El derecho a la protesta es inalienable. No está sujeto a regateos. Cualquiera –y debe incluso– ejercerlo en algún momento que considere necesario. Sin cortapisas.
Aunque una cosa es protestar, legítimo, y otra directamente oponerse a todo por sistema, asumiendo un concepto de rebeldía mal entendida.
Saltillo es una ciudad peculiar. La gran mayoría detesta el conflicto, y muestra de forma pasiva su conformidad con el status quo, lo cual se confunde a veces con apatía.
Quien desde su individualidad intenta obtener apoyo masivo a una causa, la que sea, encuentra generalmente una resistencia que puede llegar a frustrar en algún momento y como reacción culpar a terceros. Eso, o que simplemente no ha tenido la capacidad para convencer a otros de su iniciativa.
Es el caso de una parcialidad pequeña vinculada con Morena en la capital, prácticamente los mismos de siempre, identificados por nombre y apellido y con los dedos de la mano como habituales manifestantes independientemente del caso que se trate, quienes al enterarse que sería sometida a votación la continuidad de Aguas de Saltillo como empresa paramunicipal, adherida esta con un proyecto de infraestructura hidráulica para garantizar el abasto hasta 2040, iniciaron una serie de manifestaciones antes, durante y después de la determinación, la cual se votó ayer en sentido positivo (14 a 5).
Así el uso y explotación de la red de agua potable y alcantarillado por un término de 25 años, que vence en 2026, se ampliará hasta 2034 si el Congreso del Estado no dice otra cosa.
Justo es decirlo: no existen ya las unanimidades, si es que existieron en algún momento de la historia. Ninguna decisión, por más atractiva que sea ésta, logrará consenso total en los tiempos que se viven.
En cualquier área del conocimiento. Y es natural. Tanto que ni entre los propios integrantes del cuerpo edilicio que integran la facción de Morena la hubo, pues de seis ediles, sólo cinco votaron en contra.
En su estrategia piden ahora una consulta popular. Ahora bien, ¿y qué no es el Cabildo un órgano colegiado en donde partidos con diferentes emblemas arriban a él como representantes populares gracias a los votos obtenidos y deliberan en función del interés general?
La respuesta es sí. Como también lo es la Legislatura estatal vía los diputados locales que representan a un distrito electoral y por ende a sus habitantes en él.
Dicho de otra forma: el pueblo, ese concepto que tanto gusta a los populistas, está ya en la mesa de Cabildo a través de los regidores y síndicos. Los ciudadanos depositaron en ellos previamente su confianza para que decidan asuntos públicos en su nombre. Lo mismo sucede con los legisladores. (Disculpe que se tenga que explicar lo obvio, pero la discusión que se pretende iniciar es tan elemental que no es ocioso recordar los puntos básicos).
El 22 de octubre aquí se publicó que Saltillo ya no es el pueblo de adobe, tamales y pan de pulque concentrado en el Centro de la ciudad. Por el contrario: es una urbe dispersa, marginal, en constante crecimiento. Los 400 mil habitantes anteriores a la llegada de GM se triplicaron en 40 años. Lógicamente la demanda del servicio de agua potable con ello. No se puede seguir atado a la piedra ni añorando el ayer.
Por ello un Ayuntamiento para ser eficiente tiene que delegar, no concentrar atribuciones bajo el dogma de la soberanía y autonomía municipal. Principalmente cuando se trata de aspectos técnicos trascendentales.
Entre más alejados de la grilla, mejor, especialmente cuando la ciudad –de acuerdo con el Plan Municipal de Desarrollo 2022-2024– aumentará al doble la demanda de agua en un plazo de solo 14-15 años y se debe actuar en consecuencia.
Cortita y al pie
Por lo demás, la disputa de la bandera que los acredite como líder de la revuelta ha empatado a Diego del Bosque y Ricardo Mejía, en la mayoría de los temas de 2022 a la fecha. El agua de Saltillo no ha sido la excepción.
Ninguno de los dos propone uno nuevo; simplemente se cuelgan de otros coyunturales –los que tengan apariencia de polémicos– por coincidencia o por falta de ideas, y atizan el resentimiento social con sofismas, falacias y falsos dilemas para eventualmente capitalizar simpatías. A eso le llaman oposición.
Inclusive, el viernes pasado, un militante de Morena cuestionó en público a su dirigente partidista por “colgarse de las luchas” de terceros y ser “un farsante”.
La última y nos vamos
No es un asunto menor tener agua entubada en su domicilio y para dimensionarlo solo basta ver al vecino Monterrey, así sean otras las circunstancias. No hay secretos: los técnicos a lo técnico, los especialistas a su materia, y los grillos de ocasión al basurero de la historia.
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