El break es una pausa. En inglés es una forma de decir o llamar a un descanso, y la expresión se aplica también a las relaciones erótico afectivas y a todas las vinculaciones emocionales que se realicen entre dos personas con fines amorosos o románticos. Es un descanso de tiempo, un cambio de organización y una reorientación de esfuerzos.
Como todo mundo en una relación o alianza, cotidiana y continua, cualquiera se cansa. El más santo y el más resignado, la más aplicada y sometida, quien sea que se ocupe de verle la cara a otra persona porque decidió hacer una pareja y una relación, se cansará o se agobiará.
¿Qué significa un break? Muchas personas lo asumirían como una tragedia nacional, en la cual ven un naufragio de sus expectativas, pero si aprendemos a considerar que las relaciones también son un trabajo exhaustivo de negociaciones, diálogos, acuerdos, convenciones, tradiciones y resignaciones (es la verdad…), no será tan grave aceptar que un descanso es preciso.
El break no necesariamente requiere de una separación, cuestión que en estos tiempos pandémicos y postpandémicos es un sinsentido, porque no tenemos espacios alternos para ocupar, ni dinero, ni se puede andar una fugando de su casa para un break.
Simples cambios en las rutinas en común, ya sea que vivan juntos o separados, sean novios esposos o amigos amorosos, es urgente que cada uno de los implicados aprenda a construir el universo en el que desean vivir individualmente, cuánto desean compartirlo con otra persona, y crear un ambiente seguro, confiable y de comunicación asertiva entre ambos.
Muchas de las parejas casadas de mi generación, es decir, con más de 15 años de matrimonio, han desarrollado algunas de ellas, formas de convivencia que les permiten ser amables, corteses y en algunos casos, sensibles a crear dinámicas que les ayuden a sobrevivir sin pelear.
Otros han optado por la cómoda infidelidad, que es como comer comida chatarra, porque solo son momentos de intoxicación bioquímica emocionantes, y porque obvio, es nuevo, es prohibido, parece una aventura y siempre termina en un divorcio, violencia o con un cónyuge cornudo o cornuda, rellenos de resignación.
Algunos más han optado por los breaks postpandémicos: pasaron meses viéndose las caras irremediablemente sin otra pausa más que la del bostezo. Es necesario pensar en una forma de desacelerar y reformar.
El cambio de rutinas, el intercambio de tareas, nuevos protocolos de dormir y de estar o no en la cama juntos, hablar clara y de forma concisa de los sentimientos que cada quien experimenta, incluir a los hijos e hijas en este break, para que ellos colaboren en esta dinámica de desintoxicación, propiciar ambientes individuales en los cuales cada persona en la pareja pueda diversificar de una manera saludable sus intereses.
Y sobre todo, dejar de hacer todo juntos en nombre de la limpieza de sus individualidades.
Mucha de la necesidad de depurar, hacer breaks o cambiar dinámicas se debe a todo lo que hemos pasado en el encierro, que ha redefinido nuestras existencias y nos ha dejado muchos retos: reorientar nuestros esfuerzos de pareja, reactivar la vida sexual y hacerla gozosa, y valorar las relaciones que hemos establecido, tanto las que iniciamos en pandemia como las que hemos tenido desde antes de la misma.
El break es abrir un respiradero para que el fuego de la relación, si así lo quieren llamar, pueda seguir vivo. Síganme en Ivaginaria, en Facebook, Twitter e Instagram.
Más sobre esta sección Más en Coahuila