Saltillo, capital del estado, se puede estudiar desde varias perspectivas, y las propuestas que resulten de las mismas pueden ser de interés para el político, el empresario, el académico, el peatón o el automovilista, según les beneficie o interese. Aunque el enfoque generalmente lo determinará la coyuntura socioeconómica y política por la que atraviese el país o la región.
Por ejemplo, en la víspera de elecciones a cargos públicas, los límites de los polígonos que acotan los distritos electorales del municipio, su densidad poblacional y las características sociales de las familias que residen en esas áreas, determinarán el diseño de programas, la calendarización de visitas y el contenido de los discursos, que nutrirán la agenda de los candidatos a diputados en el distrito que les corresponda. En Saltillo, el estudio urbano de la ciudad se lleva a cabo sólo cuando se presentan cambios de Administración municipal, cada tres años, se elaboran programas de ordenamiento territorial y planes urbanos, los cuales proponen soluciones a los problemas que enfrenta la población, y que no es ocioso decirlo, tales estudios, han sido bien cobrados por los despachos, nacionales o extranjeros, de arquitectos y urbanistas que se encargan de elaborarlos. Por ello, estos documentos, tienen relevante importancia en los archiveros: se guardan en los libreros de los privados de los responsables de obras públicas y desarrollo urbano, y de las dependencias afines, que forman parte de la estructura administrativa municipal, y después del boato de sus presentaciones a los medios de comunicación, jamás se vuelven a leer, y mucho menos a consultar.
También formalmente sobresalen, porque sirven para cumplir con los requisitos burocráticos, que exigen los lineamientos urbanos municipales a un edil entrante, y sin olvidar, el relumbrón político, que se lleva el Alcalde por dirigir una Administración moderna que se preocupa por atender el desarrollo urbano y la sostenibilidad ambiental. Aunque sin ordenamientos territoriales oficiales, el crecimiento de la ciudad continúa. La mancha urbana en 1917, recién terminado el conflicto armado revolucionario, la formaban un inmenso caserío hecho de adobe, además de otros asentamientos de índole comercial y de servicios que se extendían lentamente hacia el norte, noreste, sureste y poniente de la ciudad. Con una población inferior a los 66 mil habitantes, los límites de la localidad los ponían las calles pavimentadas: al poniente Murguía; norte Presidente Cárdenas; sur la colonia Bellavista, y al oriente Mariano Abasolo.
Ya para 1985, 33.45% de la Población Económicamente Activa (PEA) remunerada de Saltillo, dependía de la industria, cifra superior al resto de los otros sectores de la economía saltillense. El perímetro urbano se flexibilizaba, y la mancha urbana crecía en función de la urbanización que hacían los desarrolladores inmobiliarios, particularmente al norte y noreste; y en menor escala también lo hacía por los predios en breña, que invadían los llamados “paracaidistas” comandados por líderes urbanos. El censo de 1980 registraba una población para Saltillo de 321 mil 758 habitantes. En 1987: “el área comprendida entre las calles E. Carranza y Matamoros, Ramos Arizpe y Francisco Coss, concentraba los mayores flujos de tránsito de la ciudad”…. “Allende actuaba como eje principal en la zona de mayor conflicto y de entrada al Centro de la ciudad”… “en el tramo comprendido entre Francisco Coss y la calle Juárez tiene un ancho suficiente para albergar carriles”…pero “al cruzar la calle Juárez, su sección se reduce considerablemente, por lo que sólo hasta este tramo los vehículos buscan vialidades alternativas”… “Los índices de congestionamiento…constituyen el principal motivo para la formación de intersecciones conflictivas…y en donde ocurren los accidentes con mayor frecuencia” (Fuente: Elías Rangel, A y Gómez Millán, J.L. (1988). Tesis de licenciatura: Solución urbanística y vial del complejo Francisco Coss y Emilio Carranza. U. A. de C. Facultad de Arquitectura).
En aquel entonces, de las cinco carreteras que convergen con Saltillo, la más transitada era la Saltillo-Monterrey, vía que al llegar a la ciudad se convertía en el bulevar V. Carranza, y más adelante, hacía el sur, en la calle Allende. Después de 36 años de la elaboración de la tesis citada (1987-2023), la población de la ciudad se ha triplicado, y el parque vehicular se ha multiplicado. En cambio, la estructura vial del Centro de la ciudad, y de las vías que convergen con éste, siguen siendo las mismas: obsoletas porque han sido rebasadas por la dinámica industrial de la localidad; y costosas por las externalidades negativas que generan al automovilista y al comerciante afincado en el primer cuadro. Una de ellas, es la decadencia urbana y comercial del centro. La diversidad y giros de los negocios se ha reducido ostensiblemente, los que expenden alcohol y fritangas están monopolizando la actividad económica, ahuyentando a los paseos familiares, caminando a través del circuito urbano que formaban: Catedral-Victoria-Alameda. Treinta y seis años es un período razonablemente prolongado, por el cual pasaron un número considerable de administraciones municipales (más de 10), y ninguna emprendió un proyecto urbano que haya contribuido a restaurar el primer cuadro de la ciudad.
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