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La Jornada
Publicado el sábado, 14 de febrero del 2026 a las 18:48
Nueva York.– El ritual matutino de pasar por una cafetería para comprar café comienza a convertirse en un lujo para muchos estadunidenses. Tras años de incrementos constantes, el encarecimiento de la bebida ha llevado a consumidores habituales a modificar —e incluso abandonar— uno de los hábitos más arraigados en el país.
Durante años, Chandra Donelson, de 35 años y residente en Washington, D.C., iniciaba el día con una parada obligada en McDonald’s para comprar café con diez sobres de azúcar y cinco de crema. Más tarde cambió a caramel macchiatos de Starbucks con leche de almendras y jarabe extra. Sin embargo, el alza de precios la llevó a tomar una decisión drástica: dejar el café.
” Lo hice a diario durante años. Me encantaba. Esa era mi rutina. Y ahora ya no lo es”, relata.
De acuerdo con el más reciente Índice de Precios al Consumidor, los precios del café en Estados Unidos subieron 18.3 por ciento en enero respecto al mismo mes del año anterior. En los últimos cinco años, el incremento acumulado alcanza 47 por ciento, según datos oficiales.
El impacto se refleja en testimonios como el de Liz Sweeney, de 50 años y residente en Boise, Idaho, quien redujo su consumo tras considerar insostenible el gasto. Antes bebía hasta tres tazas diarias en casa y visitaba cafeterías con frecuencia; ahora limita su consumo a una taza y sustituye la cafeína con refresco.
Dan DeBaun, de 34 años, en Minnetonka, Minnesota, también ajustó su presupuesto. Mientras ahorra junto a su esposa para comprar una vivienda, dejó las cafeterías y optó por preparar café en casa con producto adquirido en Trader Joe’s.
” “Lo que antes era un café de 2 dólares, ahora es de 5 o 6 dólares”, señala.
Datos de Toast, plataforma de pagos utilizada por más de 150 mil restaurantes, indican que el precio mediano de un café caliente regular alcanzó 3.61 dólares en diciembre, mientras que los cold brew se ubicaron en 5.55 dólares, con variaciones según la región.
Estados Unidos importa prácticamente todo el café que consume. Aunque en 2025 algunos aranceles afectaron el comercio del grano, posteriormente fueron eliminados. Analistas atribuyen el encarecimiento principalmente a factores climáticos que han afectado la producción mundial: sequías en Vietnam, lluvias intensas en Indonesia y condiciones cálidas y secas en Brasil redujeron el rendimiento de los cultivos y presionaron los precios internacionales.
Pese al aumento, dos tercios de los estadunidenses continúan bebiendo café a diario, según la Asociación Nacional del Café, lo que evidencia la fortaleza cultural del consumo.
Otros consumidores han optado por alternativas más económicas. Sharon Cooksey, de 55 años y residente en Greensboro, Carolina del Norte, solía comprar un latte de caramelo en su sucursal local de Starbucks casi cada mañana. Primero migró a preparar la marca en casa y después cambió a Lavazza, que encontró hasta 40 por ciento más barata en supermercados como Publix.
Aunque reconoce que extraña el componente social de la cafetería, afirma que el ahorro compensa la ausencia.
” “Una bolsa de granos que me dura semanas cuesta lo mismo que un solo latte”, comenta.
Donelson, por su parte, sustituyó su café diario por una mezcla de The Republic of Tea con miel, tras enfrentar la suspensión temporal de su salario durante un cierre gubernamental.
” “Veinte centavos por taza frente a 7 u 8 dólares. Las cuentas simplemente cuadran”, concluye.
El alza sostenida del café, una bebida emblemática en la vida cotidiana estadunidense, revela cómo la presión inflacionaria está reconfigurando incluso los rituales más arraigados.
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