El agua como un don de Dios y un derecho sin fronteras es lo que el Papa León XIV nos invita a defender en la intención de oración para este mes de septiembre.
El agua, fuente de fecundidad, frescura y esperanza, es para millones de personas un bien escaso, inseguro o inaccesible: 2,100 millones de personas carecen de acceso seguro al agua potable; 3,400 millones no cuentan con saneamiento regulado de forma segura; 1,700 millones carecen de servicios básicos de higiene en el hogar, y 611 millones no cuentan con ninguna instalación para lavarse las manos, según datos de la OMS/UNICEF.
Por ello, el Papa León nos invita a dar gracias a Dios por el don del agua y a elevar nuestra oración para que la humanidad aprenda a custodiar el agua con gratitud, justicia y responsabilidad, reconociendo en ella un derecho sin fronteras.
La oración incluye el que pidamos perdón por haberla convertido en mercancía, olvidando que es un regalo universal, siendo sensibles y compasivos frente al dolor de tantos hermanos y hermanas que no tienen agua limpia o tienen que caminar kilómetros para encontrarla, o que enferman por su escasez.
El agua es esencial para la vida y en el adecuado acceso a ella se juega la dignidad de cada persona y la justicia entre los pueblos.
La creciente escasez de agua dulce, la contaminación de fuentes naturales y la desigualdad en el acceso a este recurso esencial afectan a la humanidad de forma crítica.
Urge aprender a tener un estilo de vida saludable, atento al consumo, donde cada acto de compra se convierta en un acto moral y responsable. Utilizando los recursos naturales según la necesidad y la moderación, denunciando excesos y evitando caer en una explotación indiscriminada. Sin olvidar que la propiedad privada no es un derecho absoluto y, por tanto, la Casa común debe ser cuidada también para las generaciones futuras.
La Iglesia debe acompañar este compromiso por la defensa del acceso al agua potable y a los servicios sanitarios, promoviendo proyectos de acceso al agua en las zonas donde las poblaciones lo necesitan, campañas de limpieza y actividades de educación para el cuidado del agua y la higiene.
El Papa León nos invita a educar nuestras acciones personales: duchas más breves, reparar fugas, cerrar la llave del agua cuando no se usa, no contaminar desagües, arroyos ni ríos, consumir con responsabilidad y sobriedad y crear redes con personas y comunidades comprometidas con el cuidado del agua.
La plegaria concluye pidiendo que el Espíritu Santo nos transforme en peregrinos de lo esencial, capaces de vivir con sobriedad, denunciar el derroche y la contaminación y defender el derecho de cada persona a beber agua limpia, sin miedo y sin desigualdad.
Pregunta vital: ¿En la región donde habitas, el agua limpia es accesible o está en riesgo o en peligro?
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