Me llamó la atención una publicación en las redes sociales sobre la forma en que ha impactado el feminismo alrededor de los hombres que nos rodean. Siendo una persona feminista o que se encuentra en la comprensión de los feminismos, cualquier mujer de cualquier edad va a entender que estar o ser feminista es un trabajo, porque estamos inmersas en un sistema que prácticamente se opone al feminismo, como lo es el patriarcado que se expresa en casi cualquier situación de nuestras vidas.
Entonces ser feminista es en sí, un estado de oposición permanente a un sistema patriarcal, que se busca erradicar. solo por una elemental cuestión de equidad e igualdad.
Pero eso me llevó a reflexionar sobre la feminista que soy y cómo reaccionan los hombres que se encuentran a mi alrededor o con quien tengo que tratar, que básicamente en la mayoría de los casos, si no son cursos o talleres con adolescentes, me llevo con personas adultas y mayores de edad casi todos.
1. Se cuidan mucho de lo que dicen frente a mi persona, a veces demasiado que incluso se ve acartonado o falso. Muchos emiten la opinión lentamente como si yo fuera a callarlos en cualquier momento, lo cual es indicio de que tampoco me conocen.
2. Nadie me presenta a su esposa o a su novia, y si sucede, la están viendo de reojo si es que hablo con ella.
3. Se muestran muchos señores como aliados, pero es notorio que a conveniencia, y a veces sí se ven hartos porque no entienden ciertas cosas que se esfuerzan por entender pero, por alguna razón, no les entra. Como la idea de que una mujer sea libre de gozar su sexualidad o que encuentre el placer para sí.
4. No me vuelven a hablar a algunos señores, sobre todo a quienes les he dicho que probablemente han incurrido en violencia de género y a quienes les indico sobre conductas inapropiadas que han tenido, como ser cariñosos con las mujeres de su oficina. Uno se enojó porque le dije que, lo que él hacía con su representada, era lenocinio… porque lo era.
5. Algunos se desaparecen cuando les recuerdo que tienen amigos violadores o violentadores sexuales. Lo cual es conveniente porque eso nos deja claro qué tipo de señores son nuestros amigos o no. Un hombre que tolera la violencia de otro… bandera roja.
6. Si son lectores de mi columna se sorprenden cuando se enteran de que soy feminista, pensaban que solo me gustaba la “vida alegre”, porque pues además soy sexóloga…
7. Tienen una actitud en la que “aceptan” gozosos la igualdad y que todas gocen su placer, pero algo les cala y siempre lo sacan: “es que eres muy liberal” (le encanta el sexo), “ay es que como eres de amplio criterio” (quiere sexo), “es que tú si ves las cosas desde otra perspectiva” (pide sexo a gritos). En el imaginario general, la mujer que gusta del sexo y el placer es una pecadora y es un concepto que desde hace centurias ha invisibilizado el placer femenino y todo su potencial.
8. Creen que cuando dicen que está bien que yo sea feminista y ellos un poco machistas, porque es una forma de estar en igualdad. Negarse a entender el feminismo, y a tomarlo como un opuesto al machismo, es una forma de involucionar.
Sin lugar a dudas mi “feminismo” y feminismos han afectado mis relaciones con casi todos los hombres y mis hombres. El feminismo es tolerado por la mayor parte de hombres que conozco, y si lo pudieran decir en voz alta, lo odian en el fondo.
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