Saltillo
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Grupo Zócalo
Publicado el domingo, 15 de febrero del 2026 a las 06:24
Alondra Martínez | Saltillo, Coah.- En Saltillo, conocer personas a través de aplicaciones de citas ha despertado el interés por encontrar un vínculo verdadero.
La búsqueda de vínculos afectivos entre jóvenes y adultos cada vez inicia menos en las calles, cafeterías y en lugares concurridos para socializar en la ciudad; por ello, el uso de aplicaciones de citas como Tinder, Bumble, Grindr y Facebook Parejas, tanto saltillenses como foráneos, muestra un crecimiento constante.
El encontrar pareja a través de intermediarios no es algo nuevo; de hecho, comenzó desde la época de los 60 mediante cuestionarios, extendiéndose con la llegada del internet hasta los 90 con sitios web de citas como Match.com, en el año 2000 con las redes sociales del tipo OkCupid, hasta el 2009 con la aplicación de Grindr para personas de la comunidad LGBTTTQIA+ y, con el panorama abierto a todo el público, el famoso Tinder.
Con la llegada del Día del Amor y la Amistad, la sobreexplotación publicitaria se posiciona en calles, cine, televisión y redes sociales, reforzando la idea de que tener pareja es una meta que debe cumplirse.
En este contexto, el auge de las apps de citas incrementa ante la suposición de que todos buscan un vínculo afectivo conforme se acerca el 14 de febrero.
Si bien, en Saltillo, la presencia de estas aplicaciones puede representar aún en la sociedad ser vista como un tabú, la llegada de personas provenientes de otras ciudades, estados de la república y otros países insertan otro panorama entre los ciudadanos, al abrirles mayormente el panorama a que es más fácil y rápido “datear” mediante las apps o redes sociales.
Aunque no existen cifras públicas específicas sobre Saltillo, a nivel nacional el uso de aplicaciones de citas ha crecido de forma notable: en 2026, más de 38 millones de personas en México han descargado una app de citas y más de 8.6 millones están activamente buscando vínculos afectivos mediante estas plataformas.

En una época donde el tiempo parece escaso y las dinámicas sociales han cambiado, las apps de citas se han convertido en una herramienta cotidiana para conocer gente. Ya no se trata únicamente de encuentros casuales o de jóvenes universitarios; hoy participan personas de todas las edades y contextos.
Para la sicóloga Marta Sánchez Pérez, especialista en educación integral de la sexualidad, quien cuenta con más de 20 años de experiencia en el ámbito clínico y educativo, las aplicaciones de citas no surgen por casualidad, pues la tecnología y estas apps en nuestros tiempos se crean con la intención de facilitarnos la vida.

“Vivimos en un momento acelerado, con tiempos cortos, trayectos largos y una constante sensación de estar aprovechando cada minuto”, expresó.
Desde esta lógica, las apps de citas responden a una necesidad muy clara: optimizar el tiempo incluso en la búsqueda de relaciones afectivas. Si antes el cortejo implicaba encuentros en plazas, bailes o reuniones sociales, ahora un algoritmo permite filtrar compatibilidades en cuestión de segundos.
“Las relaciones ya no necesariamente están ligadas a formar una familia o a tener hijos. También hay una apertura mayor hacia distintas formas de vivir la sexualidad”, explicó.
En ese sentido, las aplicaciones no crean la transformación, sino que la acompañan. Ofrecen espacios tanto para quienes buscan una relación estable como para quienes desean encuentros ocasionales, algo que hace algunos años estaba más estigmatizado.
La especialista menciona investigaciones que muestran cómo los procesos de seducción han migrado hacia lo digital sin cambiar del todo su esencia de los pasos del cortejo.

