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El atraso hispanoamericano

Por Francisco Martín Moreno

Hace 5 años

La escasa información historiográfica para estudiar y analizar a fondo las razones del atraso hispanoamericano, en particular la referida a la época del virreinato, dificulta severamente la tarea del investigador, quien sin duda deberá estar dispuesto a enfrentar complejas y no menos anacrónicas respuestas viscerales al tratar de deslindar en sus trabajos las diversas responsabilidades de los protagonistas de la historia.

¿Qué papel jugó la Iglesia Católica, la de la Contrarreforma, la de la Santa Inquisición, toda una autoridad espiritual, que además de enseñar el Evangelio y quemar en leña verde a los herejes, era además titular de inmensos latifundios, recaudaba sus propios impuestos y todavía extendía créditos para financiar en parte el desarrollo económico de la colonia? ¿Qué decir de una Corona Española déspota y absolutista, una Corona intervencionista en la vida económica de la Colonia, que en ocasiones llegó a conducirla prácticamente a la inmovilización a través de gravámenes confiscatorios, una Corona incapaz de consentir la menor expresión democrática ni de tolerar la autoadministración, la autogestión de los asuntos americanos? Jamás pudimos apreciar la importancia de un parlamento o de un congreso para enriquecer nuestra vida política… ¿Y la élite criolla opuesta tradicionalmente a las reformas institucionales después de nuestras guerras de Independencia? ¿Y las reformas borbónicas de finales del siglo 18?

Dos herencias negativas, entre otras tantas positivas, destacan después de 300 años de dominación española: el autoritarismo que se extiende hasta nuestros días en la vida política de nuestros países y la corrupción, una de nuestras más enraizadas instituciones, que se remonta a los años del virreinato, cuando un Estado monolítico y acaparador, defensor a ultranza de un régimen de privilegios, proponía la venta de títulos, cargos, puestos, concesiones, autorizaciones y canonjías de todo tipo a cambio de dinero.

La Corona española imponía en sus colonias cargas económicas 35 veces mayores a las del Imperio Británico en las suyas. El barón von Humboldt calculó que de 20 millones de ingresos totales de la Nueva España en 1780, 10 millones se exportaron de la colonia para sostener a una corte española alérgica al trabajo o se destinaron a la defensa de Filipinas, Florida, Cuba y Puerto Rico. El ahorro generado por las colonias, por lo general, no se invirtió en obras de infraestructura para unir los centros de producción con los de consumo. La Corona otorgaba monopolios, concedía privilegios, extendía concesiones y exenciones o los revocaba de acuerdo a los estados anímicos del virrey en turno, quien igualmente intervenía en las decisiones judiciales, contradiciéndose, si así lo deseaba al día siguiente. En consecuencia, las instituciones virreinales fueron las más enemigas de la construcción de un Estado de derecho.

El autoritarismo español; la organización ineficiente de la economía; la petrificación social que impedía la participación de la comunidad en los asuntos de la economía y del Estado; las guerras e invasiones; la Iglesia retardataria de la contrarreforma carente de un modelo espiritual de vanguardia que impulsara la creación de riqueza y bienestar en todos los estratos de la nación, en lugar de provocar la resignación e impedir la superación material; el clero dedicado a su enriquecimiento institucional, en vez de educar, según su obligación, a las masas indígenas, a las cuales sepultó en el analfabetismo con sus perversas consecuencias; las prohibiciones de acceder al enciclopedismo y a la ilustración y conocer los derechos universales del hombre; el contubernio de poderes políticos; la inexistencia de una democracia, el invernadero donde florece lo mejor del hombre; la corrupción, la monopolización por parte del Estado del proyecto educativo ante una sociedad indolente que desprecia los peligros de la ignorancia, pueden ser algunas de la razones del atraso que se pueden resumir en este apretado espacio.

Nos ha salvado nuestro sentido del humor negro y la famosa declaración de Cantinflas: “En México nunca pasa nada, hasta que pasa ,y cuando pasa, todos decimos, pues claro, tenía que pasar”.

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