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Coahuila

El Coahuililla, un tren de leyenda

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 años

“Ya se acabó el Coahuililla que corría a Concepción el tren de la vía chiquita que se llevó mi corazón”

Fragmento del poema El Último Adiós, de José Encarnación Mendoza, conductor del ferrocarril Coahuila y Zacatecas.

 

Más que económica, fue una decisión absurda la que acabó primero con un tren de leyenda, el Coahuila y Zacatecas, con servicio de carga y de pasajeros que se desplazaba por vía angosta (chiquita), entre Saltillo y Concepción del Oro, Zacatecano y luego la hecatombe llegó cuando un presidente Ernesto Zedillo Ponce de León sin consultar a nadie decidió la desincorporación (desaparición) de los Ferrocarriles Nacionales de México, obra realmente cumbre del presidente Porfirio Díaz Mori, para que enlazara al país con este que fue incorporable servicio.

Fue otro ominoso mandatario de triste memoria en la podredumbre de la política nuestra, Vicente Fox Quezada, quien dio la puntilla a los Ferrocarriles Nacionales de México y de paso a la historia de la comunicación ferroviaria masiva. Además de incomunicar a miles de rancherías y poblados rurales de México, literal comercialmente murieron miles de poblados rurales que vivían de los pasajeros del ferrocarril a lo largo y ancho del país, y nos quedamos sin ese servicio de pasajeros que hubiera sido de gran utilidad en horas actuales.

 

Breve historia del Coahuililla

El 1 de enero de 1898 comenzó a operar el ferrocarril de vía angosta entre Saltillo y Concepción del Oro, Zacatecas, obra de don Guillermo Purcell, comerciante y empresario irlandés asentado en nuestra ciudad, donde creó un emporio de riqueza y trabajo, como el convoy que hacía el recorrido entre nuestra entidad y la vecina Zacatecas. El tren iba por la vía como aguinaldo de juguetería, como diría en su poema Suave Patria, el zacatecano Ramón López Velarde.

 

La despedida

El característico ¡Vaaamonooos!, seguido del sonido del silbato, invadió de tristeza a los habitantes del pequeño poblado de Concha del Oro, comenzaba el último viaje del pequeño tren.

En Saltillo, aquel 22 de junio de 1977, un grupo de periodistas, reporteros, fotógrafos y comunicadores hicimos el recorrido final en el legendario trenecito.

El Coahuililla, en poder de la casa Purcell, operó por 51 años interrumpidos, luego pasó a Ferrocarriles Nacionales de México que le dio “la puntilla”, empresa que desapareció posteriormente para dar un cerrojazo a la obra magna del porfiriato, periodo en que gobernó el general Porfirio Díaz. Más de 27 mil kilómetros de vías fueron cedidos a la empresa Kansas City, especializada en carga, que sólo cuenta con dos trenes de pasajeros, uno que es exclusivo para ejecutivos de la empresa y el de Navidad que sirve en esta época en algunas ciudades del país.

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