“El primer contacto muchas veces es a través de Instagram: un like, una reacción a una historia, luego el intercambio de mensajes, después WhatsApp, y finalmente el encuentro presencial”, contó.
La diferencia es que ahora cada persona controla cuidadosamente qué mostrar. Los perfiles se convierten en vitrinas cuidadosamente editadas. Filtros, descripciones estratégicas y fotografías seleccionadas construyen una versión idealizada de uno mismo.
“En el mundo virtual cada quien se presenta como desea, no siempre como es”, advierte Sánchez Pérez. “Mientras tengamos claro que existe esa idealización, los riesgos pueden disminuir”.
Uno de los debates frecuentes en torno a las apps es si las personas buscan algo serio o únicamente experiencias sexuales. La especialista afirma que existen ambos perfiles y que, a diferencia del pasado, ahora hay mayor claridad desde el inicio.
“Hay personas que evidentemente utilizan las apps solamente para contactos sexuales ocasionales y lo tienen claro; estas nuevas formas de relacionarnos también han implicado la necesidad de esa claridad desde el inicio”.
Para la sicóloga, más allá de prohibir o satanizar, el enfoque debe estar en la educación emocional y la salud mental.
“La manera en la que se relacionan las personas, adicionándoles una herramienta, pues obviamente es lo que pudiera generarles angustia, estrés y muchas otras sensaciones”, enfatizó.
Sánchez Pérez destaca que muchas personas llegan a estas plataformas impulsadas por el miedo a la soledad. Si la motivación principal es llenar un vacío emocional urgente, el riesgo de frustración aumenta.
La sicóloga concluye con una reflexión importante: la forma en que conocemos a alguien es menos relevante que la forma en que nos relacionamos después.

“No importa si conociste a la persona en una aplicación, en una plaza o en un funeral. Lo importante es cómo te vinculas”, señaló.
Si una persona no puede establecer relaciones fuera del entorno digital o desarrolla dependencia hacia las apps, podría tratarse de un síntoma de algo más profundo.
En el contexto del 14 de febrero, las aplicaciones de citas reflejan una realidad contemporánea: el deseo de conexión sigue intacto, pero los medios han cambiado. El algoritmo no sustituye la emoción, pero sí filtra, organiza y acelera procesos que antes podían tomar meses.

En un mundo hiperconectado, donde un mensaje puede cruzar el planeta en segundos, las relaciones también buscan adaptarse a la inmediatez. Sin embargo, tanto especialistas como usuarios coinciden en algo: ninguna tecnología reemplaza la responsabilidad emocional.
El amor en tiempos digitales puede comenzar con un “match”, pero su éxito no depende del algoritmo, sino de la honestidad, la claridad y la forma en que cada persona decide vincularse y demostrar quién realmente está detrás del teclado.

Para una joven usuaria foránea en Saltillo de Facebook Parejas, la decisión de entrar a una aplicación no estuvo motivada por desesperación, sino por curiosidad y circunstancia:
“Fuera del trabajo no conocía a nadie; en una reunión con las amigas de mi hermana me sugirieron usar una app, me dijeron que en esa era mejor ‘porque tú eliges’, tú le das me gusta para que te pueda hablar, como tú elegirlo”, contó en anonimato.
Ella comenzó a usar la plataforma en enero del año pasado. Al inicio, la experiencia fue intensa: muchos mensajes, perfiles distintos y conversaciones constantes. Uno de los primeros contactos fue con un hombre mayor que ella, divorciado y con un hijo.
Según la joven, después de haber platicado unos días con el hombre, un día, después de quedarse dormida sin responder un mensaje, él desapareció y la bloqueó sin explicación.
Ese episodio, aunque no fue traumático, ilustra uno de los fenómenos comunes en el mundo digital: el ghosting.

Otro de los temas delicados en el entorno digital es el intercambio de contenido íntimo. La joven entrevistada es clara: personalmente no lo haría, ni siquiera con parejas formales, ya que no le gustaría que se hiciera mal uso de esas imágenes.
Aunque el uso de aplicaciones es cada vez más común, todavía existe cierto estigma social. La joven reconoce que le daba vergüenza que otros supieran que utilizaba Facebook Parejas.
A pesar de ese prejuicio inicial, su balance ha sido positivo. Ha salido con varias personas y, aunque no todas se convirtieron en relaciones formales, la mayoría fueron experiencias agradables.
Incluso destaca un beneficio inesperado: conocer mejor la ciudad. Al salir con personas locales, descubrió lugares y espacios que no conocía.
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