Internacional
Publicado el miércoles, 20 de mayo del 2026 a las 13:38
La Habana.- El 24 de febrero de 1996, la Fuerza Aérea Cubana derribó dos avionetas Cessna 337 (modelo O-2 en su versión militar) que, según el gobierno de la isla, violaban su espacio aéreo.
Las aeronaves eran pilotadas por miembros de un grupo anticubano liderado por José Basulto, un veterano agente de la CIA involucrado en muchas acciones paramilitares desde 1959, incluida la invasión de Bahía de Cochinos y una serie de intentos de asesinato a Fidel Castro.
En los 20 meses que precedieron al incidente, este grupo había penetrado el espacio aéreo cubano en 25 ocasiones, cada una de ellas denunciada por el gobierno cubano ante las autoridades estadounidenses.
Después de muchas gestiones diplomáticas, el gobierno de Estados Unidos quiso parecer receptivo. Washington inició una investigación sobre los vuelos y solicitó la colaboración de La Habana para obtener detalles de las provocaciones. Sin embargo, para el 24 de febrero de 1996, estos procedimientos administrativos no habían concluido.
Posteriormente, la Administración Federal de Aviación (FAA) retiró la licencia de piloto a Basulto, quien no puede volar legalmente desde entonces.
Los provocadores habían anunciado públicamente que continuarían realizando vuelos ilegales sobre territorio cubano. En enero de 1996, Basulto llevó consigo a un equipo de televisión de la NBC desde Miami, que filmó y transmitió cómo sobrevolaban el centro de La Habana lanzando propaganda.
En respuesta, Cuba hizo pública su decisión de no tolerar más estas incursiones y envió notificaciones al gobierno de Estados Unidos, al Departamento de Estado y a la FAA. Esta última advirtió a Basulto y su grupo que debían abstenerse de realizar tales vuelos.
La hipótesis de que el gobierno cubano hubiera planeado provocar una guerra con Estados Unidos, una confrontación militar que hubiera resultado en un terrible golpe para toda la nación y su pueblo, carece de motivación lógica.
En 1996, Cuba atravesaba su peor crisis económica —peor que la Gran Depresión, según un informe de Naciones Unidas— y no tenía aliados internacionales, lo que hace ilógico un conflicto militar con Washington.
Cuba hizo exactamente lo contrario.
“ Cuba denunció una y otra vez cada provocación a la FAA y a la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI) y envió decenas de notas diplomáticas al Departamento de Estado. Pero Cuba fue más allá. Hizo su mayor esfuerzo para llegar al más alto nivel de la administración norteamericana, la Casa Blanca, tratando de prevenir más incidentes.”
Como fuente de respaldo, existe un artículo de la revista The New Yorker de enero de 1998, titulado “Annals of Diplomacy: Backfire” de Carl Nagin, que ofrece un recuento de los esfuerzos diplomáticos de Cuba para evitar el incidente.
Sí, hubo una conspiración para provocar la tragedia del 24 de febrero de 1996. Pero se le atribuye a los grupos de Miami que, según afirma, han mantenido una campaña terrorista contra Cuba durante décadas. Menciona que estos mismos grupos secuestraron posteriormente a Elián González, un niño de seis años, sin que enfrentaran consecuencias legales.
Texto basado en el original de Ricardo Alarcón de Quesada, adaptado para su publicación en Razones de Cuba
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