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Coahuila

El arte de comunicar

Por Irene Spigno

Hace 2 meses

Comunicar es la base las relaciones humanas. De todas las relaciones, de las que tenemos con nosotros mismos o con los demás. Comunicar puede tener muchas finalidades: expresar una opinión o compartir una idea o iniciativa; transmitir nuestras emociones y sentimientos; negociar para resolver algún problema y convivir con los demás en paz.

Comunicar no significa simplemente hablar. Podemos comunicarnos de muchas maneras distintas. Con nuestra voz, mirada, cuerpo. Mediante la danza y el baile, con nuestro arte, con la escritura… Podemos comunicarnos con otras personas o con otros seres: animales, plantas, divinidades, ángeles, seres superiores, o incluso cosas inmateriales. Nos comunicamos para transmitir un mensaje que, para nosotras y nosotros, es importante. Pero, en la comunicación, lo más importante es que el mensaje llegue a la persona o público al que se dirige con el mismo significado que tiene para nosotros. Es decir, necesitamos que nos entiendan.

Pero, también necesitamos comunicarnos con nosotras y nosotros mismos, para conocernos y entendernos mejor. ¿Cómo podemos comunicarnos con nosotras y nosotros? Tenemos que ir a nuestro interior con mucha sinceridad, amor y sin sentidos de culpa (pero con responsabilidad) y escucharnos, para saber qué es lo que nos gusta, lo que nos lastima, lo que queremos, lo que nos da paz.

De la comunicación al entendimiento hay un paso intermedio fundamental: la escucha. No podemos comunicarnos con nosotras mismas sin escucharnos. Y tampoco podemos comunicarnos con las y los demás sin escuchar y sin ser escuchados. Entenderse es muy difícil, por muchas razones (sociales, culturales, familiares, etc.). Pero nunca es tarde para aprender el arte de comunicar.

¿Cuál es la clave para aprender este arte? Escuchar, de manera activa y responsable. Sin una escucha activa, comunicar se convierte en una actividad unilateral y en la mayoría del tiempo estéril y probablemente en una pérdida de tiempo.

Si somos nosotras y nosotros quienes somos los primeros que no nos escuchamos, ¿cómo podemos pretender que los demás nos escuchen? ¿Y cuántas veces nos hemos sentido desesperados y frustrados cuando nos damos cuenta de que no nos están escuchando y, por consiguiente, no nos entienden?

Si no nos sabemos escuchar a nosotros mismos, tampoco sabremos escuchar a las demás personas.

¿Qué se necesita para aprender el arte de comunicar, entonces? La receta es sencilla y vale tanto para cuando somos nosotros las personas que comunicamos, pero también cuando alguien más trata de comunicarse con nosotros.

Voy a tratar de resumirla en tres puntos. El primero es la empatía, es decir ponerse en el lugar de la otra persona y pensar en cuáles serían los efectos que un cierto tipo de información y especialmente la modalidad a través de la cual la transmitimos pueden generar.

El segundo es siempre tener sensibilidad y respeto, es decir, tener toda la disposición para entender a la otra persona, dejando de lado la soberbia que nosotros somos las personas que tienen la razón.

Finalmente, amor: nunca sabemos las luchas que está combatiendo o las heridas que tiene la persona con la que estamos comunicando.

Muchos de los problemas que vivimos en lo personal, familiar, social, profesional y, en escala más grande, mundial, derivan de malentendidos fruto de una mala comunicación. ¿Cuántos problemas nos evitaríamos si aprendiéramos el arte de comunicar?

 

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