El inicio de la pandemia de Covid-19 vislumbró las deficiencias de muchos de los sistemas de salud, no solo en nuestro país, sino en la mayoría de los países latinoamericanos, que durante estos años de emergencia sanitaria se han visto superados por las circunstancias en varias ocasiones.
Detrás de las altas tasas de contagio y mortalidad en nuestro país y en el continente, se esconde un sistema de salud roto, que no ha permitido al Gobierno afrontar con las medidas adecuadas esta crisis sanitaria.
En los últimos años, el Gobierno federal ha recortado miles de millones de pesos al sector salud.
Es por ello que últimamente el sistema ha enfrentado a una población que además de haber envejecido, presenta ya grandes índices de enfermedades crónicas que demandarán tratamientos costosos y prolongados, que pondrán a prueba –más aún– la capacidad del Gobierno para generar políticas pçublicas que disminuyan el rezago en materia salud pública.
Vayamos por partes. Cifras de la Conapo estiman que la transición demográfica será el cambio más notorio del siglo 21 en la República Mexicana.
En la década de los 70, la apuesta era disminuir el número de nacimientos, que en ese tiempo alcanzaba los siete hijos por pareja, pero aunque se redujo significativamente la tasa de fecundidad hasta llegar a un promedio de dos hijos por familia, con los avances de la medicina se elevó hasta los 82 años la esperanza de vida de los mexicanos; el resultado, una población que envejece a pasos agigantados.
Hoy en México hay más adultos mayores de 60 años que niños menores de 14. Para 2050 se estima a una cifra de 17.4 millones de niños de 0 a 14 años y 28 millones de personas de más de 65 años, quienes representarán una cuarta parte de la población.
Con el tiempo, ese grueso sector de la población de tipo geriátrico demandará tratamientos que requerirán una mayor carga presupuestaria. Actualmente –sin dejar de lado la amenaza del Covid-19– son nueve las enfermedades crónico-degenerativas de mayor incidencia en la población mexicana, que además de cobrar el mayor número de vidas, demandan al Estado mayores recursos presupuestarios para su atención cada año.
La diabetes, el cáncer, los padecimientos cardiovasculares, cerebrovasculares, enfermedades crónico respiratorias, hipertensión, obesidad y enfermedades del hígado son los enemigos número uno de la salud pública en México.
Para 2021, la principal causa de muerte en nuestro país, por encima del Covid, fueron las enfermedades del corazón, y en un tercer lugar la diabetes.
A este factor es preciso sumar el resto de enfermedades crónico-degenerativas, que no solamente son las más complicadas de tratar, también son las que demandan mayores recursos económicos, pues su tratamiento es caro y de muy larga duración.
Dicha problemática no solo es un asunto del grupo de mayor edad, pues en todos los niveles de edad adulta e incluso entre los infantes se presentan problemas de salud que antes no eran frecuentes, resultado del sedentarismo y los estilos de vida poco saludables que predominan entre las poblaciones urbanas.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que México es la nación con mayor obesidad en el mundo, mientras que el segundo Estudio sobre los Sistemas de Salud en México OCDE 2016 resalta que uno de cada tres niños tiene sobrepeso u obesidad, y en la población adulta 71% la padece.
Esta enfermedad es denominada de alto riesgo porque de ella se derivan otros padecimientos, como es el caso del Covid grave, de la diabetes y enfermedades del corazón y el hígado.
El sistema de salud del país enfrenta desde hace tiempo el reto de aumentar la afiliación de personas que, en su mayoría, se encuentran en la economía informal, pues de acuerdo con el informe de la OCDE, 60% de los trabajadores mexicanos está en esa situación.
Sin duda, el diagnóstico del sistema de salud en México es delicado, y de no atenderse desde ahora, en los próximos años podría entrar en terapia intensiva. Si no es, que ya lo hizo.
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