [el jefe de jefes de la traición] el arzobispo de México, [Pelagio Antonio De Labastida y Dávalos] acompañado por sus lugartenientes el “arzobispo do Michoacán [Clemente de Jesús Munguía y Núñez]  y los  obispos de Caradro (Tamaulipas) , [Francisco de la Concepción Ramírez y González];  Oaxaca, [José María Covarrubias y Mejía];  Querétaro [Bernardo Gárate y López de Arizmendi]; y,  Tulancingo, [Juan Bautista  Ormaechea y Ernáiz] y del venerable {¡!] cabildo.” Y como la curia no quería ser menos, “la puerta principal por donde debían entrar estaba adornada con un arco tejido con flores encarnadas, blancas y amarillas, realzado con coronas imperiales de lo mismo, hecho por los indios de Xochimilco, y en el cual se leía esta inscripción, hecha también con flores: “Xochimilco, á S. M. I. Maximiliano I;” y encima del arco, en un círculo que servía de remate, y hecho también de flores, estas palabras escritas con las mismas flores: “11 de Junio de 1864.” En el arreglo del recinto en su interior no habían reparado en gastos, consideraban que lo erogado habría de convertirse en una inversión que generaría altos réditos.

“El templo estaba muy bien iluminado y adornado, ostentando cortinas y colgaduras de terciopelo carmesí con franjas y borlas de oro, en el altar de los Reyes, en el tabernáculo y la cornisa; grandes flámulas ó gallardetes suspensos de las bóvedas, y trofeos de grandes banderas, mexicana, francesa, austríaca y belga, en las columnas cercanas al tabernáculo.” Previamente a iniciar la ceremonia, “ocuparon SS. MM. el trono preparado en el presbiterio, y a cuyos lados formaron alas unos cuantos guardias de Corps, y entonces dióse principio al Te-Deum entonado por el Elmo. Sr. Labastida y acompañado de la brillante orquesta del coro.”  Se destacaba que “mucho orden hubo en Catedral, cuya entrada no se permitió sino a las personas que llevaban boleto. La concurrencia de señoras fue numerosa y escogida, y casi todas iban de mantilla.” La anunciaban como la casa del Gran Arquitecto, pero a la hora de ingresar a ella no cualquier “pelado’ podía acceder.  Todos son igual son hijos del Señor, pero a la hora de la verdad, hay algunos más iguales que otros. Esa es la máxima bajo la cual han operado por los siglos de los siglos, pero allá cada uno y sus gustos a la hora de como les apetece ser tratados. Una vez concluido el Te Deum, la pareja y su comitiva se fueron a pie a Palacio en donde en el salón del trono recibieron las felicitaciones de las autoridades y se tuvieron que aguantar una retahíla de discursos, cuyo contenido reproduciremos.

Velázquez De León, entre otras cosas, dijo: “En el día más glorioso para México, en el que se han realizado sus esperanzas y asegurado un próspero porvenir, tengo la honra de felicitar á V. M. I. y a su augusta esposa, a nombre del ministerio y de las seis Secretarías del Despacho.” Vaya con Joaquín engolfado de servilismo. No estaba solo en este departamento.

El prefecto municipal de la ciudad de México, Miguel María De Azcarate Vera De Villavicencio, abrogándose el sentir de todos los capitalinos mencionó: “En este dia de regocijo público, en el que olvidando todo lo pasado deben los mexicanos darse el ósculo de paz, y en torno del trono do V. M. hacer la felicidad de la nación, el Exmo. Ayuntamiento de México, después de haberse entonado el himno de gracias al Dios de las alturas, viene por sí y a nombre de la población, a felicitar a V. M. muy cumplidamente y a presentarle en ofrenda sus respetos, su amor, su obediencia.” Pero aun faltaba la perorata que emitiría el jefe de jefes de la traición, De Labastida y Dávalos. Estamos ciertos de que usted, nuestro lector amable único, desde su perspectiva objetiva tiene muy claro como la curia fue la promotora de la venida de estos intrusos, pero como podría darse el caso de que alguien más llegase a tropezarse con este texto y nos califique de herejes, reproduciremos las palabras de Pelagio. 

Empezaba por apuntar que “hay sentimientos que vencen el poder de la palabra, sentimientos únicos por su jerarquía en la historia del corazón, sentimientos en que obran al mismo tiempo los siglos precedentes y los años que siguen; y tal es el sentimiento que ocupa hoy es exclusivamente a la nación mexicana con motivos de la presencia de V. M. y de su augusta esposa.” Eso era para calentar motores.

