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Coahuila

El clásico dominguito veraniego de Sheinbaum en Arteaga

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

El domingo estuvo en la Región Sureste de Coahuila la Jefa de Gobierno con licencia de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo. Y si simuló piscar manzanas en la huerta Manzanares, de Los Lirios, o si simuló jugar softball en los campos de la Sección 38, en Saltillo, es completamente irrelevante.

Aunque su perorata de 27 minutos en la Plaza de Toros Armillita, simulando una “asamblea informativa” de Morena, también lo fue.

Sin embargo durante una breve y superficial entrevista exclusivamente con mujeres reporteras –la cual documentó Grupo Zócalo– reveló su opinión acerca de la relación entre la entidad y la Federación, por un lado, y cómo afectarían en su toma de decisiones los prejuicios que tiene del estado. Lo verdaderamente importante, pues.

Justo es decirlo: todos los políticos prejuzgan. Eufemísticamente se le llama “estilo personal de gobernar”, o cómo su historia de vida, formación profesional, experiencias y traumas, cultura o incultura, intereses personales o de grupo, influyen en las negociaciones públicas.

En este caso es relevante la visión de Sheinbaum no por su trayectoria ni sapiencia, sino porque se trata de la aspirante presidencial del partido en el poder con miras a la imposición en 2024. Una amenaza real.

Luego de iniciar una ilegal precampaña fuera de lugar, titubeante y sin definiciones, la morenista acomodó su posición al paso de los días en el orgullo que le genera –dice– ser Obradorista por convicción y representar la continuidad del eslogan sin sustancia denominado cuarta transformación.

Desde entonces su participación en la contienda que formalmente todavía no inicia consiste en cuestionar los cuestionamientos encaminados a criticarle su carencia de voz propia, ya que asegura estar de acuerdo en “casi todo” lo realizado de 2018 a la fecha, por tanto no tendría por qué avergonzarse de repetir el mismo discurso –con sonsonete tabasqueño incluido– del Presidente.

En esa justificación descansa su imitación y carencia de personalidad. Pero no sólo eso, también las posturas idénticas en torno a temas de interés general. Y aquí es donde Coahuila entra en la ecuación. Específicamente con dos tópicos: federalismo y deuda.

Acerca del primero dijo estar de acuerdo en que se destinen recursos etiquetados por proyectos, no por cantidades (las cuales, por supuesto, son controvertibles). En relación al segundo mencionó que “es responsabilidad del propio estado porque tampoco puede ser que México entero cargue con un asunto de corrupción”.

En resumen: que Coahuila sea solidario y aporte a Oaxaca y Chiapas (gobernados por Morena, casualmente) sin que la Federación devuelva la cortesía interesándose por las carencias que aquejan al norte. El mismo planteamiento soterrado que ha servido para condicionar la relación desde 2018: “para qué quieren el dinero si son corruptos y se lo van a robar”.

No obstante, contra esa manera de ver el mundo no hay inteligencia que valga. Además de populista y demagógica, significa renunciar a la práctica antropocéntrica que nos distingue de las bestias: pensar. Dinamita los puentes de la vida en sociedad. Es el cinismo llevado al extremo. Un pretexto pueril.

No se puede soslayar una relación directamente proporcional: mientras las obras presidenciales insignia en el sureste del país aumentan exponencialmente su costo año tras año sin ninguna justificación ni transparencia (más allá de su inutilidad, lo cual es otro asunto), las participaciones federales previamente comprometidas en el Presupuesto de Egresos de la Federación son recortadas a los estados. Así se pretende crear la percepción de que la cobija no alcanza para cubrir ambos propósitos y uno tiene que ser sacrificado en beneficio colectivo.

Y en el fondo supone afectar a quien más produce porque –en teoría– más tiene. Una idea judeocristiana ampliamente socializada y aceptada, envuelta en el régimen de la República Federal. No es un problema de deficiente programación y presupuesto, sino de hiperpresidencialismo tóxico y demasiada doctrina franciscana acomodaticia para un Gobierno que se precia de ser progresista y de izquierda (ajá).

 

Cortita y al pie

Durante su visita a Coahuila, a Claudia Sheinbaum la familia Guadiana Mandujano le hizo pasar un clásico dominguito veraniego de político local en la sierra de Arteaga: llegas a media mañana para ver cómo los empleados piscan manzana, “supervisas” la operación en tus bodegas, te llevan a ver la construcción de cabañas en zonas privilegiadas, y paseas en cuatrimoto por las brechas bordeadas por coníferas en terrenos de propiedad ejidal ilegalmente adueñados años atrás. “N” cantidad de servidores y exfuncionarios hacen eso los fines de semana.

Tampoco eso es importante, aunque sí revelador cuando dice representar exactamente lo contrario.

Sería un error perder de vista lo trascendental: que tras un soso y anodino evento de precampaña, existe una perjudicial idea de nación que se pretende poner en práctica.

 

La última y nos vamos

Hace 45 años lo dijo Jesús Reyes Heroles y hoy se mantiene vigente: “De los políticos transformistas: ¡cuídense de ellos! ¡Del mimetismo político, de las metamorfosis conforme soplan los vientos, no importa bajo qué signo ideológico se den las acrobacias!”.

Más claro, el agua.

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