Coahuila
Hace 2 años
Cada fin de sexenio estatal aparecen regalitos bajo el pino de Navidad. Es la dinámica del poder en Coahuila. Son los entretelones de la realpolitik y en esa coyuntura nos encontramos a escasos 23 días de concluir el actual.
Un ejemplo: a pocas horas de terminar noviembre, pero en 2017, Rubén Moreira recibió de la Academia Interamericana de Derechos Humanos (AIDH) un reconocimiento y un título honorífico como “investigador en derechos humanos” que le permite pertenecer a la institución como prestador de servicios. En contraparte, 91 días atrás, el Mandatario había firmado el Decreto que al publicarse creó dicha Academia.
A su vez, la Universidad Autónoma de Coahuila lo condecoró a él con el grado Máster Ad Vitam 48 horas antes de acabar su mandato. Una y una. Mano con mano.
Así la AIDH nació como rémora de la UAdeC. Integra su estructura y organigrama, sí, no obstante cada partida presupuestal que se le asigna (es decir, las fichas para jugar) se maneja por separado, en el articulado del Presupuesto de Egresos anual (el Artículo 40, para ser exacto), ajeno a la bolsa global que recibe de la Secretaría de Finanzas la Máxima Casa de Estudios del Estado.
Eso le otorga cierta independencia de Tesorería General y atribuciones metaconstitucionales, como la obligatoriedad de que su anualidad “especial y adicional” nunca podrá ser menor a la del ejercicio fiscal previo. Dicho de otra forma: se ubica por encima de los principios de suficiencia y viabilidad presupuestal. “De manera irreductible”, dice textualmente su propia Ley. Además, “administrará libremente sus recursos financieros”.
La coartada es sencilla: si existe la Corte, por qué no una Academia que iguale sus apellidos: Interamericana de Derechos Humanos. Aunque nada las vincule ni tengan algo en común, más allá del redituable negocio “derechohumanero”.
Para dimensionar basta la cifra irrisoria de alumnos en su “Licenciatura en Derecho con Perspectiva de Derechos Humanos”: 33 aspirantes presentaron examen de admisión a la AIDH en 2022. Sí, ¡33 aspirantes! de 22 mil 17 totales que pretendían ingresar a la UAdeC, de acuerdo con la Secretaría de Asuntos Académicos.
La selectividad, por tanto, es inexistente. Y cuestionable la utilidad.
El fenómeno es tendencia mundial en instituciones de educación superior: más que servir de semillero, o abrir a los jóvenes otra alternativa de acceso que atienda el número de rechazados por la universidad pública, se convierten en (o nacen como) guarderías ideológicas del pensamiento woke (seudoprogresista). Incuban las modas del establishment como si fuesen valores. Priorizan la envoltura “moderna”, antes que el contenido sólido.
Es el caso de la AIDH, cuyo objetivo de fin de sexenio no es llegar a más personas en la entidad, sino ser por fin autónoma de la Autónoma. Ya no un satélite sectorizado, sino una estrella con luz propia, aunque sin pertenecer a un sistema solar.
En los hechos un agujero negro que absorba presupuesto de forma vitalicia, más bien.
¿Aparecerá el papelito como regalito bajo el pino de Navidad en los próximos días vía la Legislatura del Congreso del Estado?
Cortita y al pie
Por lo demás, ¿por qué la AIDH genera tanto repudio en el gremio local de abogados?
¿Es acaso “envidia”, como su fundador alude cada que tiene oportunidad? ¿Es el “ódiame más” que propaga él mismo, como si se tratase de la provocadora frase inventada por las Águilas del América? ¿Son sus colaboradores, quienes adoptan un halo de superioridad moral que los enemista con sus congéneres? ¿O simplemente se trata de la natural crítica sobre un elefante blanco (morado, para mejor referencia) que, pese a los millones inyectados en él, no justifica su presencia en un ecosistema norteño-industrial donde ‘productividad’ es la palabra clave?
La última y nos vamos
El 17 de noviembre de 2018 se colocó la primera piedra de un tentativo inmueble propio para la AIDH. Sin embargo, según el documento SEFIN/UT/658/2017 de la Secretaría de Finanzas, en actas del Comité Técnico del Impuesto Sobre Nómina consta que habían sido etiquetados para el proyecto 160 millones de pesos en el “Programa de Inversión 2016-2017 Sureste”.
Y luego de 205 millones de pesos ejercidos –o embolsados, según se vea– de aquél entonces a la fecha por la Academia, inauguran hoy el edificio.
Ya era hora. Supongo.
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