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‘El cine frente al cansancio de la esperanza’; Cine Para Punto y Aparte: Hierbas secas de bilge ceylan

  Por Grupo Zócalo

Publicado el sábado, 22 de agosto del 2026 a las 06:05


En las cinematografías europeas de la actualidad, dos autores destacan especialmente al tratar el espinoso tema del desgaste de los vínculos humanos

Valdemar Ayala Gándara| Saltillo, Coah.- En las cinematografías europeas de la actualidad, dos autores destacan especialmente al tratar el espinoso tema del desgaste de los vínculos humanos derivado del relativismo moral: el ruso Andrey Zvyagintsev y el turco Nuri Bilge Ceylan, de quien he tenido la fortuna de ver la mayoría de su filmografía.

La ambigüedad de la conciencia de sus personajes y las implicaciones de degradación y antagonismo derivadas de su accionar representan el campo temático central del cine de este director, como obsesión afrontada como deber artístico, capaz de grabar con hierro y fuego sus costos emocionales y sus problemáticos reflejos.

Por ello, las películas de este excepcional autor son de una pertinencia ineludible, enervantes e incómodas, pero sustanciales para afrontar la existencia individual a partir de la sensibilidad reflexiva que genera el arte como ninguna otra actividad humana.

Ejemplar al respecto, y de una contundencia dosificada con mano segura y genial, Sobre Hierbas Secas (2023) es una de las más recientes muestras de la maestría ejemplar de Bilge Ceylan para contar historias que hacen surcos hirientes capaces de obligarnos a ver aquellos rasgos y tendencias que nos definen crudamente a las personas, sin matizaciones que mitiguen las emociones que nos degradan y, aun así, sin establecer juicios moralistas cuya violencia implícita pudiera tratar de diluirse o justificarse.

El argumento desarrollado no es complejo, y responde a las condiciones de un microcosmos: el pequeño poblado de la región de Anatolia que vive semi sepultado por la nieve la mitad del año. Desde ahí se exponen tendencias de carácter, creencias y antivalores que son básicamente universales, y en ello radica la trascendencia de la sinceridad brutal con la que se cuentan los acontecimientos ficcionales, en un entorno donde tienen cabida las razones, decisiones y acciones de los personajes explorados y desmenuzados bajo el bisturí de la cámara que filma con sencillez formal y claridad, características que comparten las fotografías testimoniales captadas por dos de ellos y que fungen como principales de la historia, recreada a partir de un guion extraordinario, posible una vez más gracias a la escritura mancomunada entre el realizador y su esposa Ebru, acompañados esta vez por Akin Aksu, todos responsables de la profundidad sicológica y la tensión dramática que llega a lucir con especial intensidad en las escenas clave distribuidas a lo largo del metraje.

Muy probablemente, desde Ingmar Bergman, el cine de autor no había conocido un artista tan brillante al poner en escena las complejidades del mundo interior y de los sistemas valorales de los individuos, como lo hace Nuri Bilge Ceylan, y para lograr la profundización indispensable capaz de ofrecer obras de tal trascendencia a este respecto, al igual que en el caso del genio sueco, es necesario contar con actrices y actores de excelencia para alcanzar los niveles de interpretación exigidos por los contenidos que se van desarrollando, bajo el acompañamiento de una dirección actoral de primer nivel que, además, dignifique el guion que, en casos así, es un ejemplo de alta literatura.

La historia trata de un joven profesor de primaria, Samet (Deniz Celiloglu, quien brinda una caracterización compleja y notable), cuyo carácter contrastante sufre cambios intempestivos, resultando, en suma, poco confiable, fluctuando –en sus peores momentos– entre una claridad nihilista y una hipocresía pueril, y entre una mezquindad proverbial y un desapego violento. Tales rasgos se ven proyectados por el actor a partir de varios recursos histriónicos, entre ellos los acentos de su mirada, indignada a veces, otras esquiva y en algunos casos hasta sentenciosa, al buscar atentamente –en ocasiones, fuera de cuadro– las señales derivadas de sus acciones movidas por el despecho o el revanchismo.

Siendo el vector que empuja el drama y lo ramifica, el soberbio Samet no dejará de afectar a los demás personajes que le rodean –y con quienes interactúa de manera más bien ríspida–, destacando su colega Kenan (Musab Ekici, contenido y sobrio en su función de comparsa), compañero de casa y eventual oponente en asuntos del corazón; la atractiva maestra Nuray (Merve Dizdar, ganadora como Mejor Actriz en el Festival de Cannes de 2023 por esta deslumbrante representación de una mujer partida por el destino y en búsqueda de recuperarse a sí misma) y la preadolescente Sevim (Ece Bagci, quien sorprende por su capacidad como actriz siendo tan joven, al mostrar una riqueza de matices propios de los cambios de ánimo de su personaje, siendo encantadora al combinar una inocencia ambigüa y una precocidad lúdica propias de su rol, especie de gallarda ‘Lolita’ rural).

Entre telarañas imaginadas y copos de nieve cayendo constantemente, lo “bueno” y lo “malo”, lo “correcto” y lo “incorrecto”, van mostrando su elusividad e imprecisión y lo borroso de sus límites, mientras el tiempo sigue su curso y los personajes transitan sobre las hierbas secas de los días, recurriendo Samet a la rememoración de lo perdido, como única recompensa posible que le ofrece el emotivo cierre del metraje –luego de más de tres horas–, dando cabida a la simbolización de sus anhelos no resueltos pese a los afanes de su voluntad, insertando en la cadena desafortunada de los hechos el eslabón con la imagen de su alumna idealizada, cuya fortaleza ingenua le permitía seducir jugando y sin temor alguno.

Así, Savim –niña aún, pese a todo– llega a adquirir en el imaginario de Samet una condición atemporal e idílica que la acerca al Tadzio etéreo y carnal de Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1971), sublimándola de por vida como musa campestre aparecida en los páramos blancos de una región agreste de Turquía ya inolvidable para su servidor, por obra y gracia de este poema audiovisual acerca de todas las causas perdidas de antemano…

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