Coahuila
Hace 2 años
Al grito de ¡Sufragio efectivo, no reelección!, Madero convoca a la rebelión en contra el dictador presidente Porfirio Díaz, que se había “eternizado” en el cargo.
La campaña se propagó rápidamente por todo el país, surgiendo caudillos o líderes de grandes contingentes de voluntarios mexicanos que se unían a la causa maderista.
Desde uno de los balcones del legendario Hotel y Banco de Coahuila, cuya pieza arquitectónica abarcaba las calles de Allende, Victoria, Morelos y Juárez, Francisco y Madero arengó a los saltillenses para invitarlos a sumarse a la causa a fin de derrocar al presidente Porfirio Díaz, mediante unas elecciones democráticas.
Nueve años después de la inauguración de aquel quimérico edificio, desde balcón que daba hacia el norte de la calle de Allende, que sirvió para que muchos políticos aspirantes a cargos de elección popular, dirigirse al pueblo a votar con encendidos discursos, imitando al mártir de la democracia, Francisco Ignacio Madero González incita al pueblo coahuilense a mantenerse en el movimiento por él encabezado, que logra romper una cadena dictatorial en el poder de Porfirio Díaz, cuando se lanzó como candidato a la Presidencia de la República, que sirvió de acicate para despojar legítimamente de la silla del Ejecutivo federal al autocrático personaje que se mantuvo en el cargo bajo sus pantalones, más de 30 años.
El jefe de la Policía de Saltillo, identificado con el periodo gubernamental denominado “porfiriato”, intentó evitar que Madero siguiera con su discurso para enardecer los ánimos de los oyentes y era chusco, (gracioso) ver como para una película del inglés Charles Chaplin, el llamado posteriormente mártir de la democracia se pasaba de un balcón a otro, burlando al grupo de polizontes. Finalmente el originario de Parras de la Fuente fue liberado y resguardado por un buen número de sus seguidores.
Desde el mismo Hotel Coahuila, antes de firmar el famoso Plan de Guadalupe, Venustiano Carranza, se dirigía a sus conciudadanos para emprender la batalla constitucionalista contra el usurpador Victoriano Huerta, quien diera muerte a Francisco I. Madero y al vicepresidente Pino Suárez, una vez que estos llegaron al poder por la voluntad ciudadana. La dos sufrieron persecución y muerte, como lo consigna la historia por instrucciones giradas desde de la embajada de Estados Unidos en México, y por grupo de contrarios al llamado “mártir de la democracia” desde donde se fraguó el doble crimen político. Igual Suerte correría Carranza, al ser victimado antes de finalizar su mandato constitucional por intentar imponer a un sucesor, sin tomar en cuenta a otros líderes revolucionarios, encabezados por Álvaro Obregón, quien llegó al poder, pero en su según intento, fue asesinado, parte de una trágica cadena de sacrificados políticos mexicanos que se desató antes y después del periodo revolucionario en el país, que aparentemente concluyó con el sacrificio del candidato a la presidencia de la República de la era moderna Luis Donaldo Colosio Murrieta.
Este es tema para otra historia, que ahora revive el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero que es necesario recordar por los acontecimientos en que el Hotel y Banco de Coahuila fue mudo testigo del inicio de la gesta revolucionaria mexicana.
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