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Coahuila

El aumento en las tasas de interés

Por Federico Muller

Hace 4 años

El pago de interés por un préstamo es un concepto muy antiguo en las relaciones sociales y de producción del hombre, por lo que es difícil conocer con precisión su aparición en la humanidad. Se tienen algunos ejemplos en el Antiguo Testamento bíblico, en donde se asocia su cobro con la usura (Ver. Prov. 28:8. La Biblia. TRV, 1960). Inclusive antes del advenimiento de la ciencia económica y del uso del dinero regulado por los bancos centrales, ya en las transacciones de granos o de otras materias primas en la época de la economía de trueque, con cierta frecuencia se le exigía al siervo o vasallo una cantidad adicional a lo que había pedido al redimir su deuda.

Para tratar la inflación que actualmente padecen la mayoría de los países del orbe, la teoría macroeconómica apunta que una forma de disminuirla es subiendo las tasas de interés por las autoridades financieras de los gobiernos, recomendación que se ha vuelto política casi universal. Pero con la abrogación de las barreras a la inversión y al flujo de capitales en cartera, la tasa de réditos adquirió un nuevo rol en las economías, particularmente en las emergentes y en vías de desarrollo, dependientes del comercio y el capital de los países industrializados, pues con la globalización, cuando el precio del dinero se encarece se tienen consecuencias adversas en el desempeño de las actividades productivas de una economía, independientemente de su lejanía o cercanía geográfica de los centros de poder.

Enseguida se enumeran algunas de las consecuencias más comunes percibidas por las familias de clase media y de bajos ingresos. El orden en que se presentan no necesariamente implica su preponderancia. 1) El aumento del monto de la deuda pública. De acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), en las naciones pobres, su deuda es igual o mayor a 50% de su PIB, lo que las hace más vulnerables a incrementos en el costo del dinero. En términos menos técnicos, el Gobierno tiene que distraer más recursos para el pago de sus obligaciones financieras ante el mercado de deuda internacional, desatendiendo la construcción de obra pública como la infraestructura carretera, el equipamiento y modernización de clínicas y hospitales, la financiación de créditos “blandos” a la vivienda de interés social, la edificación de espacios educativos, etcétera.

2) El encarecimiento de las importaciones. Como muchos países históricamente han sido dependientes del comercio exterior de Estados Unidos y de la Unión Europea, al subir la tasa de interés de referencia la Fed (banco central estadunidense), así como el Banco Central Europeo, influyen ostensiblemente en atraer capitales foráneos a la compra de bonos gubernamentales americanos y europeos; a través de la venta de estos, retiran dólares y euros de la circulación del mercado de dinero. Por la ley de la oferta y la demanda, el dólar y el euro “escasean” y ambos se aprecian contra el resto de las monedas nacionales.

Lo anterior quiere decir que hay que desembolsar más moneda local por la adquisición de mercancías del exterior, cuyos precios generalmente están tasados en las divisas señaladas. Así, los cereales y otros víveres de primera necesidad para el consumo suben de precio. Un ejemplo de esa malsana dependencia han sido los países de África subsahariana y centroamericanos. En esas regiones es común que sus balanzas comerciales sean deficitarias, es decir, compran más de lo que venden al mercado internacional.

3) El descenso de los flujos de capital a las bolsas. Aunque este efecto no tiene repercusiones inmediatas en la economía familiar, sí en los inversionistas de productos financieros y de bolsa, que van a preferir dirigir sus ingresos hacia la compra de bonos en detrimento de la obtención de acciones bursátiles, las cuales son parte del patrimonio de las empresas cotizantes, lo que frena sus planes de crecimiento o de modernización de sus plantas. De ahí, que las bolsas estadunidenses estén pasando por un periodo de decrecimiento.

4) Las limitaciones en el crecimiento del PIB. Al desincentivar los flujos de capital hacia la inversión directa por el encarecimiento de los créditos a la grande y mediana empresa, el capital migra hacia mercados más rentables, como el de bonos brasileño o el de los países asiáticos con estabilidad política y desarrollo. El aumento del costo de los préstamos también afecta a los pequeños productores. Lo anterior provoca que se conforme el llamado círculo perverso: menos inversión provoca que el empleo disminuya, junto con la demanda, y por si fuera poco, también los ingresos de las familias decrecen.

 

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