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Por Federico Muller
Hace 7 meses
Las élites saltillenses que antecedieron a la generación del “baby boom” encontraron en el Casino de Saltillo no sólo un espacio de convivencia social, sino también una fuente de identidad y pertenencia. Este artículo trata de recuperar esa memoria colectiva, pretendiendo explicarla con un enfoque simbólico a las nuevas generaciones que son parte de este exclusivo club.
Señal, signo y símbolo: tres formas de interpretar la función del Casino en la cultura local. La señal remite al emblemático edificio y a las actividades que en él se realizaban, reflejo visible de una clase social activa. El signo se vincula con las normas que regulaban su funcionamiento y con el estatus que confería la membresía. El símbolo, más profundo, representa los valores compartidos por esa élite: jerarquía, orden, refinamiento y un sentido del “buen gusto” que definía su visión del mundo.
Ubicación
Saltillo no fue la excepción al patrón urbano heredado del periodo novohispano: la plaza principal o Plaza de Armas estuvo, desde sus orígenes, flanqueada por edificaciones que representaban los poderes político y religioso. En ese contexto histórico y simbólico, el Casino de Saltillo se consolidó como un referente arquitectónico y social de la élite local. Ubicado en la intersección de las calles Benito Juárez y Miguel Hidalgo, este edificio fue construido en el siglo 19 sobre un predio de más de fi mil metros cuadrados.
Su emplazamiento en pleno corazón del Centro Histórico no es casual: se alza a un costado de la Catedral de Santiago, uno de los principales templos de la ciudad, y a escasa distancia del Palacio de Gobierno. La Presidencia Municipal de Saltillo también se encontraba a sólo unas cuadras, hasta su traslado en 1977 a una nueva sede sobre el bulevar Francisco Coss. Este núcleo urbano concentraba, hasta bien entrado el siglo 20, el poder político, religioso y social de la ciudad en un espacio geográfico reducido, reflejando una estructura de poder cerrada y jerárquica.
Arquitectura
Cuando se permitía el acceso por la puerta principal del casino, tras subir la escalinata, el visitante tenía un primer contacto visual con un espacio amplio que, por su estética, lo transportaba a la época de Luis XIV de Francia. El estilo de los muebles, finamente tallados en maderas nobles, los espejos de pared y los candiles de cristal de Bohemia que pendían grácilmente de los plafones, embellecían el vestíbulo y reforzaban la atmósfera majestuosa del lugar.
Para acceder a la planta alta, al fondo del “lobby” aparecía una escalera que fue de madera, pero posteriormente se construyó de cemento y granito, flanqueada por un barandal de balaustradas. En el muro del primer rellano, un vitral heráldico-floral retro-iluminado, se imponía con su luz y color, recordando al espectador la identidad del recinto que pisaba. Más que un ornamento arquitectónico, es un signo de jerarquía y distinción. La obra de arte fue construida por el artesano vidriero de Jalisco Ricardo Montaño. La concepción del espacio reflejaba claramente una mentalidad europeizante por parte del arquitecto que lo diseñó. Esta visión no desentonaba con los nombres elegidos para los salones destinados al disfrute de alimentos y bebidas: Versalles, Reinas, Presidentes. El bar, llamado El General, hasta antes de 2010 no permitía el ingreso de muje-res; el consumo era exclusivo
para varones, como un signo del patriarcado profundamente arraigado en el Saltillo tradicional. Todavía la cantina se reserva el derecho de admisión, el servicio es exclusivo para los socios, aunque los invitados de estos tienen acceso sin restricciones.
Un historiador del arte describió la fachada principal del casino como “una expresión sobria y elegante del neoclásico porfiriano, con influencias grecorromanas: un portón con triple arco de medio punto, flanqueado por columnas de capitel jónico que separan cada vano. En la parte superior, un frontón triangular con molduras sencillas corona la composición. En el segundo nivel, balcones con barandales de hierro forjado y más columnas jónicas completan el conjunto”.
Redes de poder de antaño La Historia Interpretativa se utiliza especialmente cuando se carece de fuentes directas o testimonios de primera mano, que se sustituyen por inferencias que se hacen del contexto y la dinámica social que rodearon a los hechos de interés de estudio. No se pierde rigor académico si se utiliza para reconstruir las probables redes de poder que se configuraron “puertas adentro” del Casino de Saltillo.
En el segundo cuarto del siglo 20, el perfil socioeconómico del socio del Casino era diverso, había quienes se dedicaban al comercio o eran agricultores, o bien ejercían una profesión liberal. Pero la mayoría tenía en común no sólo intereses económicos y políticos, sino valores morales y éticos “alineados” con el credo religioso predominante. Al compartir la misma visión sobre México, y desde luego, sostenida en una fe compartida, aprovecharon el recinto social como punto de articulación, para consolidar alianzas entre la élite local, políticos influyentes y representantes religiosos.
Las reuniones informales entre socios, frecuentemente acompañadas de vinos y licores importados, se convertían en ocasiones en foros donde se comentaba, sugería o incluso influía en la designación de aspirantes a cargos públicos -como la Presidencia Municipal de Saltillo-, así como en el respaldo a líderes del clero o de los sindicatos patronales de la región.
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