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El Bolero de Ravel

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 dia

Cuando veo por la tele o por mi celular las terribles imágenes de violencia que se dieron en París, particularmente este fin de semana, en mi cabeza escucho el Bolero de Ravel, es decir, el conocidísimo ritmo repetitivo por cada saqueo por parte de los estudiantes de las tiendas y boutiques. Conforme la policía francesa manda los gases lacrimógenos entre los jóvenes, escucho cómo los instrumentos que participan en la orquesta van in crescendo, no obstante la obra de Ravel, compuesta en 1928, solo tiene dos líneas melódicas repetidas con un efecto acumulativo. Se diría que se emparejan con los pasos de las botas de los policías, o bien el caminar de las hordas de preparatorianos y jóvenes, vestidos de negro, anteojos oscuros y con la cara cubierta con las notas del tambor. Una y otra vez, escucho la pieza instrumentada para flautín, dos oboes, corno inglés, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, trompeta pícolo, tres trompetas, tres trombones, tuba, dos saxofones, timbales, percusión, arpa, celesta y cuerdas.

Después de 15 minutos, que dura la melodía, y que se repite lo mismo, lo mismo y lo mismo con los tambores que marcan el ritmo, al mismo tiempo aumentan gradualmente tanto el volumen como la tensión. Desde hace años en Francia se han dado decenas de manifestaciones de los jóvenes franceses. En mayo 1968, fueron las más violentas, las que tuvieron la mayor influencia por todo el mundo. Las marchas se incrementaron en el Barrio Latino hasta culminar el 10 de mayo en la llamada Noche de las barricadas. Así fue como se inmovilizó el Gobierno de De Gaulle hasta llegar a la explosión. Cohn-Bendit fue uno de los principales líderes. Y hoy, en el 2026, todo vuelve a empezar como sucede con el Bolero, las mismas demandas, la misma frustración ante el gobierno y la misma impotencia, frente a la vida cada vez más cara y la misma tonada. En las marchas del sábado y domingo se reunieron entre 550,000 y 800,000 personas. Según el Ministerio del Interior hubo 2,397 detenidos y 500 policías heridos. Viendo las escenas de Limoges, escuché en mi cabeza el Bolero, aún más fuerte, porque los manifestantes tomaron el Ayuntamiento, rompieron ventanas e incendiaron la planta baja; pese a los bomberos, el “campanile”, que corona el edificio se derrumbó. El fuego destruyó por completo el maravilloso edificio del siglo 21. Como bien dijera el alcalde: “C’est un monument qui brule, mais pas la République” (“Es un monumento que se incendia, pero no la República”).

Como dijera el filósofo y novelista Pascal Bruckner, de 77 años, “con estos disturbios, ya ganó Le Pen”. Él vio algunos contingentes de estudiantes que llegaban frente a la ventana de su departamento de la Place de Vosges en el barrio de Marais. Los vio muy muy enojados, escuchó sus gritos, sus insultos, hacía el gobierno de Macron. “¿Qué si estoy inquieto? Evidentemente. Francia está cerca de una guerra civil. ¿Cómo es posible que la policía no sea capaz de reprimir estos movimientos. El sábado pasado por la noche no vi a un solo policía cerca de Haut-Marais ni en la Plaza de la República. Los vecinos llamaron varias veces a la policía, pero nada. Nunca vinieron. Los delincuentes tenían la calle para ellos solos. ¡Era un caos! Rompieron todos los cristales del café de la esquina. Vivimos en un país en el cual no hay Estado, ni autoridad. Vi y escuché a Macron por la noche del domingo, y lo encontré inconsistente. Cuando no hay autoridad, todas las instituciones tienden a degradarse. La gente está horrorizada. El riesgo está en que tomen las armas, ya que la policía es incapaz de defender a los franceses. Es la Francia Insumisa, la extrema izquierda que convoca a los jóvenes a desobedecer y a la insurrección. El partido de Jean-Luc Mélenchon ha sembrado el caos en Francia, pero se le va a revertir”.

Mientras se le revierte a Mélenchon, él seguirá culpando al gobierno de que todo se degenera y las marchas de estudiantes continuarán, el pillaje no parará en las boutiques de lujo y en los almacenes de mucho prestigio, “el toque de queda” se instalará en toda Francia y en los suburbios aprovecharán para seguir saqueando en tanto que Le Pen asistirá a todo tipo de reuniones, los “chalecos amarillos” llamarán a otras jornadas de protesta. Todo este caos estará más vivo que nunca en Francia hasta que lleguen las próximas elecciones presidenciales en la primavera del 2027.

Entonces sí se escuchará el Bolero de Ravel, con toda su intensidad.

 

Ático

El caos en Francia estará más vivo que nunca hasta que lleguen las próximas elecciones presidenciales en la primavera del 2027.

 

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