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Agencias
Publicado el jueves, 7 de marzo del 2013 a las 01:36
Los adictos al sexo dicen que las soluciones son “placeres instantáneos”, como orgasmos, para que puedan controlar la compulsividad sexual. “Es que estar mirando los genitales del sexo opuesto y tenerlos en la mente, desnudos, y antes de tocarlos o sentirlos físicamente, uno ya se imagina la sensación del clímax, ¡es grave!… y lo peor es que muchos creen que ese síntoma es normal”
Grupos de apoyo, muchos de ellos clandestinos o secretos, se prestan apoyo entre sí y a través de actividades como el yoga, el reiki, pensamiento confusionista, el yang y el budismo, pueden ayudarse a superar sus problemas.
“Somos personas que nos apoyamos entre sí, porque no estamos de acuerdo en que alguien que no padece lo mismo, y que no ha sentido lo mismo, venga a curarnos. Es decir, sí un enfermo de cáncer le habla a otro en su misma condición, se van a entender, de lo contrario no”, comentó un integrante de Sexólicos Anónimos, a través de su página en internet.
¿QUÉ ES LA ADICCIÓN AL SEXO?
La adicción al sexo puede tomar diferentes formas, desde el uso de la pornografía, voyerismo, hasta el asedio, violación e incluso asesinato. Las muchas formas de adicción sexual tienen una cosa en común, el comportamiento se lleva a cabo en secreto y el adicto al sexo se vuelve hábil en esconder esta vida de aquellos cercanos a él.
Explican especialistas que lo normal es la sexualidad humana que está presente desde la infancia y lo anormal es cualquier tipo de adicción, es decir, cuando esa vivencia le produce placer al paciente, disminuye su angustia y estimula las áreas cerebrales. Donde además se convierte en una actividad estereotipada, compulsiva y recurrente, que interfiere en el desempeño académico-laboral-social, obstaculizando e impidiendo su realización personal y poniendo en peligro su vida.
Médicamente se han descrito factores determinantes de riesgo para la adicción: un sistema nervioso “vulnerable”, naturalmente hiperexcitable; personalidades ansiosas o pasivo-dependientes, rasgos de introversión marcados, acceso a la sustancia o vivencia adictiva. Se es primero adicto sexual y luego adicto a la pornografía, que es otra parte de esta patología y que está enfocada en la literatura e imágenes pornográficas. Es definida como el sentimiento obsceno, de
cadente, que estimula sexualmente; “en ella el sujeto busca acceder a contenidos pornográficos, y siente ansiedad y desazón, e incluso se torna disfórico o irritable, si no accede a ellos (lo mismo sucede para todas las sustancias y vivencias potencialmente adictivas)”.
El efecto de la pornografía en el ser humano es que cambia la condición natural de las cosas y entonces la mujer pasa a ser un objeto, que necesita, además, elementos externos que puedan satisfacer los pensamientos atrofiados de la persona. En este caso hay individuos que utilizan objetos para introducirlos dentro del cuerpo ó les satisface las segregaciones fisiológicas como materia fecal, vómitos o la “lluvia dorada” en el acto sexual. Éstas, pensadas como recursos posibles para la excitación en el coito, en un adicto a la pornografía exageran las condiciones y son vistos con un aire de superioridad, de lo malvado, lo asqueroso, y por ello, frente a esto y al dolor, estos pacientes sienten placer.
**************************************** Aquellos dedos plásticos hicieron descubrir a Elizabeth –a sus 5 años– que frotarse la entrepierna resultaba placentero.
La niña jugaba con una muñeca rígida que por temporadas permanecía guardada en el armario de la casa. Aquella era una figura decorativa de medio metro de alto que no sólo estimulaba su creatividad, sino que definió el rumbo de su vida.
En medio de la sala, Elizabeth disfrutaba de la muñeca hasta que apareció su bisabuela con cara de sorpresa, casi de espanto. Le dijo: “No, mija. Mira, ven, te voy a lavar las manitas y te voy a dar un chocolatito”.