 A continuación, aceleraba la velocidad para indicar que “llamados por la Providencia en los momentos críticos que señalaban las agonías de un pueblo desgraciado, a ejercer la noble misión de enjugar sus lágrimas volviéndolo a la vida, VV. MM. representan la misericordia de un Dios de ternura y bondad, que, condolido de nuestros males, quiere salvarnos una vez más al cabo de tantas crisis que nos habían puesto a las orillas del sepulcro.” ¿Por qué la insistencia en utilizar al Gran Arquitecto para cubrir sus fechorías que nos causarían miseria y muerte durante los siguientes tres años?

“VV. MM. han podido comprender estos sentimientos en las demostraciones entusiastas y tiernas con que han sido recibidos desde el feliz momento en que pisaron las playas de esta su nueva patria. Estas emociones con que todo corazón mexicano ha saludado en la persona de VV, MM. el advenimiento de los bellos días, de los días de plenitud, de los días de universal restauración, de los días de virtud y felicidad; estas emociones se reúnen todas en un sentimiento mayor, en un sentimiento antiguo, en un sentimiento que lejos de haber sucumbido en la reciente lucha, aparece con una nueva juventud, en un sentimiento de donde parten y adonde afluyen todos los que forman la fisonomía moral de ésta sociedad, el sentimiento católico.” El tal Pelagio ya se había creído sus mentiras propias. Una parvada de ambiciosos era quienes les habían cantado loas y los arribantes lo único que habrían de traer serian lagrimas y tristezas.

“México, Señor, cuyo instinto penetra no pocas veces más allá de los límites do la ciencia, comprende lo que significa un Soberano, que en unión de su cara esposa, parte de Europa con las bendiciones del Vicario de Jesucristo, y rinde sus homenajes filiales y religiosos ante el trono de la Reina de Anáhuac la víspera de entrar en la capital de su imperio.” A confesión de parte, relevo de pruebas, la intervención era santificada por Giovanni Maria Battista Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti, Pío IX, a quien poco le importaba soliviantar la guerra civil en México si a cambio de ello su negocio recuperaba las riquezas de origen mal habido.

“La Iglesia mexicana, en cuyo nombre tengo la honra de dirigirme a VV. MM., se congratula llena de un santo júbilo, como el profeta con Jerusalén cuando estaba para venir el Salvador del mundo. Ella ve en V.V. MM. á los enviados del cielo para enjugar sus lágrimas, para reparar todas las ruinas y estragos que han sufrido aquí la creencia y la moral para que vuelva Dios a recibir un culto en espíritu y en verdad, y el homenaje continuo de la virtud reparada en la justicia.” Ni los recién llegados eran la reencarnación de un Quetzalcóatl bicéfalo, ni mucho menos la versión moderna del Mesías de origen judío, no eran más que un par de ambiciosos-crédulos. En cuanto a que aquí se negaba al Gran Arquitecto, pues se trataba de una patraña más, ejemplo de ello era que se permitía la presencia de otras versiones de la fe. 

“Reciban, pues, VV. MM. este humilde tributo de reconocimiento, de afecto, de amor, de respeto de toda la Iglesia mexicana, que al darles la bienvenida, después de haberla procurado con sus plegarias, les asegura que no dejará de pedir nunca para VV. MM., para la Imperial estirpe y familia, para su reinado y gobierno, abundantes bendiciones, copiosas gracias, y esa gloria que se merece en la equidad, en la justicia, que se acrisola con la caridad cristiana, y que no pudiendo quedar aprisionada en los límites del espacio ni en el cómputo del tiempo, se incorpora en la del mismo Dios, y vive en la eternidad.” Poco durarían las promesas de Pelagio, seis meses más tarde, cuando vio que Maximiliano no le devolvería sus riquezas mal habidas, empezaría a retirarle el apoyo celestial siguiendo las directrices marcadas por el CEO de la trasnacional más antigua. Siguieron varios discursos más, entre ellos el del general Ignacio De Mora y Villamil, Marques de Rivas Cacho, quien  a nombre de las fuerzas armadas  apuntó que “el ejército en el año de 1821 consumó la separación de la metrópoli, proclamando el gobierno imperial, que felizmente ha sido restaurado, por el generoso auxilio de la Francia, de su magnánimo Emperador, y por la heroica resolución de V. M., que se nos presenta como el iris, asegurando la concordia entre los mexicanos, después de cuarenta años de turbaciones y desastres.” Vaya muestra de desvergüenza exhibida por un militar.  Tras de escuchar todo aquello, finalmente Maximiliano abrió la boca.

