Se llamaba Jesús Padilla Aviña y era originario de Sabinas, Coahuila, con más de 60 años de vivir en nuestra ciudad, a donde llegó con su hermana para estudiar la secundaria en el Ateneo Fuente. “El Peladito”, le decíamos y él no quiere recordar por qué el remoquete.
Padilla Aviña o el Peladito, fue testigo de cómo Óscar Flores Tapia ascendió al poder y ya no quería bajarse de él, hasta que lo sacaron.
Esta puede resultar una singular historia, que conlleva el ascenso al poder de Óscar Flores Tapia, quien siendo presidente del PRI estatal, entabla amistad con un joven que era el secretario particular del entonces presidente nacional del poderoso tricolor, el general Sánchez Taboada.
Ese joven era Luis Echeverría Álvarez, quien prácticamente impulsó a Óscar Flores Tapia hacia los cargos públicos que ocupó ya madurito y casi en el cenit de su vida: Senador de la República, líder nacional de la CNOP y finalmente Gobernador del Estado, cuando Luis Echeverría Álvarez era el todo poderoso del país, era el Presidente de la República, nada más, ni nada menos.
Padilla Aviña comentaba que Flores Tapia y el profesor Federico Berrueto Ramón editaban una revista denominada Provincia, allá por la década de los cincuenta, y que él, “El Peladito”, era el jefe de publicidad de la publicación.
Viajaban Flores Tapia y Aviña constantemente a la Ciudad de México, para vender publicidad para la revista y allá conocieron a Echeverría, al que hizo compadre, quien con el paso del tiempo fue tomando fuerza política, una fuerza tal que el destino lo llevó a la máxima magistratura del país.
Flores Tapia, después de haber fracasado en su pretensión de ser candidato del PRI al Ayuntamiento de Saltillo, renuncia como secretario particular del general Madero, decide radicar en la ciudad de México, y acude con su compadre Luis Echeverría, quien lo instala en la publicación de un documento de corte político, denominado Ciencia y Cultura, que se constituyó en una plataforma de gran peso, que permitió destapar la candidatura de Luis Echeverría, y de ahí para el real, como suele decirse, no hubo quien lo parara.
Hizo un grandioso papel como gobernante. No concluyó su mandato porque el sucesor de Echeverría, José López Portillo, pretendió acorralarlo y obligarlo a renunciar al cargo, por cuestiones más que políticas de índole personal, renuncia que presentó Flores Tapia faltando unos 100 días para concluir su mandato.
La historia se encargó de posesionar en su respectivo pedestal a este inolvidable personaje de la política saltillense.
Padilla Aviña, así lo recuerda y se siente orgulloso de haber compartido muchos días, muchos años de su vida con Óscar, como él familiarmente le nombraba.
El peladito Aviña afirma que su mayor mérito, independientemente de la amistad con Óscar Flores Tapia, es haber sido reconocido como buen publicista para la revista Provincia, y tener el respeto y la amistad de Luis Echeverría.
La anécdota
Padilla Aviña, comentaba que él le regaló un fino reloj a Flores Tapia para que lo vendiera y que con el dinero pudiera viajar a la Ciudad de México, para instalarse y esperar la gran oportunidad de su vida, ser Gobernador de su estado.
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