Hasta parece parte de la “mecánica nacional”, que un sector de la sociedad mexicana despotrique de las dependencias e instituciones del sector público del país en forma habitual y sarcástica.
PEMEX, CFE y el IMSS se ubican en los primeros lugares de esa deshonrosa lista de quejas y críticas. Si bien es cierto, han tenido irresponsables y deshonestos funcionarios que han propiciado esa mala fama.
Y en el caso del IMSS con algunos médicos, que por sus “frutos los conoceréis”; al parecer se equivocaron de profesión y de centro de trabajo; harían menos daño a su prójimo, si se les llevara su salario a su domicilio, para que se ausentaran de su jornada laboral.
No obstante, no debe perderse el buen juicio en las evaluaciones que se hagan, y tener en cuenta que muchas de esas diatribas provienen de campañas bien organizadas, que pretenden desacreditar todo lo público.
En la economía “real”, ni todo lo privado es funcional y productivo, ni tampoco todo lo que administra el Gobierno es improductivo y poco práctico. Por ejemplo, el nuevo modelo de prevención de cáncer del IMSS, que comenzó a operar en México en 2016, pero sin mucho alarde publicitario en la televisión del Estado.
La Delegación Estatal en Coahuila, lo ha difundido poco entre la población derechohabiente, y mucho menos en el resto de los saltillenses. Que consistió en la construcción de 10 Unidades de Detección y Diagnóstico de Cáncer de Mama de la mujer, localizadas en algunas ciudades del país.
Saltillo, no fue la excepción, y en 2019 al oriente de la ciudad en el Parque Maravillas se ponía al servicio de todas las mujeres trabajadoras y de sus familiares una clínica de ese tipo.
Única en la región noreste del país, el edificio que la alberga tiene un funcional y estético diseño arquitectónico, y luce aseado y bien iluminado.
El personal operativo médico que labora en la clínica, y en las del resto de la República, tiene la especialidad en radiología y atiende a las pacientes en dos turnos: matutino y vespertino, y es apoyado por un equipo de trabajadoras sociales y de enfermeras; estas, también brindan orientación y consejería a las pacientes.
El modelo clínico se distingue por el protocolo que maneja; para evitar sorpresas desagradables a las féminas, la primera parte del mismo comienza con un “barrido” a todas las mujeres interesadas en el cuidado de su salud y, por supuesto afiliadas a la institución cuya edad oscile entre 40 y 69 años.
A pesar de no padecer ningún síntoma, es decir asintomáticas, son sometidas a estudios radiológicos de mama. En términos técnicos al protocolo de rutina o inicial la institución le llama de tamizaje, que no es otra cosa que anticiparse al desarrollo de un incipiente cáncer.
De acuerdo con las estadísticas que maneja el IMSS, los cambios hormonales que ocurren en la mujer después de que cumple 40 años, deben monitorearse médicamente, y sus senos no son la excepción de su cuerpo.
Una de las ventajas que tiene el tamizaje, es que se ofrece directamente a todas las mujeres, sin haber pasado por la consulta previa de un médico familiar.
Por otra parte, en la clínica la evaluación diagnóstica se hace, para el resto de mujeres, que han sido referidas por algún médico del IMSS, y que presentan algún tipo de alteración en sus pechos, la cobertura también incluye a las que lo hicieron, sin la revisión médica anticipada, por medio de la autoexploración y descubrieron algo anormal en su organismo.
Aunque, la máxima de un irredento escéptico, que dijo que el especialista médico cada vez sabe más de menos. Los radiólogos del IMSS, continuamente los están capacitando, además de su certificación anual que les exige la institución, toman cursos en biopsia, de alta especialidad en mama (un año) y otros que ofrecen el Instituto Nacional de Cancerología y la Asociación Mexicana de Mastología, entre otros.
Algunos estudiosos de la morbilidad de los mexicanos, se han preguntado por qué la incidencia de cáncer de mama en la mujer ocupa el primer lugar en relación a otros tipos de cáncer que puedan tener.
Aunque de ninguna manera es consuelo, esa estadística, también prevalece a nivel mundial. La ciencia médica aún no tiene detectada la causa de las causas que “provoca” el cáncer en las damas; y se ha limitado a señalar que sus orígenes son multifactoriales; tangencialmente alerta sobre los factores de riesgo, que probablemente influyan en padecerlo, y ayuden a explicar su alta incidencia.
El primero de ellos, es cuando la mujer comenzó a reglar desde la adolescencia, a una edad menor a 12 años, y terminó su periodo menstrual después de los 50 años.
El segundo son los antecedentes familiares, cuando la fémina tiene parientes cercanos con patología mamaria, tendrá predisposición a desarrollarla; la genealogía es un factor imposible de eludir, pero sí se puede controlar mediante la detección temprana.
Un experimentado galeno, que pasa más tiempo en las salas de operaciones, que en su propio consultorio, “ayudando al buen nacer de bebés”, atribuye la alta incidencia de cáncer de mama al uso y abuso de la ingesta de hormonas de la mujer, dice las consumen hasta para poder ir a la playa, y postergar su periodo menstrual.
Algunos sicólogos argentinos, también lo adjudican a factores emocionales, quizá por las pacientes que han tratado desde el diván.
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