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El debate sobre el modelo de administración: ¡Saraperos 2026!

Por Federico Muller

Hace 2 meses

Antecedentes

Los equipos que compiten en ligas profesionales de México y Estados Unidos han manejado -a lo largo de más 100 años- diferentes modelos de organización y administración. En el caso del beisbol, después del año 2000, ha tenido buena aceptación entre los magnates dueños de las franquicias el esquema de gestión “moneyball”, que funciona bajo dos principios administrativos:

1.) Separa la función ejecutiva de la gobernanza del club.

2.) Delega autonomía -deportiva- a los titulares de las gerencias (direcciones) de la organización.

Por lo general, los propietarios de los equipos poseen una cartera diversificada de negocios -no se limitan a uno solo-, que influye para que tengan una visión más comercial que deportiva. A pesar de ello, invierten en el deporte que les agrada, sin escatimar esfuerzos por las pérdidas que puedan llegar a tener en el mediano plazo. Algunos más osados manejan balances consolidados, sustentados en transferencias monetarias entre sus empresas. Su principal función es aportar capital, supervisar y pedir resultados a sus colaboradores más cercanos. El director deportivo se encarga de las contrataciones de los jugadores, el grupo de analistas produce información y el manager dirige a los jugadores en el terreno de juego.

Desde luego el rey de los deportes no puede someterse a “modelitos” estructurados, como regla. A lo largo de su historia han coexistido modelos muy distintos de administración, algunos de ellos exitosos, pese a apartarse de los principios que hoy se consideran recomendables. Uno de los propietarios del Club Saraperos y también de los Tomateros de Culiacán -Juan Manuel Ley López- decidía y el resto de la organización ejecutaba sus órdenes. Para la fanaticada que asistía -en ese tiempo- al parque Francisco I. Madero, acompañada de un radio de transistores en el bolsillo o atado al cuello para escuchar la narración del partido de labios del experto cronista deportivo, fue la mejor época en los 56 años de historia que tiene el llamado Dragón del Norte.

Ese antecedente resulta especialmente pertinente para analizar la temporada 2026 de los Saraperos de Saltillo. Los resultados obtenidos dentro del terreno de juego reabrieron un debate tan antiguo como vigente: ¿hasta dónde debe llegar la intervención del propietario en las decisiones deportivas de una franquicia profesional?

 

Balance de la temporada 2026

La temporada 2026 comprendió 31 series de tres juegos, para un total de 93 encuentros. Los Saraperos de Saltillo terminaron con 38 victorias y 55 derrotas, equivalente a un porcentaje de triunfos de .409. En el standing de la Zona Norte ocuparon el octavo lugar, únicamente por encima de los Dorados de Chihuahua y los Tecolotes de los dos Laredos. La cadena de derrotas acumulada durante buena parte de la temporada obligó a la directiva a sustituir al mánager. Sin embargo, el cambio de timonel no produjo la recuperación esperada. Tampoco las incorporaciones de jugadores realizadas durante la campaña consiguieron modificar de manera sustancial el rumbo del equipo.

La columna vertebral de cualquier conjunto profesional de beisbol es su cuerpo de lanzadores: abridores, relevistas y cerradores. En el caso de los Saraperos, la inconsistencia del pitcheo dificultó tanto la posibilidad de construir ventajas como la de conservarlas. A este problema se sumó una producción ofensiva irregular y, en numerosos encuentros, poco oportuna cuando había corredores en las bases. El resultado fue un círculo difícil de romper: un pitcheo incapaz de sostener ventajas, una ofensiva que no produjo de manera consistente en los momentos decisivos y una sucesión de derrotas que redujo rápidamente las posibilidades de competir por los primeros lugares.

El desánimo terminó por hacerse perceptible en el ambiente que rodeaba al equipo. Incluso dos de los personajes más identificados con la tradición sarapera -Kike Conejo y el Dragón del Norte- reflejaron en sus apariciones durante los juegos en casa el ambiente de decepción que acompañó a la temporada. En las últimas series hizo su debut otra mascota de color amarillo, de estatura pequeña y con un cartel en su espalda que decía Pollo Criollo. Más allá de las cifras, 2026 dejó una pregunta que trasciende el terreno de juego: ¿el fracaso fue consecuencia de una mala temporada o reveló deficiencias en la manera de construir y administrar el equipo?

 

El modelo de organización: intervencionista

La teoría de la administración dice que un modelo de organización deportiva intervencionista se caracteriza porque el propietario del equipo decide, el gerente ejecuta, los visores sólo opinan y el manejador se adapta a lo que le recomiendan sus superiores. En un comunicado oficial publicado a finales de julio de 2026, la directiva de Saraperos de Saltillo señaló: “Esta Directiva NO EVADE su responsabilidad frente a los resultados deportivos en la presente temporada. Somos los primeros en reconocer que el desempeño del equipo no ha estado a la altura ni a las expectativas de nuestra ciudad y de nuestra afición. No hemos permanecido inmóviles, y hemos trabajado en busca de corregir el rumbo. Podemos aceptar las críticas, porque forman parte del deporte profesional. Podemos entender la exigencia, porque compartimos el deseo de ver a Saraperos en los primeros lugares”.

 

Conclusiones

La forma de actuar de la directiva es respetable al reconocer públicamente las deficiencias. Sin embargo, la reiteración de temporadas sin playoffs puede encontrar factores disuasivos importantes: las compañías cerveceras y el resto de patrocinadores que están presentes juego tras juego, y de manera no menos relevante, la afición saltillense. A ambos no les gusta invertir dinero y tiempo en clubes perdedores de manera prolongada. La pregunta que queda abierta es si, a partir de este reconocimiento, se producirán cambios estructurales reales en la manera de construir y administrar el equipo de cara a 2027.

 

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