 Empezó por indicar como “con orgullo recordaré siempre el instante en que, respondiendo al llamamiento del pueblo mexicano, he podido entrar gustoso y lleno de las más halagüeñas esperanzas de un feliz porvenir, en nuestra hermosa y brillante Capital. Con sentimiento de vivo placer saludamos la Emperatriz y yo a las altas Dignidades [¡!]  del Estado, a las Autoridades, Corporaciones e Ilustre Ayuntamiento de este centro de nuestro vasto Imperio.” Este imperio no existía sino en la mente calenturiente de los ambiciosos y del intruso.  Volvamos al; texto.

“Vosotros, señores, sois los que principalmente tendréis que apoyarme en la difícil y grande misión que la confianza honrosa de la Nación ha puesto en mis manos. La buena voluntad, y puedo también añadir, el ardiente patriotismo que me animan; la alta inteligencia, la larga experiencia que os distinguen, señores, nos harán posible, uniendo nuestros, esfuerzos y estando todos animados por un mismo espíritu de “Equidad en la Justicia,” satisfacer los justos deseos de la Nación.  Un gobierno fuerte apoyado sobre una base libre, que respete y proteja los derechos de cada uno, que una y dirija los partidos y las opiniones al mismo fin, el del bien público, que defienda y ampare con severas leyes la propiedad y abra a la inteligencia un ancho camino que lleve el comercio y la industria á un libre desarrollo, facilitará a nuestra bella patria, enriquecida con los más valiosos dones de la naturaleza, el lograr a la sombra de una paz vivificadora su verdadera grandeza.” O jugaba al “tío Lolo” o no sabia que enfrente de él tenía una parvada de pillos, vestidos elegantemente, cuya ambición única era ver como rellenaban las alforjas con bienes y monedas.

“La tarea del Imperio será llevar a cabo aquel edificio cuyos, santos e inquebrantables fundamentos han sido puestos por este noble pueblo en los días gloriosos de la Independencia, coronar aquella obra que, comenzada sobre campos sangrientos, después de ardientes luchas, debe traernos ahora bajo la protección del Todopoderoso los frutos sazonados de una prosperidad duradera.” Como hablar de independencia estando atado con la transnacional más antigua y el gobierno francés. Para cerrar, clamaba: “¡Mexicanos! Dios os ha dado la fuerza y los elementos paira conseguir este fin; adoptémoslos con celo y perseverancia para el bien y continuo progreso de nuestro hermoso país.” 

Ese era el inicio de lo que, tres años y siete días más tarde, habría de concluir en una desventura. Para entonces, la abrumadora mayoría de quienes lo alababan al llegar ya se habían retirado. Para algunos el negocio no había sido lo redituable que esperaban, varios más actuaron conforme a su naturaleza y se alejaron al ver que aquello no iba a ninguna parte y que sus fortunas corrían riesgos. Pocos querían recordar que en todo aquello la mano que meció la cuna moraba en las colinas de la ciudad eterna y cuando vio que era un mal negocio se retiró y dejó embarcado al crédulo, así han actuado a lo largo de la historia. Tres años de atraso nos costó sacar a este aventurero de México. Recordémoslo siempre. [email protected]

Añadido (22.32.89) ¿Cuál será la postura de los dueños del Partido Verde después de la salvajada ocurrida en Chihuahua, continuaran de aliados?

Añadido (22.32.90) Cuando en una nación las cosas marchan a la perfección, sus dirigentes tienen más que merecido irse a practicar su deporte favorito. Faltaba más.

Añadido (22.32.91) Aquellos eran los “Washington Generals,” estos son los “Cabos del IMMS.” 

Añadido (22.32.92) Les avisamos que Adam Smith, Say, David Ricardo, Quesnay, Malthus, Marx, Keynes, Menger, Von Hayek, Friedman, Schumpeter, Samuelson, y varios más tendrán que hacer un espacio en su club selecto. En México, ya hay un revolucionario de la ciencia económica quien ha encontrado que para bajar la inflación la solución es otorgar subsidios.  ¿Alguien puede negarse a caer rendido ante tanta sapiencia? Por favor, no se olviden de nominarlo para el Nobel de Economía.

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