Coahuila
Hace 2 años
Ayer inició el proceso electoral en Coahuila para renovar ayuntamientos y la noticia es que Morena en Saltillo, luego de una década como partido, no tiene con qué ni tiene con quién. No es que en otras ocasiones haya tenido con qué y con quién.
En 2017, 2018 y 2021, sus antecedentes de participación en la contienda, había ido de menos a más en porcentaje de votación conforme pasaron los años, y tuvo entonces candidatos con presencia en la comunidad, también de menos a más: Rodolfo Garza, Óscar Mohamar y Armando Guadiana, en ese orden. Pero en 2024 no hay alguien que levante la mano. A nadie con zapatos (que busque algo más que likes en redes sociales o quedarse unos pesos de la campaña) le interesa poner su nombre y trayectoria al servicio de la que se anticipa una derrota anunciada. Y por un importante margen de diferencia.
Antes de entrar en materia cabría sembrar una pregunta: ¿La capital del estado es un parámetro adecuado para medir la dimensión real del partido, o es una excepción a la regla, ampliamente propagada aunque falsa, de que el emblema guinda arrasa donde quiera que se presenta solo con el prestigio de la marca y la fuerza moral de su líder espiritual?
Ahora bien, a sus condiciones de debilidad, se suman las decisiones del Comité Ejecutivo Nacional que repercuten en lo local sin conocer siquiera el contexto: el precandidato único a la Presidencia Municipal de Saltillo será designado el 19 de febrero (fecha programada pada dar a conocer los resultados de las “encuestas”), con la expectativa de alargarse hasta el día 26 la decisión en caso de haber inconvenientes.
En el calendario ello supone 41 días después de que será definido el precandidato único de la alianza PRI-PAN-PRD (9 de enero), o 48 en su defecto. También significa que arrancará entonces en desventaja, y con sólo tres meses de anticipación a la jornada electoral. Tiempo insuficiente, por lo demás, para siquiera ser conocido por el hipotético electorado en la lista nominal.
A lo anterior hay que sumar otro déficit: los alcaldes de los municipios con más de 125 mil habitantes tienen un hándicap casi imposible de alcanzar: el millonario presupuesto anual a su arbitraria disposición, y la permanencia en el cargo sin separarse de él para hacer campaña, como mandata la Suprema Corte desde 2017, quien indirectamente valida que puedan usar los recursos. Dinero que difícilmente puede ser igualado por prerrogativas y aportaciones de financiamiento privado provenientes de alguien que intente desafiarlo desde la oposición. Así, salvo que sucediese una desgracia, caso fortuito, o de fuerza mayor, es casi un hecho que los presidentes municipales revalidarán su mandato por un periodo más, como dijese La Volpe a propósito de las eliminatorias de Concacaf para la Selección Mexicana de Futbol: “caminando”.
La ironía es que Morena en Coahuila, el opositor por excelencia, ya no se trata de un partido pobre. Los 354 mil 480 votos obtenidos en la elección de diputados locales, tomados en cuenta para la distribución de prerrogativas cada tres años (y que les favorece, pues la cifra en dicha votación fue superior a la obtenida en la boleta de Gobernador), les permite recibir un presupuesto equivalente al 28% de votación.
Lo anterior se traduce en que dispondrán 40 millones 224 mil pesos para actividades ordinarias, un millón 206 mil más para específicas, y 12 millones 67 mil extras para gastos de campaña o $53.5 millones como total. Además tendrán la posibilidad de recibir hasta 20 millones 916 mil pesos en aportaciones de militantes, y otros 7 millones 843 mil a fin de financiar precandidaturas
y candidaturas. Económicamente no es, por tanto, un rival débil. Hasta $82 millones puede gastar legalmente en 2024 en la entidad.
En contraparte reaparece Eduardo Ariel Pacheco Ortiz, representante de la Alianza Ministerial Evangélica y la Casa de Rescate Cristo Vive, quien repite su aspiración de ser candidato independiente a la Alcaldía de Saltillo, luego de calificar improcedente su solicitud en 2021 el Instituto Electoral de Coahuila.
Cuenta con la experiencia previa del proceso de recolección de firmas, y una estructura en territorio nada despreciable para un civil, en un municipio donde los candidatos oficiales y de oposición para ser tomados en cuenta deben provenir obligatoriamente del oficialismo; ser palomeados, pues. Y tiene mérito por la vía independiente, con recursos públicos mínimos, por no decir simbólicos, sin usar a partidos como vehículo de acceso. Pacheco es, para dimensionar, un líder social como no había surgido a nivel local otro desde Francisco Navarro Montenegro, en la década de los 80.
Ahí es donde la perseverancia es superior al talento. ¿Acaso no es López Obrador un líder espiritual en realidad, más que un Presidente con plena capacidad intelectual para el cargo?
Cortita y al pie
Cristo Vive no se reduce a una hielera con burritos, es una organización modélica. Pueden ser cuestionables sus creencias y sus métodos de rehabilitación, sin embargo atiende soterradamente desde hace años al Saltillo profundo; ese que no se ve desde los bulevares y calzadas, del cual pocos se han percatado.
En la ciudad los problemas sociales siguen la suerte del trazo urbano: conforme se internan y enclavan las calles y manzanas hacia la periferia, menor cohesión social existe y más fenómenos antisociales que a la postre generan delitos, se denuncien o no.
Ahí, en ese entramado, subyace un amplio colectivo que no se siente representado. Más bien, excluido del desarrollo. Ahí sí llega la Casa de Rescate Cristo Vive, de Pacheco, y sería natural que se le tribute algún respeto o agradecimiento por su labor. En específico en el tema de las adicciones.
La última y nos vamos
Si lo dejan participar (reitero las palabras utilizadas: si lo dejan, porque así funciona el sistema político) puede representar una sorpresa electoral y disputarle a Morena el segundo lugar en un escenario donde intervenga una correlación de factores, como un candidato popular de MC, y otro del Partido Verde. Al tiempo.
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