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Coahuila

El derecho a un amor feliz

Por Irene Spigno

Hace 4 años

A lo largo de la historia, todas las sociedades han tenido un elemento común y constante: convencernos que nuestro principal, y a veces único, objetivo (especialmente para las mujeres) es tener una pareja y formar una familia.

Si optamos por ser personas solteras (que sea por decisión propia o simplemente por una serie de casualidades y coincidencias) hay algo raro en nosotras y nosotros. Nos miran raro en nuestro espacio laboral, y quizás también en nuestros círculos más cercanos, como nuestras amistades y familias.

Crecimos con la convicción de que es importante construir una relación de amor con alguien que nos complete y nos haga feliz y si esto no pasa, la percepción generalizada es que nos falta algo como personas.

Pero ¿existe el derecho a un amor feliz? Se enfrenta a esta problemática un abogado italiano, Vincenzo Malinconico (malinconico en italiano significa melancólico), en una muy entretenida novela titulada, Sono Felice, Dove Ho Sbagliato? (en español sería Soy Feliz, Dónde me Equivoqué?) escrito por Diego de Silva.

El abogado Malinconico se ocupa de causas injustas, las así llamadas causas perdidas. Y la causa con la que se enfrenta en la novela, es nada más y nada menos que una injusta causa de amor.

Una causa muy rara desde el punto de vista jurídico, ya que es una causa por “amores empantanados”, que genera la idea en algunos que lo han sufrido de tener el derecho a la reparación del dolor generado.

Sí, el abogado Malinconico es contactado por un grupo de ocho personas (seis mujeres y dos hombres, y probablemente este dato numérico es el reflejo de la influencia social de la que hablábamos hace un momento) que quieren llevar, a través de una demanda colectiva, una causa trascendental de daños y perjuicios por “pretensiones sentimentales”.

Esta demanda se basaría en un argumento probablemente muy cercano al absurdo pero que al final goza de cierta lógica.

Si existe un derecho privado (entendido como aquella rama del derecho que regula las relaciones intersubjetivas entre personas físicas y/o morales en el ámbito patrimonial, pero también personal y familiar) ¿por qué el ámbito privado de los sentimientos no debe ser sujetos a la misma ley que regula las relaciones patrimoniales y por lo tanto generar un derecho a la indemnización en caso de violaciones contractuales?

A través de una narración animada y entretenida, De Silva hace que el abogado Malinconico construya una muy bizarra defensa.

Estimado lector, no vamos a desvelar en qué termina la demanda colectiva (Diké les sugiere leer el libro, muy probablemente también disponible en español).

Sin embargo, muchas de las personas que tuvieron o tendrán la suerte de tener en sus manos esta divertida y emocionante novela, sí se identificarán con aquellas ocho personas que se acercaron al abogado Malinconico por haber sufrido, en algún momento de su vida, el daño de las reivindicaciones sentimentales, de los sentimientos no correspondidos, de las relaciones sin futuro, donde se estancan los proyectos, los deseos y hasta los derechos.

El amor puede engullir una vida, ponerla en suspenso, a merced de los años y las oportunidades que pasan. Probablemente todos estaremos de acuerdo en que el derecho no tiene nada que ver con la compensación por este tipo de daños.

Pero seguramente, la sociedad y la cultura que la forma y alimenta tienen una gran responsabilidad. Eliminar la creencia de que la aspiración de todas las personas debe ser encontrar la felicidad en la pareja (sea del tipo que sea).

No tratemos de buscar la felicidad en los demás. Como dice un proverbio tibetano: “buscar la felicidad fuera de nosotros mismos es como esperar a que salga el sol en una cueva orientada al norte”.

Ahora sí, aclarado este punto de partida, todas y todos tenemos derecho (quizás no legalmente exigible) a la felicidad y a vivir un amor feliz.

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