Esa tarde de descubrimiento sexual se convirtió en una enseñanza que Elizabeth Rosales nunca olvidará: siempre es mejor ser descubierta comiendo un chocolate que masturbándose. Tres años después, Elizabeth aprendió a mirar en secreto las publicaciones que tenía su padre. Disfrutaba ver los desnudos de “El Amor en Tiempos del Sida” de Rius, y las ilustraciones de Condorito. A esa edad, aquellos dedos de la muñeca pasaban al olvido.
“Desde que tengo memoria, soy una persona que ha tenido el sexo muy presente en su vida, yo recuerdo los momentos en que me masturbaba desde chiquita, las sensaciones y todo eso”.
Tal vez por eso, 20 años después, aquella Elizabeth Rosales precoz entró a un mundo donde el erotismo se consume casi a escondidas. Después de una licenciatura en Artes Visuales, Elizabeth se convirtió en una fotógrafa que registra las salas de cine porno y las grabaciones mexicanas.
Ha recorrido el país en un trabajo que sigue en proceso para encontrar fachadas de cine pornográfico hasta lograr un archivo casi histórico, el registro es apenas la primera parte de las salas que sobreviven en la era de la pornografía gratuita en línea y de la piratería.
“La gente debería disfrutar del sexo. Debería vivirlo libremente”.
Con su trabajo fotográfico, Elizabeth descubrió que las salas de cine se convierten en un refugio, una trinchera de la libertad sexual. Encontró en el mundillo pornográfico a la pantalla como la luz al final del túnel de la represión y supo que esa luz parece estar a punto de apagarse para los mexicanos: el apocalipsis de las salas de cine porno en México.
En un país donde circulan más de mil 500 publicaciones de corte erótico, según la industria editorial mexicana, hay menos de 50 salas de cine pornográfico en el país.
Pero lo que más impacto causó en ella, fue descubrir que esas salas no le dan espacio a las producciones mexicanas y existe un malinchismo evidente entre los consumidores de porno en México. Se topó con las voces que denuncian este desinterés por el porno nacional:
“Los administradores de las salas de cine pornográfico argumentan que no hay películas mexicanas con calidad para proyección en la pantalla grande. Fernando Deira habla con la confianza que le dan más de siete años como productor, escritor y director de cine para adultos con la compañía Sex Mex.
Y si ve usted a las actrices que trabajan bajo la dirección de Fernando Deira, pondrá en tela de juicio el argumento de los administradores de cines. Deira, a quien tal vez se le conoce por éxitos como “Supernatural”, “Blackmail” o “Triple Milk”, dice que además de la falta de salas de cine, la pornografía mexicana enfrenta una guerra contra el Internet.
Sostiene que la gente ya no va al cine porno porque prefiere ver películas desde la intimidad de su computadora. En un país como México, que ocupa el quinto lugar mundial en la búsqueda de videos pornográficos en Internet, según estadísticas de Google Insights, el problema no resulta complejo de entender. Aún así, México está cerca del porno pero lejos de proyectar el propio.
“El público prefiere ver a mujeres extranjeras que nacionales. Aún no hay en México ese amor por la fémina mexicana; contemplar a la fémina como para que digan: vale la pena ver una película mexicana, dice Galileo Montaño, un productor de cine pornográfico especial.
Dice que ha fornicado con poco más de 800 mujeres entre mexicanas y extranjeras. Galileo es propietario del Cártel del Paraíso y probablemente dueño del mayor de los egos en la producción del porno en el país. Estas salas son un mercado sostenido por hombres que desean liberarse mientras disfrutan de una grabación asiática, estadounidense o europea, dice Elizabeth.
Si en las salas de cine para adultos proyectaran las películas mexicanas, quizá harían feliz a alguna actriz del medio que por mucho tiempo ha deseado que su cuerpo se aprecie en la pantalla grande, que la reciban en una premier con alfombra roja, donde asistan medios, fans y celebridades. Esa actriz está en alguna parte del país. Se llama Karina.
“Me encantaría aparecer en la pantalla grande de México, pero lo que molesta no es la falta de espacio en los cines, sino que no vean el trabajo pornográfico mexicano como algo digno y común. Cuando le informo que la pantalla grande mide 5 x 9 metros y los cines porno mantienen un tráfico de visitas constante, Karina se estremece.
