Saltillo
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Grupo Zócalo
Publicado el domingo, 26 de septiembre del 2021 a las 03:50
Ileana García| Saltillo, Coah.- Con la motivación de sacar adelante a su hijo, quien tiene una discapacidad física, Gerardo Valverde, de 57 años, se dedica al oficio de bolero hace más de un año en las calles de Saltillo, en busca de un ingreso, con días complicados, más horas de trabajo y esfuerzo.
Los aseadores de calzado, o conocidos tradicionalmente como boleros, en el Centro de la ciudad, son personajes que por años han ofrecido sus servicios que dejan como nuevos los zapatos.
“ Aquí llegué pidiendo permiso al secretario general (del sindicato de boleros), y uno compra su silla y el material. Sí llega gente, pero los viernes y sábado pienso que hay un poquito más de gente, que hay bautizos en la iglesia”, explicó.

Sin alto costo
Con una tarifa de 25 pesos la boleada, que apenas le da para vivir, Gerardo afirmó que el costo del servicio no es alto, sin embargo, se les hace caro a sus clientes, así lo demuestran cuando se acercan a preguntar y en ocasiones tiene que bajar su precio.
“ Hay veces en que no cae nada, no cae nada de clientes, hay veces que hay una o dos y ni modo, aquí tenemos que aguantar y este tiempo es bueno porque hay sol y más difícil ahora que vengan los tiempos de frío, que tenemos que estar aquí bien abrigaditos y todo”, mencionó.

Con algo que llevar a casa
Aunque hay días que no realiza ningún trabajo, cumple con su horario, con la esperanza de que llegue una persona a requerir su servicio y poder tener un ingreso para llevar comida a su casa.
“ Cuando sale un poquito más tengo que guardar para el día siguiente, porque a veces no sale y tengo que cuidar mi dinero para lo que hace falta; cuando hay compro un poquito de más para cuando no haya dinero o no haya trabajo”.
Sin días festivos, ni vacaciones, con días malos y jornadas de sol a sol, orgulloso de su trabajo, atiende a las personas con una sonrisa, un periódico y una amena conversación de vividas experiencias y anécdotas, esto con la esperanza de que regresen.
“ Aquí regresan porque uno les da, les trata bien y deja el calzado lo más brilloso que se pueda”, dijo.

Oficio de familia
Antonio Vargas, de 26 años, tiene más de 18 en este oficio, mismo que lleva en la sangre por su padre. Trabaja todos los días de 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde.
“ Por mi papá, él fue el que me enseñó, cuando estaba de vacaciones me iba con él para ayudarle a bolear. Nos pasaba a mis hermanas y a mí, que nos veían muy chicos y no se querían bolear, porque pensaban que no sabíamos”, expresó.
El oficio de bolero lo soñó desde niño, y para seguir con la tradición familiar puso un puesto, con el propósito de ayudar a sus papás, cobrando una tarifa mínima de 25 pesos y máxima de 60 sin distingo de hombres y mujeres.
“ Por lo regular son hombres, pero también tenemos clientas que vienen a bolearse sus zapatos o sus botas. Hace mucho, cuando aún estaba en la escuela, un cliente de repente llegó con una bicicleta que me regaló”, comentó.

Elena, 15 años de experiencia
Tiene dos sucursales, una de ellas la maneja su papá con ayuda de su hermana y su madre. Entre sus clientes hay “desde empresarios, políticos, trabajadores, reporteros” que regresan porque la apariencia impecable de su calzado es imprescindible.
“ Nunca me imaginé que iba a durar en este trabajo, pero es cuestión de familia, porque mi papá se dedica a esto y es para ayudarlo”, dijo Elena Noemí, de 22 años, hermana de Antonio, con más de 15 años de experiencia gracias a su padre, quien fue su maestro.
Le fue complicado al principio, “pero con el tiempo se agarra práctica”, aseguró.
Orgullosa de su trabajo, expresó que no ha sentido discriminación por parte de sus clientes por el hecho de ser mujer, pero sí por nuevos usuarios, que no le brindan la confianza de que realice un buen servicio.
“ Como ya tengo tiempo aquí, muchos clientes ya me conocen y saben que hago bien el trabajo, entonces, son los clientes nuevos los que piensan que no sé bolear. Me gusta que los zapatos queden bien, por ejemplo, si vienen muy sucios yo quiero dejarlos lo mejor posible”, comentó.
Con amabilidad, simpatía y esfuerzo, Elena destaca su trabajo con el objetivo de subsistir.

‘Con ganas de trabajar’
“ Lograr más que nada la preferencia de la gente, que es con la que Dios nos da nuestra gordita aquí haciéndoles su calzado”, dijo otro maestro del brillo, Prisciliano López, de 73 años, conocido por sus clientes como “Chano”, quien pertenece hace 22 años al Sindicato de Boleros de Saltillo.
“ Estoy por cumplir 74 años y con ganas de trabajar, yo me siento muy a gusto haciendo mi trabajo, no me gusta estar de oquis y aquí estamos para servirle al cliente”, expresó.
A los 10 años cargaba un cajón recorriendo las calles de Saltillo, cazando clientes “en cantinas y restaurantes, en aquellos años”, cobrando 50 centavos por su servicio.

Grandes clientes
“ La experiencia que tengo yo y la preferencia que he logrado aquí es tener mis clientes de diferentes dependencias de Gobierno, que para mí es un orgullo. Se me ha dado la oportunidad de que viene el señor Gobernador, se ha boleado dos o tres veces conmigo y eso me enorgullece como aseador de calzado”, dijo.
Señaló que hay días malos donde no hay un buen ingreso y debe comprar material que le hace falta, pero aumentó de precio y en ocasiones gasta casi la mitad de lo que gana.
“ Utensilios que nos costaban de 18 a 20 ahorita, ya nos andan costando 25-27-28 la crema, la grasa, las tintas, todo eso”, explicó.
Los boleros mantienen los zapatos relucientes y también tienen una banca llena de historias qué contar.
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