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El álbum de futbol 2026 entrelaza economía, cultura y emoción

Por Federico Muller

Hace 5 meses

Antecedentes

En la Italia de la posguerra, hacia 1945, Olga Panini, madre y viuda, junto con sus cuatro hijos, instaló un modesto quiosco de periódicos junto a la Catedral Metropolitana de Santa María Asunta y San Geminiano, en el corazón de la ciudad de Módena, al norte de Roma. El lunes era el mejor día para el negocio. Las ventas se multiplicaban, pues los aficionados al futbol compraban los diarios para enterarse de los resultados de la Serie A italiana disputados el domingo anterior. La radio y la prensa deportiva comenzaban a liberarse gradualmente del control estatal.

La Segunda Guerra Mundial y la sombra de sus líderes totalitarios empezaban a quedar atrás, mientras el deporte profesional se convertía en un “antídoto” frente a la incertidumbre y el miedo que imperaron entre la población civil durante la cruenta conflagración que fracturó el tejido social de buena parte de Europa. Esa coyuntura fue aprovechada por la iniciativa comercial de Olga Panini. En 1960, su hijo mayor, Giuseppe, se interesó por un lote de cromos con fotografías de futbolistas italianos. Por una cantidad módica de liras (moneda de Italia antes del euro), adquirió la colección deportiva de una editorial establecida en Milán que no había logrado éxito en el mercado. Y que tenía destinada a engrosar los archivos muertos de la empresa.

El ingenio de la madre y la visión del joven quedaron de manifiesto cuando decidieron vender las estampillas de manera innovadora para la época: dos cromos por sobre de papel. El mercado recompensó la idea con más de tres millones de paquetes vendidos. Para la temporada 1961, mandaron imprimir en una imprenta de la localidad un álbum donde los aficionados pudieran pegar las imágenes. Más de 15 millones de “sobrecitos” se llevaron los “adoradores” del futbol. A partir de entonces, las ediciones coleccionables continuaron publicándose año tras año. En 1970, gracias a un acuerdo con la FIFA, el álbum del Mundial de México se vendió también en el resto de Europa, marcando el salto internacional de la empresa.

 

La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA)

Si bien es cierto la FIFA se clasifica en el “sector jurídico” como una organización sin fines de lucro, no obstante, opera como una empresa transnacional, que monetiza la pasión de los hinchas por el futbol. Tiene presencia global, al agrupar a más de 200 federaciones afiliadas alrededor del mundo. Aunque no produce bienes materiales, su función consiste en regular y administrar el futbol internacional mediante reglamentos, calendarios, competencias y sistemas de organización que rigen a selecciones, ligas y clubes profesionales.

Su poder económico y simbólico trasciende diferencias políticas e ideológicas: democracias, monarquías y dictaduras participan por igual en el sistema futbolístico internacional impulsado por la FIFA. Parte de su permanencia y éxito financiero puede atribuirse a la sencillez y popularidad del futbol, un deporte practicado más allá de credos religiosos, clases sociales o posturas políticas.

 

El convenio entre los hijos de doña Olga Panini y la FIFA

Después de la Copa Mundial de la FIFA Inglaterra 1966, el espectáculo futbolístico dejó de limitarse a los estadios y a las transmisiones radiofónicas o televisivas. La visión comercial de los directivos de la FIFA permitió extender el futbol hacia nuevas formas de consumo cultural y mercadotecnia. La dimensión simbólica y emocional del deporte -hasta entonces escasamente explotada- comenzó a transformarse en un producto comercial con la aparición del álbum oficial de estampitas durante la Copa Mundial de la FIFA México 1970.

A través de la compra, intercambio y colección de cromos con fotografías de futbolistas, el aficionado no sólo adquiría imágenes deportivas: también participaba en una experiencia emocional de pertenencia, identidad y prestigio social. El álbum convirtió sentimientos colectivos y pasiones populares en mercancías culturales con valor económico dentro de un mercado globalizado. Tan rentable como el manejo de licencias y derechos, que monopoliza, para transmitir-por los medios masivos de comunicación-los partidos de futbol de las selecciones nacionales.

 

El precio de llenar el álbum

Completar el álbum oficial de la Copa Mundial de Futbol 2026 exige alrededor de mil cromos, que se adhieren en los espacios reservados para cada jugador en las páginas del libro. El álbum en sí tiene un precio que oscila entre 100 y 350 pesos, según la edición adquirida en tiendas de conveniencia. Los precios de los sobres con estampas varían entre 25 y 2 mil 500 pesos, dependiendo de la presentación y la cantidad de cromos incluidos.

El coleccionista que intente llenar el álbum sin recurrir a intercambios puede llegar a desembolsar hasta 35 mil pesos, cifra que convierte la colección en un verdadero lujo popular. Además, la probabilidad de encontrar la última estampa -la pieza final que completa el álbum- es apenas de 0.7% por sobre, lo que incrementa la dificultad y el costo. Así, el álbum Panini se convierte en un producto que combina emoción, azar y consumo, reflejando cómo la pasión futbolera se transforma en mercancía cultural dentro de un mercado globalizado.

 

Sicología del coleccionismo y la recompensa emocional

La inclinación humana hacia los juegos de azar y las dinámicas de recompensa forman parte de la conducta social; en algunos individuos, esa predisposición puede derivar en ludopatía. No obstante, el mercado de intercambio de estampillas mundialistas -integrado principalmente por niños, jóvenes y padres de familia- no suele alcanzar niveles patológicos ni formas extremas de fanatismo deportivo. Sin embargo, diversos estudios de la sicología social señalan que la sensación experimentada al abrir un “sobrecito” guarda semejanza con los mecanismos emocionales que se activan frente a una máquina de apuestas en un casino: expectativa, incertidumbre y recompensa inmediata.

Encontrar el cromo faltante produce en el coleccionista una sensación de conquista y satisfacción que justifica emocionalmente el tiempo y el dinero invertidos en completar el álbum. Por el contrario, cuando la “suerte” no resulta favorable y aparecen estampillas repetidas, surge una frustración momentánea que rápidamente es sustituida por la perseverancia y el deseo de continuar comprando e intercambiando cromos.

 

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