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El enigma de las momias de Guanajuato

  Por Elena Hernández

Publicado el jueves, 5 de noviembre del 2009 a las 16:00


Visitar la ciudad de Guanajuato, en el estado del mismo nombre, es introducirse a un mundo mágico

Guanajuato.- Visitar la ciudad de Guanajuato, en el estado del mismo nombre, es introducirse a un mundo mágico, lleno de misticismo, historia y aventura.

Por sí solo, este lugar invita al visitante a disfrutar de cada rincón que lo conforma, por ejemplo, recorrer sus túneles, caminar sobre sus estrechos callejones, degustar su exquisita gastronomía, visitar sus innumerables museos y especialmente hacer una visita a las “tías” que todos comparten, las Momias de Guanajuato.

Estas “tías” que se mencionan, se localizan en el Museo de las Momias de Guanajuato, un lugar ubicado junto al Panteón Municipal de Santa Paula en la parte sur de la ciudad.

Sin duda no hay una descripción exacta para plasmar la emoción que se experimenta al estar en este sitio. Es una especie de suspenso combinado con terror y miedo, pero a la vez con el gusto de conocer un poco sobre el enigmático tema de la muerte.

Un singular recorrido

Desde la entrada al recinto, el clima cambia un poco, se deja sentir una corriente de aire frío, quizás éste sea el clima que prevalece en el más allá. Después, una pequeña subida y finalmente la primera parte del museo.

Un video sobre éste, y después unas fotos de las tumbas que integraron el Panteón de Santa Paula, es lo primero que se puede observar; son más de 10 fotografías en un estilo llamado “tinrype”, lo cual permite irse involucrando poco a poco al ambiente mortuorio.

Sobre esta primera sala, un conjunto de momias (hombres y mujeres) puestos de pie bajo una vitrina de vidrio, en verdad que despiertan el asombro a los visitantes, en especial porque varios conservan sus facciones, el largo de su cabello, su dentadura, su vestimenta, incluso la imagen con la que dijeron adiós a la aventura de respirar.

Hacia el otro extremo hay otro cuerpo, pero a diferencia de los primeros ya no se le distingue el rostro, sólo su esqueleto, pero igualmente impresionante por su excelente estado de conservación.

Después de esta primera sala comienza ya en forma el contacto real con la muerte de una manera realmente admirable, a través de la exhibición de la primera momia y que es quien da la bienvenida a los visitantes, se trata de don Remigio Leroy, un médico francés cuyo cuerpo fue exhumado el 9 de junio de 1865.

Su nicho era el número 214 y se localizaba en la primera serie del Panteón de Santa Paula. Él fue un candidato a la exhumación, al no contar con familiares que lo reclamaran.

Haber encontrado este cuerpo en su estado de momificación causó un gran revuelo entre los sepultureros, pues aún conservaba en buen estado sus atuendos y sus expresiones que provocan una inquietud sobre cómo habría sido su vida y a la vez su muerte.

El recorrido por el museo continúa con varios cuerpos más, se comenta que la colección está conformada por más de 100, pero varios de éstos son prestados para exhibiciones en el interior del país, como parte de los atractivos de Guanajuato.

Los personajes

“La China”, “Mujer con camisón” y “Justo Hernández, el Hacendado” son otras momias que están a la vista del público compartiendo sus gestos de tranquilidad, sonrisa, paz y miedo.

“La China” es el cuerpo de una mujer que conserva facciones y atuendos orientales. Se desconoce su nombre, pero se cree que pudo haber sido china, japonesa o coreana, y que llegó durante el siglo 19, cuando se firmaron acuerdos migratorios para poblar la parte noroeste del país.

“Mujer con camisón” es el cuerpo de una dama que también está a la vista del público. Tenía 70 años cuando la muerte la sorprendió. El 20 de enero fue encontrada en el panteón y desde entonces fue una de las elegidas para formar parte del museo.

Al ver por otro lado la misma vitrina se encuentra don Justo Hernández “El Hacendado”, un hombre que se conserva muy bien, sus facciones despiertan a la imaginación de cómo sería su cara. Su cripta por varios años fue la 320, pero hoy su cuerpo se localiza de pie observando al paseante que se le queda viendo, especialmente por su aparente sonrisa.

Otra área que conforma el museo, es la de las momias bebés. Estas aún se conservan en excelente estado, al igual que sus vestimentas de “angelitos”.

Hasta el momento la visita al museo resulta tranquila y natural hasta entrar al área donde hay otros cuerpos a quienes la muerte les sorprendió de manera catastrófica, por ejemplo, Ignacia Aguilar-Chirilo, una mujer que fue enterrada viva, debido a un error médico. A ella le dio un ataque de epilepsia y la creyeron muerta, pero la sorpresa fue que ella despertó dentro del ataúd y murió finalmente asfixiada.

Siguiendo en el museo, hay una vitrina que exhibe la momia más pequeña del mundo. Se conserva en excelente estado y de tamaño es tan sólo de algunos 25 centímetros.

Para quienes son de emociones fuertes y nada cardiacos, el Museo de las Momias tiene una área más llamada “El Culto a la Muerte”, donde se exhiben objetos de tortura utilizados durante la época de la Santa Inquisición, algunas momias y huesos de personas que sufrieron la tortura. Éste conserva el estilo original del panteón, lo cual introduce al paseante en una atmósfera sin igual.

Así finaliza el recorrido por este sitio que no debe dejar de visitarse, porque es Patrimonio de la Humanidad declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Un poco de historia…

El Panteón de Santa Paula se construyó en 1853 y fue inaugurado el 13 de marzo de 1861. En un principio fue llamado Panteón Municipal. Su construcción es de estilo neoclásico.

Hay una historia que es probable sea cierta, resulta que en 1833 hubo una gran tragedia, el Cólera Morbus arrasó con el estado y esto provocó una infinidad de muertes. Había la necesidad de crear panteones y los que había eran insuficientes. Así que se optó por exhumar a los cuerpos más antiguos para darles cabida a los nuevos.

Este panteón no fue la excepción y cuando los sepultureros se dieron a la tarea de exhumar, observaron que algunos cuerpos estaban en excelentes condiciones, por lo cual se sometieron a investigaciones y procedimientos de conservación, que finalmente dieron como resultado el Museo de las Momias de Guanajuato.

Sobre la momificación…

Acorde al árabe clásico, momia proviene de Mumiya y a su vez del persa Mum que significa cera, pero también se define como un cadáver que se deseca de manera natural sin entrar en putrefacción.

Como características de un cuerpo momificado se puede mencionar que éste conserva el tercio del peso corporal que tuvo en vida. Los ligamentos mantienen unidos a los huesos entre sí y éstos permanecen a su vez adheridos a los músculos, lo cual lleva a un proceso de deshidratación uniforme. Si se observa la mandíbula, es común que la momia la tenga abierta, esto ocurre porque se encuentra unida al cráneo por un cartílago y al descomponerse ésta cae. En el caso de Guanajuato, sus momias se conservan gracias al clima, al lugar donde se construyó el panteón y la ubicación de las criptas, lo cual ha ayudado a que el proceso natural de momificación hoy permita admirarlas e imaginar la verdadera historia de su vida y sus vivencias.

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