O eso prueba su voz. Su sueño: que en México acepten la pornografía mexicana. Que su cuerpo sea admirado por los hombres de México, aunque su identidad sea un secreto.
***
Hay una pantalla iluminada y butacas. En la pantalla, un par de asiáticas desnudas que se besan. Hay un hombre con pantalón militar y boina verde olivo que las observa detrás de un árbol. También hay decenas de hombres que miran a los tres desde fuera de la pantalla.
Decenas de rostros tintineados por la luz de la pantalla. También hay hombres paseándose por los pasillos vacilantes de la sala. Y está Elizabeth, callada, sola, sentada observándolo todo.
“Estas salas son un mercado sostenido por hombres que desean liberarse mientras disfrutan de una grabación asiática, estadounidense o europea, dice Elizabeth. Ha estado aquí por más de una hora, o si en estas butacas el tiempo se midiera por orgasmos, Elizabeth ha estado aquí hace más de seis. Ahora mismo, mientras toma anotaciones, su butaca empieza a vibrar.
El origen de estos movimientos se encuentra a cinco espacios de ella: un hombrecillo con bigote de cantinflas y gorra beisbolera roja se masturba con los ojos clavados en la pantalla. Y a nadie en la sala parece incomodarle.
***
Es curioso, pero el primer encuentro de Elizabeth con el cine porno nacional no fue por la puerta de una sala, sino por la de una tienda. Una sex shop. Tras pasar entre muñecas, juguetes sexuales y réplicas enormes de penes; llegó a la sección de películas mexicanas, tomó la primera que le llamó la atención y después de analizar su portada, Elizabeth le dio vuelta a la caja del DVD que la llevaría a establecer contacto con este ambiente cerrado.
El foco se encendió en su cabeza cuando vio el correo electrónico de la productora. Pero en el mundillo de la pornografía mexicana, Elizabeth era una intrusa.
“Yo no sé quién eres. Tú no sabes cuántas peticiones de este tipo recibimos al día. Ésta es una empresa formal. Si tu intención es formal, entonces contesta este correo con los siguientes datos. La información que pidió Galileo Montaño por escrito eran desde su currículum, dirección del empleo, nombre del jefe, teléfonos disponibles y la lista llegaba casi a medidas corpóreas con detalles de su interés en un largo etcétera.
“Mi intención con el proyecto del registro fotográfico es a favor de la cultura porno del país –le respondió Elizabeth–”.
Llega sola y ten mucho cuidado con pasarte de lista, aunque parezca que Galileo está solo, él nunca está solo –le respondió por correo el productor, cuando le dio fecha e indicaciones para verse.
Se encontraron cerca del anochecer en una oscura calle próxima a la estación del metro Juárez en la Ciudad de México. Elizabeth descubrió a alguien diferente a lo imaginado.
Se topó con un Galileo calvo y amable: el actor y productor de cine porno le ofreció galletas de esas que había comprado en un autoservicio y se fueron a una dirección aparentemente abandonada. La pasó a uno de los cuartos del establecimiento y platicaron largamente en una salita.
“Bueno, yo ya me voy a casar y decidí que el porno no es lo mío después de 10 años de dedicarme a ello; aparte a mi futura esposa no le gusta que ande en esas cosas y pues por ella lo dejaré”.
Galo estaba acompañado. La prometida sentada junto a Galileo le sonrió cortésmente a Elizabeth, que en este momento no entendía para qué la había citado.
Lo comprendió después del encuentro a través de una conversación telefónica.
“Mi verdadero yo no podía dejar el porno”.
Galileo dirige en México la productora Cártel de Paraíso y sabe que para hacer porno en el país no hay muchos problemas, a no ser que se pretenda vivir de ello. Se queja de que no es un buen negocio.
Galileo lleva 10 años trabajando en esto y sus ingresos constantes provienen de la fotografía comercial.
“Todos nos conocemos en el negocio de la pornografía en México. Sólo hay unas cinco o siete productoras legalmente establecidas en el país”, dice Galo desde Estados Unidos, donde ahora trabaja en un proyecto temporal.
