Coahuila
Hace 9 horas
Abandonados y por derrumbarse…
El amor o el desamor, el encuentro o el desencuentro. ¿Cuántos noviazgos surgieron en las salas cinematográficas, cuántos culminaron en el matrimonio para siempre? “La llevé al cine” o “me llevó al cine” eran frases comunes en la juventud de mi tiempo.
Y es que el cine de antaño no era una simple sala de proyección de películas, era el refugio de los enamorados; templos de la ilusión, escenario que dejó una huella imborrable en muchos, donde la magia comenzaba desde la invitación, como un ritual de enamoramiento o conquista, desde la iluminada marquesina y el olor a palomitas.
Su legado queda en nuestro recuerdo, con nostálgico pasado inalterable.
Sería largo o tal vez tedioso enumerar aquellas salas cinematográficas de nuestra juventud que ofrecían una atmósfera de amor e intimidad, que difícilmente el cine moderno tiene. La “permanencia voluntaria” nos permitía más tiempo y espacio con nuestros amores. El séptimo arte era un pretexto para vernos inmersos, no sólo en la función. La tarde-noche era como “una cita eterna”. “¡Límpiate los labios, los traes llenos de colorete!”.
El cine de antaño era un evento grandioso, comunitario y mágico que ahora a perdido ese candor de la inmediatez por la comodidad de la tecnología. Cambian las formas o los modos del romanticismo en parejas
No sólo era cultural y romántico, sino glamoroso. Ir al cine era un evento especial en nuestras vidas; a diferencia de ahora, prevalecía el ritual, la desesperante espera por la dama y la unión del público en una experiencia inolvidable.
La transición a Multicinemas y luego a grandes cadenas modernas (tipo Cinépolis/Cinemex) en los años 70-90 priorizó la comodidad (asientos reclinables) y la oferta diversa, desplazando la magia romántica de las salas de una sola pantalla.
Ahí, como mudos testigos, existen varios cines en Saltillo, abandonados y algunos por ceder ante el paso del tiempo, como el Cinelena, el Cine Mundo, el Palacio que fue convertido su bello edificio en zapatería. La sala ahora sirve de almacén de calzado. Dicen los empleados que a veces se oyen voces y es que el cine se niega a morir.
Una de esas salas es el Cine Florida construido 16 años después del cinema Palacio, por el mismo empresario saltillense don Gabriel Ochoa Aguirre, inaugurado el 15 de junio de 1957 en la calle Juan Álvarez, entre Allende y Acuña en el centro de Saltillo, donde antes fuera la Plaza de Toros, Guadalupe, antecesora de La Armillita; fue una sala con capacidad para casi 3 mil personas. Actualmente, el inmueble se encuentra abandono.
La primera película que exhibió por su pantalla fue Trapecio, una producción de Hollywood, protagonizada por Burt Lancaster, Tony Curtis, Gina Lollobrigida, Elizabeth Taylor y Katy Jurado.
El Ayuntamiento de Jericó Abramo Masso pretendía comprarlo para instalar a vendedores ambulantes en una especie de mercado popular. Otro se convirtió en iglesia metodista.
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