Nacional
Por Federico Muller
Hace 2 meses
Los monopolios naturales, como el servicio de agua potable, constituyen bienes públicos esenciales para el desarrollo familiar. Dada su naturaleza estratégica y la imposibilidad de someterlos a las leyes de oferta y demanda, el Estado suele reservarse su operación. Por esta razón, en México y la mayoría de los países de América Latina, es poco común encontrar sistemas de agua potable y alcantarillado administrados mediante un esquema mixto que combine Gobierno municipal y un socio tecnológico privado. Saltillo es una de esas excepciones: desde octubre de 2001, el Municipio delegó la operación integral del servicio hídrico -incluida la producción, conducción, distribución y cobranza- a un socio tecnológico privado.
Los especialistas en desarrollo urbano recomiendan evaluar este servicio considerando el comportamiento a largo plazo de tres variables estructurales: el crecimiento anual de la población; el incremento en los contratos domiciliarios; y la evolución de las fuentes de suministro (pozos). Al calcular la Tasa Media de Crecimiento Anual (TMCA) para el periodo 2001-2024, con base en datos del Inegi y Agsal, se obtiene la siguiente inferencia:
* La TMCA de la población fue de 1.56% (ajustado en el periodo), y la de contratos para tomas domiciliarias ascendió a 1.86 por ciento.
* Al ser la TMCA de contratos mayor que la poblacional, se infiere que la mancha urbana creció más rápido que la población, demandando la ampliación de la red hidráulica. Esto incrementa el consumo de energía eléctrica para trasladar el agua y aumenta la probabilidad de fugas.
* La incorporación de nuevas fuentes (pozos) creció por debajo de los indicadores anteriores, alcanzando sólo el 1.35 por ciento.
En resumen, la demanda de agua ha sido, durante años, estructuralmente superior a la oferta generada por las fuentes freáticas disponibles. Este desequilibrio ha comenzado a resolverse en el corto plazo porque Agsal ha priorizado la mejora de la eficiencia física del sistema -reducción de fugas- y el incremento en la producción de los pozos, aun cuando esto ha provocado un descenso en su nivel dinámico, reflejo de la presión creciente sobre el acuífero.
Sobre este escenario, el Ing. Iván José Vicente García, gerente de Agsal, respondió a varias dudas:
-A partir de 2024 se iniciaron los cortes del suministro eléctrico a los pozos que abastecen a la ciudad, ¿qué medidas está implementando Agsal para remediar el desabasto?
“Es conveniente señalar que Aguas de Saltillo es el mayor consumidor de electricidad en la región: somos un cliente preponderante para la CFE y cada año pagamos alrededor de 150 millones de pesos por el servicio eléctrico. Sin embargo, hemos sido penalizados con suspensiones de energía de hasta cuatro horas diarias, lo cual afecta directamente el suministro de agua en más de 20 fraccionamientos de la ciudad. Ante esta situación, la solución fue recurrir a un proceso de licitación para contratar a una empresa multinacional especializada en generación de energía limpia -fotovoltaica y eólica-. Con este suministro de energía verde, podremos cubrir aproximadamente 35% del consumo eléctrico requerido para operar los motores de las bombas hidráulicas”.
-¿Qué puede decir de los sistemas de agua potable privados paralelos al municipal, que particularmente se localizan en fraccionamientos del norte de la ciudad?
“La dependencia a mi cargo desconoce el funcionamiento y la regulación de esos sistemas autónomos de agua potable en la ciudad, pues nosotros atendemos exclusivamente la red municipal y estamos sometidos al escrutinio permanente de dos instancias públicas: la Conagua, que registra el volumen extraído de los mantos acuíferos, y la Secretaría de Salud, que monitorea la calidad del agua. Auditorías, normas, procedimientos y protocolos forman parte de nuestra rutina diaria. No sé si los responsables del manejo del agua en esas colonias cumplen con lo que estipula la ley; me temo que no”.
-¿Estaría de acuerdo con que, en caso de una sequía extrema en la región, el Municipio se haga cargo del manejo de los pozos que están fuera del padrón de Agsal?
“Me gustaría aclarar que, en una sequía, todos los pozos -sin importar quién los opere- se verían afectados, porque dependen de los mismos acuíferos regionales que los alimentan. Desde una perspectiva estrictamente técnica, más que política, esa medida no beneficiaría a la ciudadanía”.
Complementando lo anterior, los sistemas de agua paralelos al municipal se explican por el crecimiento de la mancha urbana hacia el norte y por el interés de los desarrolladores inmobiliarios de cambiar el uso de suelo de agrícola a habitacional. Predios rurales fueron urbanizados conectando la red hidráulica a la fuente -pozo o noria- que antes servía para fines agropecuarios. El Gobierno municipal, quizá por intereses económicos poco claros, autorizó en su momento los permisos de construcción de esas viviendas a pesar de no estar conectadas a la red de agua de la ciudad.
-Después de casi 25 años de administrar el agua en Saltillo, ¿por qué Agsal no ha incursionado en otras fuentes distintas a los pozos freáticos para abastecer a la ciudad?
“Agsal sí ha estudiado alternativas distintas al agua subterránea, pero cada una implica retos técnicos, ambientales y financieros que requieren decisiones de política pública a gran escala. En el caso de las presas o embalses, por ejemplo, su construcción exige un estudio hidrogeológico macrorregional que determine cuáles son los sitios óptimos para retener agua y abastecer no sólo a Saltillo, sino también a Arteaga y Ramos Arizpe. Esto implica inversiones muy elevadas y una participación directa del Gobierno federal y del estatal.
“Mientras esos proyectos mayores se evalúan, nosotros continuamos trabajando en tres ejes estratégicos:
“1.- Eficiencia física: reemplazo programado de tuberías envejecidas y detección oportuna de fugas subterráneas para reducir pérdidas.
“2.- Cultura del uso responsable: promover entre las familias y empresas un consumo moderado y sostenible.
“3.- Reutilización del recurso: impulsar el aprovechamiento del agua tratada para usos industriales, de riego y otros, de modo que el recurso tenga dos o tres ‘vidas’ antes de regresar al medio ambiente”.
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