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El Fixer

Por Peniley Ramírez

Hace 5 años

Miguel Ángel Vega manejaba entre las zanjas de un camino sin asfaltar. Llevábamos menos de una hora de viaje. Hablaba de lo hermoso del cielo, de lo ricos que son los tacos de camarón en Sinaloa. Si uno no supiera que íbamos en camino a un laboratorio clandestino de drogas sintéticas, parecería que la nuestra era una travesía hacia un pícnic. Yo iba a su lado pensando en su buen humor, sorprendida con su calma en esa situación estresante.

Esperamos ese momento durante casi medio año. Primero viajaríamos en el verano de 2019, pero una serie de operativos policiacos impidió que nos acercáramos a la zona donde se fabrica el fentanilo. Luego el viaje estaba planeado para octubre. La detención y liberación de Ovidio Guzmán, complicó las cosas.

Una vez en Culiacán, en enero de 2020, esperamos de nuevo durante días a que el contacto de Vega nos dijera que ya era seguro tomar el camino que lleva a una zona de ranchos de hierba seca donde se cultiva mariguana y amapola, donde se fabrican metanfetaminas y fentanilo.

En mi carrera como periodista, pocas cosas me han causado más ansiedad que la espera antes de entrar a una zona controlada por grupos mafiosos. Por eso fue distinto ese reportaje que hicimos con Vega. Era peligroso, sí, pero no sentíamos que estábamos completamente expuestos. Su confianza y su experiencia fueron claves en esta historia.

Vega es periodista, guionista y director de cine. Trabaja como reportero del icónico semanario investigativo, Ríodoce en Culiacán y se dedica profesionalmente al trabajo de fixer.

Un fixer es alguien que colabora con un equipo investigativo y les ayuda a entender el terreno, explica el contexto de lo que se está investigando y conecta a periodistas que no trabajan en la zona con fuentes locales. En una situación así, hace toda la diferencia viajar con un periodista que conoce el lugar, el léxico, los códigos para tratar a quienes fabrican y trasiegan la droga. En mis años en Univision Investiga, él ha sido el periodista que mejor ha conocido esos códigos en investigación de campo en México.

Con frecuencia, a quienes hemos hecho periodismo en televisión nos preguntan cómo pudimos llegar a un sitio controlado por las mafias, grabar allí, hacer entrevistas en cámara. Pocas veces eso se logra sin un fixer. Cuando se logra, es casi un suicidio para los reporteros que se aventuran por su cuenta a un terreno hostil. “Uno de los principales temores que tienen los criminales es que uno sea un agente encubierto de la DEA. Yo debo investigar a los que me contratan y asegurarme de que sí son periodistas”, me contó Vega.

Hablamos a propósito de su primer libro, El Fixer, que se publicó hace unas semanas. Las ocasiones que trabajamos juntos, Vega usaba los tiempos de espera y de traslados para escribir. Era como un diario de viajes, de dificultades superadas. Ahora, ese diario es un libro fascinante y divertido, que muestra como pocos, los matices y complejidades de la “guerra contra el narco” y cuestiona, desde un estilo personal y anecdótico, el trabajo de la prensa en la cobertura de esos matices.

Le pregunto cuáles han sido los ingredientes esenciales de su trabajo como fixer. “Lidiar con el miedo, mantener la calma. Entras con personas que son sumamente peligrosas. No sabes si lo está cazando un grupo rival o el Gobierno”, contesta.

Otra dificultad es que Vega no tiene control sobre el producto final. Si la persona que fue a hacer entrevistas al terreno escribe algo que había acordado con la fuente no escribir, o no respeta la confidencialidad de alguna persona, quien debe responder es Vega, porque es quien está allí, en contacto con los entrevistados.

Me quedo con esta reflexión suya sobre el costo personal de hacer periodismo sobre crimen en México: “Además de que quedo en peligro, yo pierdo una fuente. Son grupos muy sensibles que a la primera no perdonan. Por eso nunca le digo a compañeros, amigos, dónde estoy, nadie sabe dónde vivo. Soy como un fugitivo, pero un fugitivo por mi profesión de periodista”.

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