Hace unas semanas, un amigo me preguntó si mis columnas estaban dirigidas a alguien en particular o si llevaban alguna dedicatoria o mensaje oculto. Le respondí que no.
Si bien hay muchas personas, situaciones y dinámicas que me inspiran, cuando tengo algo que decir a alguien en concreto, lo hago de manera directa y explícita.
Pero hoy es diferente. El texto de hoy es la excepción que confirma la norma. Esta columna lleva una dedicatoria especial y está dirigida a algunas de las muchas personas que me cuidan día a día y que tengo el privilegio de que colaboren conmigo.
Aunque “cuidar a la jefa” no esté en sus responsabilidades laborales, hay quienes, a través de su lealtad, disciplina, compromiso y pasión por el trabajo que realizamos en defensa de los derechos humanos, demuestran cómo “se cuida a lo que realmente se quiere”.
Esto podría sonar evidente. Hace un par de semanas, mientras daba un curso sobre comparación jurídica, explicaba que uno de los pasos fundamentales de la metodología comparativa es evaluar por qué, en diferentes contextos nacionales, legislaciones o institutos jurídicos –aunque sean muy similares entre sí– pueden operar de maneras distintas.
Para comprender estas diferencias, es necesario analizar las causas detrás de las similitudes y contrastes. Para ilustrar mejor este concepto, utilicé el ejemplo del jardín del vecino.
En italiano, hay un dicho que afirma: “L’erba del vicino é sempre la piú verde”, que se traduciría como “el césped del vecino siempre es más verde”.
Esto se debe a que tendemos a mirar con envidia los logros de los demás sin considerar lo que hay detrás de esos resultados.
Quizás nuestro vecino, cuyo jardín luce más hermoso que el nuestro, lo cuida diariamente con dedicación y amor, mientras que nosotros lo descuidamos.
Dirigir un equipo es similar a cuidar un jardín. No me agrada que me vean como la jefa (a menos que sea en un tono amistoso). Prefiero sentirme y que me perciban como la líder de un equipo.
Y mi concepción del liderazgo se basa, entre otros aspectos, en el cuidado de las personas que integran mi equipo.
Deseo que se sientan a gusto en sus tareas diarias, pero también anhelo que evolucionen como individuos.
Su espacio laboral no es meramente para obtener ingresos, sino para que prosperen como seres humanos completos y felices.
No sé si hasta el momento he alcanzado los resultados que esperaba, pero esa ha sido siempre la fuerza motriz detrás de mi labor. Y cuando cuidas algo con cariño, como sucede con las plantas, marca la diferencia.
En mi caso, esa diferencia radica en que todo lo que ofrezco se me devuelve multiplicado, y se refleja en las personas que están a mi lado, quienes me cuidan y resguardan, con un compromiso que trasciende las obligaciones laborales.
Esta es una de las mayores satisfacciones que recibo a diario y representa mi concepción de equipo. Sin duda, cometeré errores, pero estos son lecciones que nos ayudan a crecer.
A mi equipo: esta columna es un agradecimiento especial y sincero para ustedes. No mencionaré nombres, pero saben a quiénes va dirigido. Como ya les he expresado en diversas ocasiones: con ustedes y gracias a ustedes, todo es posible. Gracias por cuidar de mí.
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