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LA PORNOGRAFÍA Y EL ADICTO SEXUAL
La pornografía, para muchos adictos sexuales, combinada con la masturbación, se constituye en una de las piedras angulares de su disfunción. A muchos adictos se les hace extremadamente difícil alcanzar la sobriedad de este tipo de combinación. La pornografía con fantasías crea un mundo irreal en donde el adicto visita, primero en la etapa de la adolescencia y luego en otros niveles del desarrollo y crea una relación de objetualización que lo condiciona a depender de fantasías y objetos para alcanzar llenar sus necesidades emocionales y sexuales. Esto, cientos de veces antes de tener sexo con una persona real.
SUS EFECTOS
Muchas personas creen que si un individuo se “cría bien”, o se “educa bien”, o se “cría en la iglesia“, la pornografía no lo puede afectar. De buenas a primeras esto parece tener un grado de lógica, pero estudios realizados en los Estados Unidos en relación con la memoria y los recuerdos nos deben poner a pensar seriamente.
El Dr. James McGaugh, sicólogo de la Universidad de California ha probado que cuando alguien observa algo chocante, estimulante, excitante, como lo podría ser un accidente o la exposición accidental a representaciones pornográficas, una hormona llamada epinefrina es liberada a la corriente sanguínea y va inmediatamente al cerebro, fijando esa imagen a su mente.
El Dr. Víctor Cline, sicólogo clínico y experto en comportamiento de la Universidad de Utah, ha dicho lo siguiente: “Si uno vuelve vez tras vez a exponerse a material de esa naturaleza (pornográfico), poco a poco llegará a tener una biblioteca pornográfica en su mente de la que no podrá librarse. Estará ahí, lista para recordarse, aún cuando usted no lo quiera.
“Existe una gran cantidad de evidencia en estos momentos que sugiere que los comienzos u orígenes de muchas desviaciones y perversiones sexuales son aprendidas, y una de las formas de aprendizaje es el exponerse a material pornográfico. Es difícil de olvidar, ya que la persona tiene dentro de sí una librería de material antisocial.
“Se puede excitar solamente con las imágenes que ya tiene en su mente”.
Después de esta exposición inicial, si uno se expone a más material pornográfico, comienza un proceso de acondicionamiento. El Dr. Cline dice, que: “En la medida en que he trabajado con personas enfermas, con este tipo de problemática sexual, especialmente hombres, siempre he encontrado cuatro situaciones presentes, y nunca he encontrado una variación.
“La primera cosa es la adicción. Cuando los hombres se envuelven en esto se adiccionan a este tipo de material. Hay una poderosa atracción, al igual que las personas se adiccionan al alcohol y a las drogas. Están continuamente buscando más y más.
“Luego ocurre lo segundo, lo que llamamos escalada, y es que aquello que excitaba en un principio ya no lo hace. Tienen que comenzar a buscar material que sea mucho más crudo. Esta acción sigue escalando hacia materiales más perversos…. más bizarros.
“Luego ocurre una tercera cosa que llamamos desensibilización. Esto significa que aquello que originalmente era chocante y terrible, aquello que ofendía la conciencia y producía culpa de un momento a otro ya no ofende, comienza a verse aceptable. Uno puede llegar a observar cosas realmente terribles, sea en libros, en la televisión, en el cine, en la calle y ya no sentir ningún tipo de repulsión.
“Luego ocurre una cuarta cosa y es la actuación. Comienza la persona a actuar sobre lo que ya ha visto. Comienza a imitar la conducta aprendida”. El Dr. Cline dice: “Cuando uno se expone accidentalmente a algo sumamente bizarro, lo mejor que puede hacer es rehusarse a dar una segunda mirada”, y luego enfatiza, “no importa lo inteligente que usted sea, o el nivel social en que se encuentre (aun personas religiosas se han adiccionado a la pornografía). Todo el mundo está sujeto a las leyes de aprendizaje. Y nosotros los hombres, en particular, somos más vulnerables a este tipo de situaciones (adicción a la pornografía) que puede reducir aun el más fuerte.
LA PORNOGRAFÍA INSENSIBILIZA
EL CINE PORNO EN MÉXICO
(Artículo original de Sergio Nolasco / Septiembre 27, 2012 / Diez4.com)
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